Plan de suscripciones

Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Post
Efemérides: El rebelde de Marino. Cien años de Hans Werner Henze
Por Publicado el: 03/07/2026Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Rocío Jurado y la mezzo que pudo ser

Rocío Jurado y la mezzo que pudo ser

Rocío Jurado y el fantasma de la mezzo que pudo ser

Rocío Jurado

Hubo una noche, en Madrid, en que alguien -no diré quién, por pudor ajeno, no propio- me preguntó si Rocío Jurado había sido una cantante “seria”. La pregunta me incomodó por su ingenuidad y, a la vez, por su pertinencia. Yo había crecido escuchándola en la radio del coche de mi padre y nunca me había detenido a pensar que aquella voz, en la España del franquismo tardío y la transición, escondía un instrumento de una solidez vocal que muchas mezzosopranos líricas hubieran firmado sin pestañear. Tampoco yo estaba para pensar en mezzosopranos o barítonos.

Porque ahí está el dato incómodo para los puristas: Rocío Jurado tenía una extensión, un cuerpo y un metal que la emparentaban, técnicamente, con el registro de mezzosoprano más que con cualquier categoría de la canción ligera española. No cantaba sólo con la garganta, cantaba con el diafragma y con algo más antiguo, que en el mundo de la lírica llamamos appoggiatura, si no sonara pedante decirlo así de una de Chipiona.

rocio jurado Teatro Real 1998

Rocío Jurado en el Teatro Real ,1998

Lo hubiera sabido Manuel de Falla -las fechas no cuadran, pero la lógica musical si- porque El amor brujo y El sombrero de tres picos piden una voz que sepa ser folclore y clásica a la vez, que cante la “Canción del fuego fatuo” sin caer en el sainete ni en la asepsia del conservatorio. Jurado abordó este repertorio en algunos momentos de su carrera, y lo hizo, para quienes la escuchamos en directo y por las grabaciones que circulan, con una autoridad que muchas intérpretes clasificadas como clásicas jamás tuvieron. Y no por falta de técnica de éstas, sino por exceso de respeto.

Jurado no le tenía respeto a Falla; le tenía comprensión, que es mucho más raro y mucho más valioso. Ahí está para demostrarlo su grabación con Jesús López Cobos y la OCNE.

Recuerdo una conversación con un viejo barítono retirado, allá por los noventa, que despachaba con desdén a “las cantantes folclóricas de la tele”. Le puse una grabación de Rocío Jurado cantando una copla con ese vibrato amplio, con esa voz potente que no necesitaba micrófonos, y el hombre, tras un silencio que se me hizo largo, masculló: “Esto es una Carmen que se torció en el camino”. No había nada más que decir.

La indignación, aquí, no es contra Jurado, sino contra el sistema de castas culturales que en este país separó con tanta saña la copla del bel canto, como si ambas no bebieran del mismo manantial dramático, de la misma necesidad de que la voz cuente algo más que notas. La Jurado nunca pisó un teatro de ópera para cantar ópera, pero su instrumento, con ese centro robusto y esos graves de pecho que más de una soprano no podría sostener sin desgarrarse, pertenecía, por naturaleza, al linaje de las grandes voces dramáticas españolas que el siglo XX desperdició en escenarios de variedades por razones que tienen más que ver con la clase social que con el mérito artístico.

Quizá la pregunta de aquella noche madrileña no era tan ingenua después de todo. Quizá, durante años, el ingenuo fui yo, por no haberme hecho antes la pregunta correcta: no si Rocío Jurado pudo haber sido cantante seria, sino por qué tuvimos que esperar tanto para tomarnos en serio lo que ella siempre supo que era.

Gonzalo Alonso

PDT: Rocío Jurado falleció hace 20 años, el 1 de junio, del mismo tipo de cáncer que padecen y han padecido muchos, Borja Semper y yo incluidos, pero ella no tuvo la suerte que ambos, de momento, tenemos.

Deja un comentario

banner-calendario-conciertos

calendario operístico