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Por Publicado el: 12/08/2026Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El Festival de Lucerna 2026: American Dreams

El Festival de Lucerna 2026: American Dreams

Hay festivales que se celebran en ciudades y festivales que se celebran en paisajes. Lucerna pertenece a la segunda categoría con una contundencia que ningún otro certamen del mundo puede igualar. El KKL —el Kultur- und Kongresszentrum diseñado por Jean Nouvel e inaugurado en 1998— se construyó literalmente sobre el lago, de modo que la sala de conciertos principal tiene el Vierwaldstättersee como telón de fondo permanente. Cuando los Alpes se reflejan en el agua y el sol entra por los ventanales del edificio, pasa algo mágico que no se puede repetir en un teatro normal: la música y el paisaje se vuelven una sola cosa.

El Festival de Lucerna 2026: American DreamsHay festivales que se celebran en ciudades y festivales que se celebran en paisajes. Lucerna pertenece a la segunda categoría con una contundencia que ningún otro certamen del mundo puede igualar. El KKL —el Kultur- und Kongresszentrum diseñado por Jean Nouvel e inaugurado en 1998— se construyó literalmente sobre el lago, de modo que la sala de conciertos principal tiene el Vierwaldstättersee como telón de fondo permanente. Cuando los Alpes se reflejan en el agua y el sol de agosto cruza los ventanales del edificio, ocurre algo difícil de reproducir en cualquier sala convencional: el sonido y el paisaje se funden en una sola y única experiencia.

KKL de Lucerna Copyright: LUCERNE FESTIVAL / Priska Ketterer

El festival nació en 1938 de una iniciativa de Arturo Toscanini y la pianista Elsa Kurzbauer, en plena amenaza de guerra. Toscanini, que había abandonado Salzburgo en protesta por el nazismo, eligió Lucerna para reconstruir lo que el totalitarismo destrozaba: la idea de que la música clásica pertenece a todos los pueblos y no puede ser patrimonio de ningún régimen. El primer concierto, con la Orquesta Filarmónica de Viena, tuvo lugar en la villa Tribschen, donde Wagner había vivido durante seis años y donde Cosima le había regalado el Idilio de Sigfrido una mañana de Navidad. La elección del lugar era un claro manifiesto.

Durante décadas el festival se consolidó como la cita sinfónica de agosto por antonomasia, con la particularidad de reunir a las mejores orquestas del mundo en una sola ciudad durante cinco semanas. En 2003, Claudio Abbado fundó la Lucerne Festival Orchestra,  formada por solistas de las mejores orquestas europeas que ensaya durante semanas y ofrece un puñado de conciertos al año exclusivamente en Lucerna.

Fue una revolución: un conjunto que no existía fuera del festival y que durante los años de Abbado produjo algunas de las veladas más extraordinarias de la historia reciente de la música sinfónica. Desde 2016, Riccardo Chailly ha continuado esa tradición con su propia autoridad. La edición de 2026 es la primera bajo el liderazgo del nuevo director artístico y ejecutivo Sebastian Nordmann, que releva a Michael Haefliger tras veinticinco años al frente del certamen.

La edición de 2026 se celebra del 13 de agosto al 13 de septiembre bajo el lema American Dreams, exploración de las formas en que el sueño musical se manifiesta en Estados Unidos, desde John Adams hasta Frank Zappa. El tema no es inocente y, para ahuyentar la polémica, Nordmann ha salido al paso de las interpretaciones políticas subrayando que American Dreams representa los sueños individuales y los estilos diversos de la historia musical americana, no un comentario sobre la política cotidiana del país. Ya ven que, en tiempos revueltos, hasta las notas al programa requieren su propia diplomacia.

El Festival de Lucerna afronta una nueva edición en 2026

El Concierto inaugural, el 14 de agosto, corresponde a la Lucerne Festival Orchestra bajo Riccardo Chailly con un programa de Gershwin e Ives. Chailly, que ha renovado su contrato como director musical hasta 2028, abre la edición con dos compositores que representan las dos Américas musicales del siglo XX: la popular que aspira a lo culto y la culta que nunca olvidó sus raíces rurales.

El ciclo de orquestas invitadas reúne a la Filarmónica de Berlín bajo Kirill Petrenko, la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam en su debut bajo Santtu-Matias Rouvali, la Filarmónica de Viena con Tugan Sokhiev, la Budapest Festival Orchestra con Iván Fischer, la Mahler Chamber Orchestra con Yuja Wang, la Filarmónica de Múnich con Lahav Shani y la Orquesta de la Freiburger Barockorchester con Simon Rattle. El Metropolitan Opera Orchestra regresa bajo Yannick Nézet-Séguin, y la Pittsburgh Symphony Orchestra con Manfred Honeck visitarán Lucerna durante su gira europea. Veinte orquestas sinfónicas en cinco semanas: ningún otro festival del mundo ofrece esa concentración.

El capítulo de solistas es igualmente impresionante. El violinista Augustin Hadelich es el centro de la edición, con cuatro apariciones distintas. Anne-Sophie Mutter celebra el cincuenta aniversario de su primera aparición en Lucerna —y su quincuagésima actuación en el festival— con un programa especial junto a la Lucerne Festival Orchestra. Yuja Wang, Cecilia Bartoli, Martha Argerich y Yo-Yo Ma completan el espléndido cartel de solistas . 

El cierre operístico corresponde al Porgy and Bess de Gershwin en versión de concierto, y el proyecto The Wagner Cycles ofrece una lectura del compositor alemán en clave americana. La Lucerne Festival Academy, bajo la nueva dirección artística de Jörg Widmann, presenta el Tutuguri de Wolfgang Rihm y estrenos mundiales de Liza Lim y Jalalu-Kalvert Nelson, además de un recorrido por la música contemporánea americana de Adams a Zappa.

El KKL sobre el lago sigue siendo la sala de conciertos más bella de Europa. Merece la pena ir para comprobarlo.

Gonzalo Alonso

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