103º Festival de Ópera de la Arena de Verona
103º Festival de Ópera de la Arena de Verona
Hay recintos que son el escenario y hay recintos que son el espectáculo. La Arena de Verona pertenece a la segunda categoría. El anfiteatro romano construido en el siglo I d.C., con capacidad para quince mil espectadores, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los edificios de entretenimiento mejor conservados de la Antigüedad. Cuando el sol se pone sobre sus gradas de piedra rosada y las primeras luces del escenario comienzan a recortar las siluetas de los cantantes, ocurre algo difícil de explicar a quien no lo ha vivido: la ópera deja de ser un arte de élite para convertirse en un fenómeno de masas con toda la dignidad intacta.

Aida en el Festival de Verona
Los primeros conciertos en la Arena datan de 1856, pero el festival como tal nació en 1913 con una memorable producción de Aida de Verdi organizada para conmemorar el centenario del nacimiento del compositor. Desde entonces, aunque tuvo el parón de las dos guerras mundiales, el certamen ha crecido hasta convertirse en la cita operística al aire libre más importante del planeta.
La figura que más ha marcado su historia es la del director Tullio Serafin, que moldeó su identidad artística en las primeras décadas; después vinieron Antonio Guarnieri, Carlo Maria Giulini y una larga nómina de directores que han encontrado en la Arena un laboratorio incomparable para la grand opéra italiana. También son de recordar los inicios de la carrera de María Callas. El legado visual del festival está ligado irrenunciablemente a Franco Zeffirelli, cuyas producciones —la Aida de los elefantes, la Turandot de los dragones, la Traviata de los espejos— definieron durante décadas la estética del espectáculo veronés y siguen reposándose con regularidad.
La 103ª edición se extiende del 12 de junio al 12 de septiembre de 2026 con más de cincuenta veladas. La Traviata abre el festival en nueva producción, la ópera más representada del mundo estrenándose en este escenario por primera vez con un montaje propio de la Arena. A continuación, llega la Aida, y aquí la temporada ofrece una dualidad significativa: Stefano Poda firma una producción nueva de concepto minimalista, con transparencias y juegos de luz, bautizada como la Aida de cristal; y la producción monumental de Zeffirelli regresa con siete funciones. Dos lecturas opuestas de la misma partitura, a disposición del público para elegir.
Nabucco llega también con producción de Stefano Poda, de carácter poético y visionario. La Bohème regresa dirigida escénicamente por Alfonso Signorini. Y el festival no podía olvidar el centenario de Turandot, que se conmemorará con la producción de cuento de hadas que diseñó Zeffirelli.
El reparto de la temporada reúne, como habitualmente, los nombres más importantes: Anna Netrebko, Lisette Oropesa, Anna Pirozzi, Eleonora Buratto, Rosa Feola, Amartuvshin Enkhbat, Luca Salsi, Ludovic Tézier, etc. Junto a las óperas, la Arena acoge espectáculos inmersivos con la orquesta del teatro como protagonista: Paganini Paradise y Viva Vivaldi, este último una revisitación de Las cuatro estaciones con tecnología 3D en directo para conmemorar los trescientos años de su publicación.
Si hay que señalar tres citas imprescindibles, la primera es la nueva Aida de Poda: ver cómo un concepto radicalmente contemporáneo ocupa el mismo escenario donde Zeffirelli definió el espectáculo operístico durante medio siglo es en sí mismo un argumento. La segunda, cualquiera de las funciones de Turandot en el año del centenario: Puccini no terminó la ópera, Alfano la completó, y a pesar de eso el final de Calaf sigue siendo uno de los momentos más arrebatadores del repertorio. La tercera, Lisette Oropesa en La Traviata: la soprano norteamericana es hoy la Violetta de referencia en los grandes teatros del mundo, y escucharla en quince mil butacas bajo el cielo de Verona es una de esas experiencias inolvidables.





















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