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Por Publicado el: 03/12/2021Categorías: Recomendación

Recomendación: Pollini y Rhodes, el piano como terapia

SCHÖNBERG: Tres Piezas para piano op.11. Seis piezas op.19. NONO: …Sofferte Onde Serene… CHOPIN: Sonata para piano op.35. Berceuse. Polonesa op.53. Maurizio Pollini, piano. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica. Miércoles, 19.30. Entre 32 y 65 €.

BEETHOVEN: Sonatas para piano nºs 21 y 27. BRAHMS: Rapsodia en Sol menor. Intermezzo en Mi bemol mayor. James Rhodes, piano. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica.  Jueves, 19, 19.30. Entre 18 y 45 €.  

Pollini-Rhodes

Pollini y Rhodes

 EL PIANO COMO TERAPIA

Visitan el auditorio esta semana dos pianistas de muy distinta naturaleza. El primero, Maurizio Pollini,  es un monstruo sagrado, que por trayectoria (larga y fructífera) está ya en el ocaso de su carrera; y el segundo, el mediático James Rhodes, un artista de menor recorrido musical e intelectual, pero con una historia tras de sí que lo sitúa en una plataforma desde donde se pueden contemplar los efectos terapéuticos de la música –y del piano- sin necesidad de sentir culpabilidad alguna; se ha hecho muy famoso, y bien lo merece, no solo por esa carta de presentación, sino por un trabajo cuya constancia es merecedora del mejor de los premios. No hay, pues, conexión conceptual alguna entre los dos, pero su concatenación en el tiempo como protagonistas de sendos recitales con música de gran altura bien merece una llamada de atención.

En el caso de Pollini la pregunta es: a pesar del deterioro de su técnica y, en cierta medida y como consecuencia, sus resortes musicales, ¿merece la pena seguir apoyándole con nuestra presencia, o quizá mejor, con la del público que paga su entrada? La respuesta es claramente afirmativa. ¿O acaso no hubiéramos dado nuestra vida por poder presenciar cómo aquel señor sordo como una tapia dirigió su novena sinfonía?  Pollini es una figura mítica del piano y de la música. Y no importa que sus dedos vayan lentos o se muevan torpemente. Tiene mucho que decir sobre la música que va a interpretar y eso es mucho más importante, aleccionador y determinante  que las habilidades físicas con las que se cuente para hacerlo. Además, siempre fue un intérprete en el que la parte puramente intelectual de su música sobrepasa el mundo de la emoción directa, por lo que es profundamente observable. Tocará Schönberg, Nono y Chopin, o sea tres marcas de la casa desde tiempos remotos. Y un programa que si en su primer tramo puede desarrollarse como una lección magistral, luego puede llegar a desplegar jugosos juegos del pensamiento romántico.

Rhodes recorrerá un camino paralelo pero bien distinto. No estamos aquí ante la genialidad como elemento definitorio, sino ante la capacidad para conseguir el nivel deseado a base de tenacidad y sacrificio. Este hombre se ha hecho famoso por la veracidad del mensaje que transmite para superar las adversidades, y pueden estar seguros que tocar el piano como es debido las puede conllevar en grado sumo. No habrá paños calientes en el programa, un combinado entre Beethoven y Brahms, con dos auténticos mihuras del pianismo sonatístico del primero (la nº 27 y la Waldstein) y dos piezas del piano brahmsiano más revelador. Más belleza junta es improbable.

Dos maneras muy diferentes de aproximarse al piano. Y para gustos y sensibilidades diferentes. Pedro González Mira

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