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Por Publicado el: 26/02/2014Categorías: Crítica

Sigue el gafe de Carmen en Bilbao [Bizet: Carmen / Palacio Euskalduna de Bilbao]

Sigue el gafe de Carmen en Bilbao

Bizet: Carmen / Palacio Euskalduna de Bilbao / 24-2-2014

Carmen es una ópera auténticamente gafe para ABAO, al menos desde que la asociación bilbaína tiene su sede artística en el Palacio Euskalduna. Hay que retrotraerse hasta Febrero de 1998 para encontrar una buena representación de Carmen. Desde entonces las distintas programaciones de Carmen en el Palacio Euskalduna (2003, 2009 y 2014) han sido otros tantos fracasos artísticos. En ello han influido tanto las erróneas decisiones tomadas por ABAO como la mala suerte. Si alguien considera que estos comentarios son un ataque a los actuales responsables de la asociación bilbaína, les recordaré que la Carmen fallida artísticamente en 2003 fue en gran medida responsabilidad de quien esto escribe. Lo cierto es que la historia de los fracasos con Carmen continúa.

El resultado de la  representación que nos ocupa ha contado con una producción escénica discutible, pero siempre interesante, una deficiente lectura musical y un reparto vocal de teatro de segunda fila, en el que han influido tanto los errores de la organización como los imponderables en forma de cancelaciones.

Así pues, vuelve a Carmen a la programación de ABAO y lo hace de la mano de Calixto Bieito, cuyos trabajos suelen ir unidos a la polémica, el escándalo y la provocación. En esta ocasión hemos asistido a una producción escénica de Carmen moderna, bien narrada, magníficamente dirigida y con algunos toques  de provocación, a los que tan aficionado es Bieito.

Esta producción no es sino la que Calixto Bieito estrenara en el Festival de Perelada en 1999 y que luego viajó bastante por Europa. Posteriormente, se rehizo para las  representaciones del Liceu de Barcelona en el año 2010, siendo coproductores Palermo, Turín y Venecia. En una concepción minimalista traslada la acción a tiempos modernos – posiblemente años 70/80 del siglo pasado -, lo que resulta perfectamente adecuado, pues no hay que olvidar que el personaje de Carmen finalmente no es sino un mito y estos son intemporales. Como Elektra o Salomé, también Carmen puede adaptarse a cualquier época y, particularmente a la nuestra, ya que el enfrentamiento entre dos maneras de entender la vida – libre y sin ataduras en el caso de Carmen, y tradicional y machista en el de Don José – siguen teniendo una gran actualidad. Como digo, la producción escénica es minimalista con una escenografía (Alfons Flores) que ofrece un espacio vacío, rodeado de una especia de barrera circular. Los cambios de algunos pocos elementos escénicos crean la ambientación necesaria. Una cabina telefónica y un gran mástil en el Acto I, un Mercedes en el acto II (el menos conseguido), más Mercedes y un toro de Osborne en el tercero, y el escenario vacío para el último acto.  Evidentemente, las transiciones entre actos son rapidísimas. El vestuario de Mercé Paloma está bien hecho, con los coralistas y figurantes masculinos vistiendo uniformes de la Legión, las cigarreras con las batas de trabajo que se usaban entonces, y un vestuario colorista para el resto de las escenas. Buena la iluminación de Alberto Rodríguez, aunque curiosamente en Barcelona era Xavi Clot. Esta producción elimina casi todos los diálogos.


Donde esta producción destaca poderosamente es en la dirección escénica de Calixto Bieito, verdaderamente digna de un gran hombre de teatro. El trabajo que lleva adelante con coro y figurantes es sencillamente espectacular, de los que únicamente se pueden disfrutar con un gran director de escena. Particularmente notable es el supuesto desfile de cuadrillas en el acto IV, desfile que únicamente se adivina por los gestos del coro, que tiene una actuación escénica muy destacada. Bieito hace también una muy buena dirección de actores, incidiendo en la Carmen libre y sin ataduras, un Don José simple y violento, un torero chulo y repartiendo dinero, una Micaela más moderna que lo que estamos acostumbrados, y una pareja de compañeras de Carmen (Mercedes y Frasquita) más próximas a las prostitutas y ladronas que pinta Merimé que a las contrabandistas de los libretistas de Bizet. No faltan toques  gratuitos y provocadores, que son puntuales y perfectamente prescindibles. Me refiero a la felación que practica Mercedes a Morales o el legionario que se desnuda completamente durante el preludio del tercer acto para supuestamente torear a la luz de la luna, por no hablar de la paliza que propinan a Zúñiga con un final de muy mal gusto.


Provocaciones puntuales aparte, me parece una producción muy interesante con una dirección escénica de las que confirman a un regista como un artista excepcional. El problema es que Bieito ha ido derivando en estos años a la pura provocación y no deja de ser una pena, tras ver esta Carmen.

Más arriba me refería a errores que se han cometido con las sucesivas representaciones de Carmen en estos años en Bilbao. Un error importante ha sido encomendar la dirección musical al francés Jean-Yves Ossonce, que ya desde el preludio inicial nos ofreció una lectura corta de vida y plana como pocas, sencillamente aburrida. Los dos primeros actos dejaron mucho que desear. Las cosas parecieron mejorar en la segunda mitad de la ópera, pero creo que en ello influyó mucho el hecho de que la orquesta pasara a segundo plano ante el espectáculo escénico. Pocas veces me ha parecido tan pobre el sonido de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Esto no ha sido una sustitución y me resulta sorprendente la elección de este maestro, que es el titular de la Ópera de Tours, ciudad francesa de 135.000 habitantes. El Coro de Ópera de Bilbao ofreció una buena actuación, destacando su prestación escénica, más exigente para ellos que lo que están acostumbrados a hacer en tantas ocasiones. El Coro Infantil de la Sociedad Coral estaba formado exclusivamente por niñas, lo que no deja de ser curioso.

ABAO ha vuelto a tropezar en la misma piedra que en la última ocasión  en lo referente a la elección de la protagonista de la ópera. Me refiero a Sonia Ganassi, que ya canceló entonces y ha vuelto a hacerlo ahora. No pongo en duda los motivos para ello. Lo que me llama la atención es que ABAO haya vuelto a contar con esta artista, que tantos problemas ha creado a la organización en el pasado y que, si pudo ser Carmen en algún momento,  no lo es precisamente ahora. Ni se encuentra en su mejor momento ni su repertorio ha incluido a la gitana después de haber cancelado en Bilbao hace 5 años. Es éste un caso en el que se junta el error inicial  con el gafe. La sustituta no ha sido precisamente muy afortunada. Se trata de la italiana Giuseppina Piunti, cuyo mejor activo ha consistido en plegarse perfectamente a las exigencias escénicas de la producción. Vocalmente,  no tiene calidad, es insuficiente para la última parte de la ópera, queda corta en las notas graves y muy tirante en las agudas. En estas circunstancias habría sido mejor contar con Ana Ibarra, que cantaba el reparto llamado
de jóvenes.


Uno de los atractivos de estas representaciones sobre el papel era la presencia de Francesco Meli como Don José. Este tenor es una de las mejores voces italianas, además de ser un muy notable cantante. Podría haber sido un  muy apreciable Don José en los dos primeros actos, aunque me asaltan muchas más dudas sobre su adecuación vocal a los dos últimos actos de la ópera. Como los aficionados saben, canceló por enfermedad. Es verdad que el día 2 de Febrero hubo de retirarse en Ancona en el segundo acto de L’Elisir d’Amore debido a una traqueitis, pero no deja de sorprenderme que esto le llevara a cancelar en Bilbao, cuando había fechas para poder recuperarse. Si no me equivoco,  iba a ser su debut en el personaje de Don José y supongo que esto habrá influido en su decisión de cancelar. La sustitución recayó en Aquiles Machado, bien conocido por el aficionado de Bilbao, donde ha cantado en varias ocasiones en el pasado. Hoy el estado vocal del venezolano no es el de hace 10 años, pero sabe cantar y expresar y fue lo mejor de un reparto vocal francamente deficiente. El fraseo sigue siendo destacado, siendo su mayor problema los signos de fatiga que da en las notas altas, en las que pasa apuros. Daba la impresión de sentirse vocalmente  más fatigado que lo habitual en él.

Carlos Álvarez ha sido uno de los mejores barítonos de los últimos años, poseedor de una voz de gran belleza y amplitud y unas destacadass dotes escénicas. Todos conocemos los problemas de salud que han afectado a su instrumento y los aficionados hemos seguido con gran interés su evolución desde que volviera a los escenarios de ópera tras un largo silencio. Aunque está llevando últimamente su carrera con sumo cuidado, evitando los roles pesados que fueron su gran especialidad en años anteriores, hay que reconocer que vocalmente es una sombra  de  lo que fue. El timbre sigue intacto, pero la emisión ha cambiado a peor. La voz no corre como antes, sino que tiene dificultades para llegar con claridad a la sala. Me dio mucha pena escucharle en los couplets de Escamillo. ¡Ojalá se recupere y vuelva a ser el que fue!  Me temo que se va a quedar en un deseo.

Maite Alberola fue un error de reparto en la parte de Micaela. La soprano que no triunfa en este personaje tiene su futuro muy comprometido. La valenciana quedó muy lejos de convencer, no ya de triunfar, en Micalela. Hubo sonidos poco homogéneos, muchas notas tirantes y poca belleza vocal.

En los personajes secundarios lo mejor vino de las dos amigas de Carmen, es decir Frasquita y Mercedes. La primera de ellas fue interpretada por la donostiarra Elena Sancho Pereg, que ofreció una voz muy atractiva, muy bien timbrada y buenas dotes escénicas. Puede hacer carrera. Itxaro Mentxaka es una auténtica experta en el personaje de Mercedes y lo volvió a demostrar. Además la he encontrado en mejor forma vocal que hace no más de un año.

Los otros dos contrabandistas eran Vincenç Esteve, que hizo un buen Remendado, y Damián del Castillo, más flojo como Dancairo.

Difícil de explicar la presencia de Federico Sacchi (Zúñiga) y Giovanni Guagliardo (Morales) en esta producción. Para traer algo del extranjero, al menos que tenga calidad.

El Euskaduna ofreció una entrada de alrededor del 85 % del aforo. El público se mostró bastante tibio durante la representación. A escena abierta los mayores aplausos fueron para la Romanza de la Flor  y no pasaron de 13 segundos. Al final, la recepción fue cálida y sin mayor entusiasmo. Algún bravo aislado se escuchaba, pero casi inapreciables. Los aplausos más cálidos fueron para Aquiles Machado y Giuseppina Piunti.

La representación comenzó puntualmente  y tuvo una duración de 3 horas exactas, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 31 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 196 euros. En los pisos superiores los precios oscilaban entre 166 y 105 euros. La entrada “más barata” costaba 82 euros. ¿Hace falta decir que la relación precio-calidad fue muy deficiente? José M. Irurzun

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