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Por Publicado el: 01/01/2023Categorías: Colaboraciones

José Manuel Zapata: “Creo que hago mucho más bien ahora con estos espectáculos que cuando solo cantaba Rossini”

El tenor estará al frente de la Gala Lírica del 5 de enero en el Teatro Monumental de Madrid con la Orquesta y Coro de RTVE, un espectáculo concebido por él, Paco Mir y Juan Francisco Padilla en el que la risa es el motor y que será retransmitido en directo por la 2 de RTVE

Jose-Manuel-Zapata

José Manuel Zapata

Se cantó un dúo con Flórez (Rodrigo era el tenor peruano, y el granadino se convirtió en Iago) del Otelo, o sea, el moro de Venecia, de Rossini que te deja con la boca de par en par. Fue en el Festival de Pésaro hace la tira. Si no lo han escuchado lo tienen a golpe de Youtube. Corría 2007 y gastaba otras hechuras, y quince años después José Manuel Zapata juega ya en otra liga. La liga que él ha elegido. Y canta feliz, porque el instrumento no se puede aparcar, vive con uno. Del Metropolitan, Viena, El Real, Liceu… ha pasado a enormes auditorios donde hace lo que más satisfacción le produce: hablar de música con h de humor. “Showman y tenor”, dice en la página de RTVE a modo de presentación. Lo uno no quitará jamás lo otro. Ahora anda con los ensayos de la Gala de Reyes en el Teatro Monumental de Madrid con la Orquesta y Coro de RTVE, un estreno el 5 de enero que le tiene afinando el guion. Cuenta con Paco Mir y Juan Francisco Pradilla en las tareas de escena y musical, respectivamente. Teniendo a un tercio de Tricicle en escena (ojo, que no aparece, pero estar, está), imagínense que todo puede pasar.

Macarena al estilo Mozart

Zapata vive en Illescas (Toledo) desde hace unos años. Tiene un perro enorme que pesa 40 kilos y una gata. Sonríe más que nunca, aunque nos hablemos por teléfono, yo lo sé, se le nota. Sigue fiel a su Rossini del alma y a los grandes maestros de la ópera. De ahí que se escuchen en el programa las oberturas de La gazza ladra y de Guillermo Tell, así como piezas de Johann Strauss hijo, como la polka Trish Trasch, la Marcha Radetzky y el vals de El murciélago; arias verdianas como La donna e mobile de Rigoletto, o la marcha triunfal de Aida; obras de los compositores románticos Schumann (Ich Grolle Nicht) y Brahms (Guten Nacht); el Aire de la Suite número 3 de Bach o un fragmento de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Sí, O sole mio de Di Capua, también saldrá de su garganta, y piezas del mundo del pop, como Highway to Hell de AC/DC e incluso una versión de la Macarena al estilo de Mozart, adaptada por Juan Francisco Padilla, que tiene que ser canela fina.

“Yo no me quejo de ná”, suelta a las primeras de la charla. “No he sido más feliz en mi vida”, añade sobre quien está degustando sorbo a sorbo una “segunda vida”, como ha bautizado la etapa en la que vive. “La idea de montar esta gala viene de aquel Concierto para Zapata y Orquesta que tan bien nos fue hace cuatro años. Yo creo que marca un antes y un después para los músicos, que lo disfrutan como niños y que al tiempo lo interpretan de manera muy seria, porque el humor es una cosa muy seria. Funciona estupendamente para ellos, es como un desengrasante”, cuenta. Ahora le han dado una vuelta con la participación del coro (que dirige Marco Antonio García de Paz). “Leyendo el guion me parto de la risa. Es Paco Mir…, que más se puede decir”.

Romper clichés y autocensurarse

Cada coma está medida y aparece en el guion, que luego el público cree que todo surge por arte de magia. No, nada de eso. Son horas de trabajo: “Y yo, estoy en modo Juan Palomo, que me lo guiso y me lo meriendo, como tenor, maestro de ceremonias y director que no sabe dirigir. Sin la orquesta y el coro no habría espectáculo, son vitales. Sería impensable que lo hiciera yo solo”, asegura. Padilla, Mir y Zapata, los tres en uno, como la Santísima Trinidad. Y Zapata lo da todo en el escenario: “Exige mucho de mí a nivel físico, por lo que tengo que estar en forma, pues voy, vengo, subo, bajo. El público está muy vivo y pendiente de todo lo que pasa. Se trata de romper los clichés de este mundo de la lírica”, dice, “darle una pátina de humor, que tiene cabida en todos los estamentos de la vida y que funciona de maravilla”.

Incluso en estos tiempos tan políticamente correctos y, en ocasiones, absurdamente revisionistas: “Te diré que hace cinco años hacíamos gags que hoy no podemos incluir. Fíjate si ha cambiado la cosa. Tienes que pensarlo todo una barbaridad. Existen cortapisas en la creatividad, eso está claro y acabamos por autocensurarnos, que es algo que hoy, por desgracia, les pasa a todos los artistas. Tenemos mucho cuidado con lo que decimos y el humor está muerto si no conseguimos ser libres. Por ejemplo, los ataques más increíbles de risa yo los he vivido en funerales. Tal cual”. Ese afán por criticar salvajemente, por tirar a matar le hizo abandonar Twitter: “Me lo he quitado por salud mental y vivo mucho mejor y más tranquilo. Facebook no lo trabajo”, señala, así que le queda Instagram, esa hoguera de las vanidades llena de luz y de color.

Traviata transgénero

Hace cinco años se encontró con el verdadero José Manuel. Le preguntó qué quería hacer, y su yo, el del espejo, le respondió mirándole a los ojos: “Nunca me sentí que pertenecía a ese mundo de la ópera, ni cuando estaba allí arriba. Así que busqué un plan B y lo encontré. Me di cuenta de que era bueno comunicando y fui a por ello. Y ahora, en esta nueva etapa, hago mucho más bien que cuando solamente cantaba Rossini. Creo que puedo hacer un buen trabajo. Conecto con el barrio y eso me gusta, contárselo a la gente para que lo entienda y se acerque. Tenemos un gran qué y hemos de ser capaces de hallar un buen cómo”, subraya. Y habla de la crisis del Metropolitan, histórica, que ha llevado al patio de butacas en Diálogo de carmelitas apenas a un 20 por ciento de espectadores “y que está teniendo en general un 60 por ciento de ocupación, la más baja de su historia. Su gerente, Peter Gelb, ha dicho que no hay que tener prejuicios a la hora de buscar ese cómo. Y ahí estoy con él”.

Comentamos que Con faldas y a lo loco, para estrenarse en Broadway, ha sido “revisada” y ahora incluye cuotas como una banda de feministas radicales o un personaje mexicano. ¿Qué diría Billy Wilder? En Cremona se ha puesto en escena una Traviata transgénero con una Violetta Valery que busca su identidad sexual. ¿Qué dice a esto José Manuel Zapata? “Me deja la cosa ‘’to loco’’. Si no queremos hacer obras del pasado porque no nos gusta lo que cuentan o porque hay una parte a quienes les desagrada, borrémoslas, no las hagamos nunca más, pero no cambiemos lo que sus autores escribieron. Me parece una falta de respeto tremenda en el cine y en la ópera. Si queremos revisar y reponer, tenemos que ser conscientes de que Carmen no puede matar a don José porque ni Merimé ni Bizet lo concibieron así. Quememos las óperas en una pira y escribamos otras nuevas. No pasa nada. Todas las artes se renuevan. Hagámoslo, pero siempre conectando con la sociedad, que es algo que olvidamos mucho. Con la gente joven. Y darle lo que Puccini y Verdi hicieron en su día, que es querer gustar, que no está mal. No es nada mediocre”.

El regalo de Reyes

¿Echa de menos el tenor el escenario? “Me quito el gusanillo de vez en cuando, pero al Real, ni al Liceu, ni con un palo me acerco. Al principio sufrí de síndrome de abstinencia, porque eres el tenor, el grande, el que tiene un camerino con piano, pero ya no lo echo de menos. Cada uno ha de buscar su sueño”, concluye. Dice que ha sido “buen niño” y a sus Majestades de Oriente les pide solamente una cosa: “Que me traigan un teatro a reventar y que la gente se vaya feliz a casa, que lo vean en directo por La 2 de TVE. Que nos den una oportunidad que yo les garantizo que no se van a arrepentir”. Gema Pajares

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