Mattia Olivieri: «Eugenio Onegin no es una historia de amor, sino una historia sobre el tiempo perdido»
El barítono Mattia Olivieri volvió a ser Eugenio Onegin este verano en la Santa Fe Opera tras su debut en el rol en Les Arts de València. La producción, que llega a su fin hoy, 19 de agosto, es la antesala de la vuelta del italiano al escenario neoyorquino del Met, donde abordará Silent Night, de Kevin Puts.

El barítono Mattia Olivieri: “A veces las mariposas cruzan el escenario o los pájaros sobrevuelan mientras estás cantando. Todo resulta increíblemente auténtico porque no es algo que puedas vivir todos los días”
El barítono italiano Mattia Olivieri ha afrontado este verano uno de los personajes más complejos del repertorio ruso: Eugenio Onegin. Tras su debut en el papel en el Palau de les Arts de Valencia, vuelve a interpretarlo en la Santa Fe Opera, un teatro cuya singularidad —abierto al paisaje del desierto de Nuevo México— ha supuesto una experiencia tan artística como emocional. En conversación con OperaWire, el cantante reflexiona sobre la psicología del protagonista de Chaikovski, los retos de cantar en ruso, su regreso al Metropolitan Opera y su interés por ampliar constantemente su repertorio.
Uno de los primeros aspectos que destaca Olivieri es el propio escenario de Santa Fe. Pese a tratarse de un teatro al aire libre, asegura que la acústica le sorprendió desde el primer momento. “La estructura realmente permite cantar de todo, desde los pasajes más delicados hasta los más potentes. Existe un equilibrio excelente entre los cantantes, el escenario y el foso. Es un escenario mágico porque, cuando se pone el sol en Santa Fe, sucede algo absolutamente extraordinario“.
A esa calidad acústica se suma un entorno que convierte cada representación en una experiencia irrepetible. “A veces las mariposas cruzan el escenario o los pájaros sobrevuelan mientras estás cantando. Todo resulta increíblemente auténtico porque no es algo que puedas vivir todos los días“, explica, comparando el teatro estadounidense con otros grandes espacios al aire libre como la Arena de Verona o el Sferisterio de Macerata.
Pero el centro de la conversación gira inevitablemente en torno a Onegin, un personaje cuya evolución psicológica considera una de las más profundas de toda la historia de la ópera. Para Olivieri, el aristócrata creado por Pushkin no es un hombre frío por naturaleza, sino alguien que ha construido una coraza emocional para protegerse.
“En mi opinión, es frío y distante porque esa es su manera de protegerse. Todavía no ha aprendido a expresar sus sentimientos“, afirma. A su juicio, toda la obra cambia con el duelo en el que mata a Lenski, un episodio que define el resto de la historia. “Ese es el punto de inflexión. Onegin abandona todo, pasa años viajando y solo entonces consigue quitarse la máscara que llevaba puesta“.

Olivieri en Les Arts como Eugenio Onegin
© Miguel Lorenzo, Mikel Ponce/Les Arts
El cantante insiste repetidamente en esa idea de la máscara. Durante los dos primeros actos, sostiene, el protagonista proyecta una imagen calculada de sí mismo, muy distinta de quien realmente es. “Presenta una versión de sí mismo que quiere que los demás vean. Sabe comportarse en sociedad, sabe fascinar a las mujeres, pero después de matar a su mejor amigo entra en una profunda crisis personal“.
Para construir el personaje, Olivieri busca siempre conexiones con su propia experiencia vital. “Cuando preparo un personaje intento conectarlo con algo personal“, explica. En este caso imagina qué supondría perder a su mejor amigo. “Ahora imagina que, en lugar de perder a tu amigo, eres tú quien lo ha matado. Onegin pierde todas las certezas que tenía“.
El tercer acto es, precisamente, el momento que más disfruta interpretando. Allí desaparece el personaje contenido y distante para dar paso a un hombre completamente vulnerable. “Es la parte más gratificante de cantar porque es cuando por fin se quita la máscara y muestra quién es realmente. La tragedia es que ya es demasiado tarde“.
Para el barítono, la verdadera tragedia de la ópera no reside únicamente en el amor imposible con Tatiana, sino en el peso de las oportunidades perdidas. “No es simplemente una historia de amor. Para mí es una historia sobre el tiempo perdido. Onegin desperdició su oportunidad“, resume.
Los años que el protagonista pasa viajando tras el duelo representan, según su interpretación, un largo vacío interior. “Imagino a un hombre completamente vacío. Alguien que ha perdido todo por dentro. Viaja intentando llenar ese vacío, pero ya nada le sirve“. Solo cuando vuelve a encontrarse con Tatiana recupera una mínima esperanza: “Ella despierta recuerdos de lo que una vez tuvo. Es el momento en el que vuelve la esperanza, aunque solo sea una pequeña chispa“.
La escena final constituye, para Olivieri, la culminación emocional de todo el viaje. “Es mi escena favorita de toda la ópera. Ahí desaparece el Onegin frío y controlado y emerge el verdaderamente emocional“. A medida que avanza el dúo con Tatiana, el personaje atraviesa todas las emociones posibles. “Al principio es dulce y afectuoso, pero poco a poco se vuelve cada vez más desesperado. Ya no puede contener sus sentimientos“.
En esa evolución encuentra también una reflexión sobre el orgullo del personaje. “La arrogancia era, en realidad, una forma de autodefensa. Era una armadura que utilizaba porque le hacía sentirse seguro“, señala. “Nunca supo reconocer el verdadero valor de los sentimientos humanos y por eso rechazó el amor sincero de Tatiana“.
Interpretar este papel supone además enfrentarse al idioma ruso, un desafío muy diferente al repertorio italiano con el que habitualmente se identifica al cantante. “Cantar en ruso es maravilloso. Me encanta“, asegura. Reconoce, sin embargo, que el proceso de aprendizaje fue complejo por la abundancia de grupos consonánticos y por la necesidad de mantener el legato. “Al principio marcaba demasiado las consonantes y eso rompía la línea del canto. Fue un reto precioso“.
Especialmente intensa ha sido también la colaboración con la soprano Olga Kulchynska, con quien comparte el desenlace de la obra. Ambos ya habían trabajado juntos anteriormente, circunstancia que facilitó construir la relación dramática. “Los dos lloramos en escena. No porque estemos actuando, sino porque estamos completamente inmersos emocionalmente en ese momento“.
De la directora Keri-Lynn Wilson destaca su búsqueda constante del legato y de la elegancia aristocrática del personaje. “Siempre insistía en una idea: el legato. Incluso cuando Onegin se enfada, nunca quería que perdiera esa nobleza. No debía convertirse en alguien que grita o pierde la dignidad“.
Tras Santa Fe, Olivieri regresará al Metropolitan Opera para participar en Silent Night, una nueva incursión en el repertorio contemporáneo después de Florencia en el Amazonas. Lejos de querer encasillarse como intérprete exclusivamente italiano, reivindica una carrera abierta a todo tipo de estilos. “Precisamente porque soy italiano, no quiero limitarme a la idea de que solo debo cantar repertorio italiano“, afirma. “La música es universal“.
Esa curiosidad artística le ha llevado a explorar óperas del siglo XX y contemporáneas sin abandonar el bel canto y el repertorio verdiano, al que se incorpora ahora de forma progresiva. “Siempre me han gustado los retos y descubrir cosas nuevas“, explica. “Tengo 42 años y solo ahora he empezado a cantar Verdi. Quise dejar que mi voz evolucionara de forma natural. Lo que más disfruto es no limitarme únicamente al repertorio italiano“.




















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