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Programación del Teatro alla Scala
La batuta de los directores españoles
Por Publicado el: 12/06/2014Categorías: En la prensa

Opiniones sobre Frühbeck de Burgos

Aquí les taremos una selección de opiniones sobre el maestro fallecido, recogidas de diversos medios.

 

Hasta su último aliento

Jesús López Cobos, Director de Orquesta

La Razón, 12/07/2014

Pertenecemos a la misma generación. El tenía 80 años y yo he cumplido 74, así que la diferencia entre ambos era simplemente de seis. No hubo, entre nosotros, por tanto, una relación de maestro a alumno, pero sí de profunda admiración. Compartimos, además, la dirección de una orquesta tan importante como la Nacional de España.

El paso de Frühbeck fue decisivo, no así el mío; sin embargo, recogí la orquesta que había moldeado durante dieciséis años. Él ha tenido la enorme suerte de poder dirigir hasta los últimos meses y ha hecho gala de una vitalidad que le ha llevado a recorrer los teatros más importantes del mundo. El momento en que comenzaba y trataba de abrirse un hueco -desaparecido ya prematuramente Ataúlfo Argenta, de quien tomó el testigo- fue un tiempo difícil en el que ser músico se convertía casi en una aventura loca, pues la imagen que se tenía de España fuera era más bien folclórica, de toros, charanga y pandereta. Y en esas condiciones él salió a dirigir y a llevar el nombre de España a todos los lugares donde se le requería; defendió el arte de nuestros país con orgullo, lo vendió, como se suele decir ahora, como nadie, ya que además fue un defensor de nuestro repertorio en un tiempo hoy lejano, pero que recordamos complicado, en el que debimos luchar hasta para poder tener partituras. Qué duda cabe que ayudó, y de qué manera, a cambiar esa foto que se tenía de nosotros, se convirtió en un pionero e hizo historia. A él le debemos el lugar donde estamos hoy. La suya era una perfecta unión de su formación alemana y de su temperamento mediterráneo. Amó la música hasta su último aliento y algunas de las obras que dirigió, dentro del repertorio español, han quedado como un referente, caso de «La vida breve de Falla». Como legado nos deja una idea clara: que no hay nada imposible para el ser humanos sise posee el talento, el coraje y el ímpetu, además de la capacidad de resistencia. Con esos mimbres se puede conseguir lo que se desee.

Yo le sustituiré en la inauguración el próximo día 20 del Festival de Música y Danza de Granada, que tenía que inaugurar. Y a él dedicaremos el concierto, puesto que era su orquesta y los músicos deben estar profundamente tristes. Vivo, pues, con mucha emoción este regreso a la ciudad después de tantos años. Estará presente y será nuestro homenaje.

 

El director que apenas ensayaba

Tomás MARCO, compositor

La Razón 12/06/2014

Le conocía desde hace muchísimos años. Nuestra relación comenzó a principios de los setenta, cuando me encargó la primera obra para la Orquesta Nacional de España, siendo él ya su titular. Era un magnífico director y el que más carrera internacional ha hecho de los nuestros, un histórico, absolutamente lleno de vitalidad que, de no haber sido por su triste enfermedad, habría podido dar aún unos años de gloria a la dirección orquestal. Tuve la fortuna de que el pasado mes de diciembre dirigió en el Auditorio Nacional de Música mi obra «Codex Calixtinus» (Camus Iacobi), escrita para celebrar su ochenta cumpleaños. Estuvo encima, interesándose por todo y salió perfectamente. Si tuviera que definir sus cualidades diría que era tremendamente exigente y poseía una técnica perfecta: sabía lo que quería y, lo que es más complicado, era capaz de transmitirlo perfectamente a las orquestas que dirigió, de ahí que necesitara ensayar muy poco. Su relación con los músicos antiguos de la Orquesta Nacional era excelente, siempre estuvo muy cerca de ellos y éstos le  arroparon, y con los nuevos, aunque los conociera menos, también era buena. Para ellos, los más veteranos, así como para los que han llegado a la formación después, ha sido y es un mito. Un mito y un espejo en el que podrán mirarse quienes le siguieron por edad, pues ha sido el primer gran director español, y aprender de su técnica, su sentido práctico, su internacionalidad y su profesionalidad.

 

 

Un músico extraordinario que deja el foso vacío

Hasta siempre, querido maestro

El mundo de la lírica lamenta la muerte del director burgalés

G. Pajares- Madrid

La Razón 12/06/2014

Apenas habían transcurrido unos días desde que se supo que Frühbeck de Burgos dejaba la dirección de orquesta para siempre. Su enfermedad le había lastrado, pero seguía  conservando ese brío que era su santo y seña y con el que había nacido. Ayer eran muchos los compañeros que le recordaban: sus comienzos, las anécdotas, los conciertos últimos, su fuerza. Teresa Berganza, con quien compartió tan buenos momentos, le llevará siempre cerca, a su lado: «Su vida era la música. A ella se dedicó hasta el último momento. Se le veía en los últimos tiempos un tanto frágil, pero en el momento en que empuñaba la batuta se transformaba», recordaba.

Un hombre con quien compartió edad, noches de gloria e imágenes tan divertidas como la que acompaña esta información, hace muy pocos meses, en septiembre, los dos abrazados, tan divertidos. Siempre será la Carmen de don Rafael.

Otra mezzo, María losé Montiel, a quien dirigió en la versión de concierto de «La tempranica», se unía al duelo a través de un sentido comunicado en el que expresaba su dolor y le definía como «un ejemplo de lucha y superación» y agradecía el haber podido trabajar a su lado.

Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real se refería al batuta como  «uno de los directores  más prolíficos, escrupulosos y brillantes. Ha dirigido todos los repertorios pero seguramente pasará a la historia como un defensor apasionado de Manuel de Falla». Desgraciadamente ya no podrá estar en el foso con «La vida breve», título que se podrá escuchar en la temporada 2014-2015. Para el compositor Cristóbal Halffter des-aparece una referencia, un miembro de su misma generación y que una vez le ganó la partida su rival laboral: « En el año 58, nos invitó la Orquesta de Bilbao a los dos a dirigir tres conciertos para elegir entre nosotros un director titular. La orquesta le eligió a él correctamente, porque yo tenía más interés en la composición», aseguró a Efe. El día también se nubló para Paloma O’Shea, presidenta de la Fundación Albéniz, quien aseguró que «lo único que me consuela es que su vida ha terminado como él quería, dirigiendo hasta casi el último momento. «Si no puedo dirigir, no quiero seguir viviendo», me dijo una vez. Había alcanzado un grado de madurez impresionante. En Estados Unidos acababan de nombrarle Director del Año», recordó.

 

 

Con mando en plaza

Arturo Reverter, crítico

La Razón 12/06/2014

Rafael Frühbeck nunca fue un maestro exquisito, de musicalidad reconocible, pero sí un experto modelador de estructuras sinfónicas, que levantaba con pericia y singular firmeza, aunque en la construcción de las líneas básicas pecara por defecto. Su mirada, dirigida a la totalidad del edificio, solía marginar valores no aparentes, sutilezas que también intervienen en los entresijos de la música y que van de la aplicación de una dinámica, de una gradación de intensidades bien aquilatada la exposición de un fraseo elegante, un legato adecuado o un colorido orquestal depurado.

No había partitura, por compleja y monumental que fuera, que se le resistiera. Su mando, su autoridad, su seguridad no conocían límites. Así pudimos escuchar durante años interpretaciones sólidas, ajustadas, precisas de obras clave de la historia de la música, como «La consagración de la primavera» de Stravinski o una excesivamente ampulosa «Pasión según San Mateo» de Bach. O la imponente «Sinfonía de Los Mil» de Mahler. O el oratorio de Berlioz, «La infancia de Cristo». La batuta del director burgalés fue muy diestra desde el principio: clara, precisa, autoritaria, manejada con gran desparpajo, de movimientos un tanto mecánicos, pero comunicativos.

Eran gestos que los instrumentistas entendían perfectamente, lo que les daban seguridad, algo que siempre es apreciado. Saber cuándo tienes que entrar, gracias a que la indicación del maestro es exacta métricamente, le facilita al músico la labor. Aunque en ocasiones, la preocupación por ese aspecto pueda ir en perjuicio de la expresión, que para Frühbeck era más bien secundaria. La continua agitación de los brazos, usualmente en alto, los vaivenes de la cabeza, que descomponían no poco la figura, no ayudaban a la concentración, máxime cuando el director no aplicaba una regulación de intensidades demasiado amplia y no era precisamente amigo de los pianos. Circulaba normalmente en la franja que va del «mezzoforte» al «forte» o «fortissimo». No se andaba con chiquitas.

Por supuesto que con el paso del tiempo estos modos fueron atemperándose y dulcificándose. En sus últimas actuaciones en Madrid, pudimos comprobar cómo, quizá como consecuencia de una debilitación general a causa de la enfermedad, el discurso general era más fluido, más terso, menos ariscado, más atemperado, los tempi, expuestos con mayor mesura, y el fraseo, más natural y convincente. Entre sus últimos logros estuvo la interpretación en versión de concierto de la zarzuela «La tempranica» de Jiménez. La mayor flexibilidad del gesto, el control de planos y el cuidado de la prestación coral ayudaron a que la interpretación levantara el vuelo.

 

 

Inmenso, fundamental, irrepetible

ALBERTO GONZALEZ LAPUENTE

ABC 12/06/2014

Es difícil resumir la labor artística desarrollada por Rafael Frühbeck de Burgos pues, en su globalidad, tiene algo de inmenso, mucho de fundamental y, en lo más característico, de irrepetible. La primera impresión desborda lo cuantificable. No hay en España y difícil será encontrar fuera, un director que haya recorrido tal cantidad de kilómetros, que haya dirigido con semejante propensión, que conozca tantas orquestas, acumule un tan copioso catálogo de grabaciones con varias de referencia, músicos colaboradores de primera línea y obras en repertorio. El récord, se mire por donde se mire, impone respeto, al tiempo que explica la personalidad de una carrera marcada por las hazañas artísticas.

Dos grandes tendencias definieron el repertorio fundamental de Frühbeck de Burgos: la música española y las grandes obras sinfónicas. La primera ha sido santo y seña, con Manuel de Falla en el centro y el añadido de alguna aportación propia como son las orquestaciones de la «Suite española» de Albéniz. Hoy está de moda y es fácil encontrar más de un esnobista dispuesto a defender, sin despeinarse, la interpretación del repertorio español. Pero hacer patria fue, desde siempre, un principio inquebrantable para Frühbeck de Burgos, al igual que para la gran mayoría de intérpretes de su generación y aledañas. Por citar a algunos otros indiscutibles, ahí está la pianista Alicia de Larrocha, cuya carrera se encontró tantas veces con la de Frühbeck; violonchelistas como Cassadó,  buen amigo; sin remedio los guitarristas, Segovia y otros, y entre los cantantes, todos, desde De los Ángeles y Berganza a cualquiera. Para Frühbeck fue una máxima aprendida que remató guiñando el ojo a la zarzuela a través de una relación de grabaciones imprescindibles que conviven al lado de «Atlántida», de «La vida breve» o de la más olvidada «Rapsodia sinfónica» de Turina, grabada con Larrocha, él lo contaba, durante diez minutos mágicos.

Del otro lado, está el sinfonismo romántico y posromántico centroeuropeo con Beethoven, Mendelssohn. Brahms, Wagner. Mahler y Strauss, con particular apego a obras de peso como «La consagración de la primavera». o varias inmersas en el género sinfónico coral, particularmente «La pasión según san Mateo» (una debilidad) o los «Carmina Burana». Y junto  a ello una significativa relación de composiciones modernas y estrenos, muchos españoles. «La técnica -decía- es la misma para dirigir a cuatro que a trescientos». Quizá sí, pero esta no es nada sin la aptitud para penetrar en la voluntad de todos aquellos que se sientan delante del director. Frühbeck poseyó ese don y con él la capacidad para enfrentarse a las más «grandes» partituras de la historia, a las que manejaba con una facilidad envidiable y un técnica y un sentido práctico tan depurados que no es de extrañar la admiración que todas las grandes orquestas le profesaron, particularmente las americanas siempre pegadas al reloj. «Parecer antipático facilita mucho las cosas», ironizó alguna vez.

Sin duda, con Frühbeck de Burgos se va alguien necesario, referencia imprescindible en la historia musical española de la interpretación. Un director enérgico, brillante, de gesto amplio,pronto e incuestionable, riguroso en la medida y firme en el pulso; capaz de versiones poderosas, armadas formalmente y amplias de sonoridad, atentas a lo genial cuando acompañaba la inspiración. Un artista capaz de vivir creyendo en el mañana, vital, trabajador incansable, un músico obsesionado por aprender todos los días aún siendo un sabio en su especialidad. El ejemplo paradigmático, y eso es algo incuestionable, de una inmensa, de una gigantesca vocación. Viéndole dirigir o escuchándole hablar todo estaba claro: no cabe pensar en su amor tan sincero a la música y tan decididamente aplicado

 

 

Muere Frühbeck de Burgos
Adiós, maestro, adiós
José Luis García del Busto
ABC 12/06/2014

Nos tenemos que hacer a la idea. A Rafael Frühbeck de Burgos le ha ocurrido lo único que podía obligarle a dejar de dirigir un concierto cada tres o cuatro días, como venía haciendo desde hace muchísimos años y hasta que, vencido por la enfermedad, arrojó la toalla anunciando su retirada. Se nos ha ido no solo uno de los grandes maestros del panorama concertístico internacional, sino alguien entrañablemente ligado en el recuerdo a muchos filarmónicos españoles, los mayores de los cuales llevábamos medio siglo siguiendo su carrera: muy de cerca al principio, a salto de mata en los últimos decenios, cuando Frühbeck ocupaba incesantemente podios de toda Europa, América, Asia…

Sucesor de Argenta
Nacido en Burgos el 13 de septiembre de 1933, formado en Bilbao como violinista, acudió a Múnich a estudiar dirección orquestal, su pasión. En 1958, con todos los premios de la Hochschule en su haber, debutó con la Sinfónica de Bilbao, que le nombró director titular. Lo fue hasta que, tras dirigir varios conciertos «de tanteo» a la Orquesta Nacional -huérfana de titular desde la muerte de Argenta-, fue nombrado para tal cargo en 1962. Durante dieciséis años. Rafael Frühbeck de Burgos fue director de la ONE, un período de excepcional auge para la Orquesta y para él mismo. Cubrió un repertorio inmenso, acompañó en sus conciertos a todos los solistas españoles relevantes del momento, así como a muchos del máximo prestigio internacional: Rubinstein, Arrau, Richter, Oistrakh, Milstein, Stern, Menuhin, Mutter, Fournier, Rostropovich, Obratsova, Cotrubas, Norman, Price, Van Dam. Estes…
Simultáneamente, el maestro burgalés inició su imparable carrera internacional: en los años sesenta debutó en París, Buenos Aires, Lucerna. Londres, Montreal, Filadelfia, Nueva York, Los Angeles, Cleveland… y sería nombrado Generalmusikdirektor en Düsseldorf (1966-71). Ya en los setenta, fue titular de la Sinfónica de Montreal (1975-76) e invitado a dirigir a las principales orquestas de Berlín, Viena, Boston. Washington, etc.
Cuando fue cesado como titular de la OCNE, Rafael Frühbeck emprendió un periplo viajero del que ya no iba a apearse. Dirigió en los Festivales de Lucerna, Salzburgo y Edimburgo. Nombrado Director Principal Invitado de la Sinfónica Nacional de Washington en 1980, lo fue también de la Yomiuri Nippon de Tokio desde 1983, manteniendo esta doble relación hasta 1990. A partir de entonces, sin dejar de hacer nunca el gran circuito estadounidense, Frühbeck se centró más en Europa, y fue director titular de la Wiener Symphoniker (1991-96) a la vez que de la Deutsche Oper Berlin (1992-97). Enseguida, tras varios conciertos triunfales, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín (RSO) le nombró titular en 1994, cargo que ejerció hasta 2000. También en 1994, Frühbeck comenzó una relación estable con la ópera de Zúrich. De la Orquesta de Berlín pasó en 2001a la titularidad de otra orquesta radiofónica europea, la Sinfónica Nacional de la RAI de Turín (2001-07) y. entre medias, se hizo cargo también de la Dresdner Philharmonie, conjunto alemán del que fue titular entre 2004 y 2011. La última vinculación del maestro Frühbeck como titular de una orquesta ha sido con la Sinfónica de la Radio Danesa, tarea que emprendió en 2012 y en la que ha seguido has-ta que le faltaron las fuerzas…
Después de unos años de lejanía tras la tensa ruptura de 1978, se produjo el natural reencuentro de Frühbeck de Burgos con la Orquesta y Coro Nacionales de España, entidad que le nombró Director Emérito en 1998. Así, el maestro regularizó sus visitas a Madrid al frente de los conjuntos con los que había madurado en el primer tramo de su imponente carrera. Y en diciembre de 2013 los dirigió por última vez. Se sobreentiende que los conciertos de Frühbeck entre nosotros no solo han sido con la Orquesta Nacional, pues nos ha visitado frecuentemente con gran-des orquestas extranjeras en gira por España y ha sido invitado por todas las orquestas españolas de relieve: su último concierto en Madrid fue al frente de la Orquesta de la RTVE en el pasa-do mes de febrero, con la que obtuvo un clamoroso éxito.

Más de medio siglo de carrera
A lo largo de cincuenta y cinco años de aplaudida trayectoria musical, Rafael Frühbeck de Burgos ha recibido innumerables distinciones dentro y fuera de España, entre ellas: Gran Cruz del Mérito Civil, Medallas de Oro al Mérito en el Trabajo y en las Bellas Artes, Doctor Honoris Causa por las Universidades de Navarra y de Burgos, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Medalla de Oro al Mérito de la República Austriaca, Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil de la República Federal de Alemania…
No podremos olvidar tantísimas horas de música vividas a través de la batuta autoritaria, ordenada, precisa, constructora y brillante de Rafael Frühbeck de Burgos, fogosa y acaso extravertida en exceso en los años de afianzamiento, más mesurada y musical después, recogida y honda en sus últimos años, admirable siempre.
La última vez que hablamos le recordé, de nuevo, que me debía algo: la «Segunda Sinfonía» de Schumann, obra que nunca dirigió y por cuyo Adagio siento especialísima debilidad. «Sí, ya, pero tendría que revisar la orquestación y hacerme mis propios materiales, como en su día hice con la Renana», me contestó una vez más. Le sugerí que bien podría tomarse un respiro para esa tarea… Yéndose, masculló: «Eso no sé hacerlo». Puro Frühbeck.

Un comentario

  1. Julio negrone 23/10/2019 a las 15:02 - Responder

    Gracias por la biografía del maestro, sin duda alguna uno de los más grandes, en particular su forma de interpretar las obras, sin temor a equivocarme,Un genio de la música. Me atrevo a pedirles, si les es posible, un favor. Hace un tiempo escuché y vi uno de los últimos conciertos con la sinfónica de Dinamarca,la obra de Richard Strauss “simponia alpina”si aguien pudiere darme información de como poder conseguir el dvd les agradecería mucho. Att julio Negrone dirección de correo “ titijulio2000@yahoo. Con . Nuevamente gracias desde uruguay??

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