Obituario de Max Bragado Darman, caballerosidad y carácter dentro y fuera de la batuta
Obituario
Muere Max Bragado Darman, caballerosidad y carácter dentro y fuera de la batuta

Max Bragado Darman
Max Bragado Darman, una de las batutas españolas más internacionales, siempre entre Estados Unidos, España y el resto del mundo, ha fallecido el pasado sábado, 6 de junio, con 80 años, en la localidad alicantina de Altea, donde decidió pasar plácidamente los últimos años de su vida, al abrigo del Mediterráneo y la calma levantina. En su larga y fecunda carrera, con presencia permanente en las mejores orquestas españolas y en Estados Unidos, centró su actividad entre las largas titularidades que desempeñó tanto en la Sinfónica de Monterey, en California (entre 2004 y 2020), como en la Orquesta de Louisville (Kentucky), y en la Sinfónica de Castilla León, de la que desde 1991 y hasta 2000 fue su primer titular y hoy es una de las formaciones punteras españolas.
Precisamente, la formación castellano-leonesa emitió ayer un sentido comunicado en el que informaba de la muerte de quien le dio forma, cuerpo y personalidad. “La Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León y la Orquesta Sinfónica de Castilla y León lamentan profundamente el fallecimiento del maestro Max Bragado Darman, figura esencial en la creación y consolidación de nuestra orquesta y referente indiscutible de la música sinfónica en España. Su talento, su magisterio y su compromiso con la cultura dejaron una huella imborrable en varias generaciones de músicos y en la historia de la OSCyL, de la que fue su primer director titular desde sus inicios”.
Max Bragado Darman, al que hace un año se le diagnóstico un cáncer de hígado, era persona extremadamente caballerosa y amable. De modos y maneras exquisitas, cualidades que, junto con su talento en el podio, fueron capitales en su larga carrera estadounidense, donde, tras los años iniciales en Madrid, su ciudad natal, se había formado con máximas distinciones en Ohio y Michigan. Allí encontró a Mary Young, quien sería compañera de vida hasta el final. Esa manera de ser, entrañable y cordial, se retroalimentaba con la personalidad risueña y extravertida de ella. Era difícil imaginar a Max sin Mary. Y viceversa. Uña y carne.
Maestro versátil y de carácter, igual dirigía y grababa el estreno contemporáneo de la ópera Maria del Carmen de Granados en el Festival de Wexford, en Irlanda (en octubre de 2003, “con pulso, equilibrio y exquisito gusto”, escribimos entonces), que se adentraba con resplandecientes tintes dramáticos en la Quinta de Shostakóvich en el Maestranza de Sevilla (diciembre 2004), o acompañaba con efectiva solvencia la Rapsodia sobre un tema de Paganani a Achúcarro o el Concierto para dos pianos y orquesta de Castillo a Ana Guijarro y Sebastián Mariné.
Tampoco hizo ascos a la enseñanza, que cultivó desde los inicios de su carrera profesional. Músico riguroso y comprometido, transmitió sus convicciones y maneras en el podio con decidida vocación pedagógica. Enseñó y fue director en el Cleveland Institute of Music, donde trabajó con jóvenes talentos y dirigió tanto repertorio sinfónico como producciones operísticas. Esta vocación también fue decisiva en su largo quehacer como fundador de la OSCyL, donde en sus nueve años de titularidad contribuyó a forjar la que pronto se integraría en el pelotón de cabeza de las orquestas españolas. Bajo su liderazgo, la orquesta forjó una identidad propia y sentó las bases de un proyecto que con el tiempo se convertiría en una de las referencias sinfónicas de España.
Su labor en el nacimiento de la OSCyL queda idealmente glosada en las palabras de Fernando Arminio, fagot y contrafagot de la formación vallisoletana: “Hoy”, escribe el músico en su perfil de Facebook, “ha fallecido Max Bragado, el primer director y fundador de nuestra Orquesta”.
Él fue el que nos eligió a muchos de nosotros, gente joven y con muchas ganas de hacer música al máximo nivel, y esa apuesta fue el germen del éxito y calidad de nuestra orquesta. Durante su periodo entre 1991 y el año 2000, siempre buscó la excelencia y conformó un grupo homogéneo de músicos de diferentes países para ofrecer la máxima calidad musical a nuestra región”.
Como otros grandes intérpretes españoles y compañeros suyos de generación, Bragado Darman fue un abanderado cosmopolita de la gran música española. Desde su residencia estadounidense promovió en su “segundo país” la obra de nuestros mejores compositores y a muchos artistas, como al pianista sevillano Juan Floristan, al que invitó a debutar en Estados Unidos, en abril 2018, con el Segundo concierto para piano de Brahms, junto con la Sinfónica de Monterey y él mismo en el podio. Con su muerte, la música y los músicos españoles pierden a uno de sus más decididos y entrañables baluartes. Justo Romero




















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