Jorge de León: “La ópera es una protesta contra la guerra, el odio y la muerte”
Jorge de León: “La ópera es una protesta contra la guerra, el odio y la muerte”

El tenor Jorge de León
El tenor canario Jorge de León, protagonista de la pasada producción de Manon Lescaut de Puccini en el Teatro Real, reflexiona sobre la psicología de Des Grieux, la perspectiva femenina en la ópera y la capacidad del género lírico para abordar conflictos sociales contemporáneos. En la producción de Carlos Wagner, la historia permite examinar las contradicciones de una relación marcada por la pasión, la dependencia y las limitaciones impuestas a las mujeres. De León reivindica también la tradición musical de Canarias y defiende la ópera como una experiencia artística capaz de confrontar al espectador con las consecuencias de la violencia y de las decisiones humanas.
Para Jorge de León, Des Grieux es un personaje condicionado por su juventud y por la intensidad de sus sentimientos. El tenor interpreta al protagonista como un adolescente que todavía no conoce las consecuencias de sus decisiones y que confunde, en un primer momento, la fascinación con el amor. “Cuando conoce a Manon, lo primero que siente es fascinación. No la conoce realmente, pero experimenta una atracción inmediata, una reacción física y emocional que confunde con el amor”, explica.
La relación entre ambos personajes está atravesada por las convenciones sociales de la época y por las escasas alternativas que tiene Manon para decidir su futuro. En la versión de Puccini, señala el cantante, la protagonista adquiere un carácter más terrenal, moderno y libre. Sus elecciones no están exentas de errores, pero responden también a su deseo de independencia.
Esta dimensión resulta especialmente relevante en la producción de Carlos Wagner que presenta el Teatro Real. De León considera que la puesta en escena introduce una reflexión sobre los diferentes puntos de vista desde los que puede interpretarse una misma historia. “En esta ópera tenemos la verdad de Des Grieux, la verdad de Manon y una tercera verdad: lo que realmente ocurrió, contemplado desde fuera”, afirma.
El planteamiento permite prestar mayor atención a la perspectiva de Manon, tradicionalmente filtrada por la mirada masculina. Su hermano la utiliza para conseguir dinero, Geronte pretende exhibirla como símbolo de riqueza y posición social, y regresar con su familia podría conducirla al convento. “Hay una dimensión feminista en la producción: se muestra a una mujer joven que toma algunas decisiones a la ligera y otras muy en serio, que desea vivir y que también se equivoca. Porque ser humano significa cometer errores, incluso cuando se trata de amor”, sostiene el tenor.
De León reconoce, además, las contradicciones de Des Grieux, cuyo empeño por salvar a Manon no siempre se traduce en una relación saludable. La historia le sirve para reflexionar sobre los vínculos afectivos y sobre la dificultad de distinguir entre amor y posesión. La comparación con otros personajes de su repertorio, como Don José de Carmen, refuerza esa lectura de las relaciones que desembocan en violencia.
El cantante defiende una aproximación a la dirección escénica que respete la composición musical, aunque se muestra abierto a nuevas interpretaciones. A su juicio, la innovación solo funciona cuando el intérprete comprende el concepto del director y puede integrarlo en su trabajo. “Lo fundamental es comprender qué pretende expresar el director. Si yo no entiendo su concepto, difícilmente podré transmitirlo al público como actor y como personaje”, explica.
De León advierte también del riesgo de introducir acciones visuales que distraigan al público durante los momentos musicales decisivos. “¿Qué espero de un director? Respeto por la música y por el compositor”, resume. No considera imprescindible que los directores de escena tengan formación musical, pero sí que comprendan las particularidades de la ópera y la relación entre música y teatro.
En este sentido, destaca la modernidad del lenguaje de Puccini y su sensibilidad cinematográfica. Obras como La fanciulla del West presentan recursos narrativos que anticipan convenciones del cine, mientras que Madama Butterfly incorpora sonidos ambientales que contribuyen a construir el espacio dramático. Para el tenor, estos ejemplos muestran que la música no se limita a acompañar la acción, sino que determina su ritmo y amplifica su significado emocional.
La propia naturaleza del género constituye, en su opinión, una experiencia difícil de reproducir mediante otros lenguajes artísticos. “La ópera es como una máquina del tiempo: nos transporta a otra época y a otra forma de pensar. Y lo hace mediante sonido en directo, sin amplificación”, afirma. Literatura, dramaturgia, música, danza, vestuario y caracterización confluyen en una misma representación, en una síntesis de disciplinas que requiere que todos sus elementos trabajen en conjunto.
La dimensión artística de la ópera no excluye su capacidad para interpelar al público sobre cuestiones actuales. De León considera que sus argumentos permiten observar las consecuencias de determinadas conductas y reconocer comportamientos que continúan presentes en la sociedad. La violencia contra las mujeres, las relaciones de poder y la explotación aparecen en historias que, pese a haber sido escritas en otros contextos, conservan su capacidad de generar debate.
El tenor pone como ejemplo Carmen, cuyo desenlace obliga a enfrentarse a la violencia ejercida por Don José, y Madama Butterfly, donde la belleza musical convive con el sufrimiento y las desigualdades. “La ópera permite que el público contemple el daño que una persona puede causar a otra sin ser consciente de las consecuencias”, señala.
Su valor educativo reside precisamente en esa posibilidad de mostrar situaciones humanas complejas sin ocultar sus consecuencias. Para De León, la experiencia artística puede contribuir a desarrollar una mayor conciencia sobre la responsabilidad individual y sobre el respeto a los demás.
“La ópera es una protesta contra la guerra, el odio y la muerte; contra la violencia y el asesinato de mujeres”, concluye. La fuerza del género, defiende, consiste en unir el impacto emocional de la música con historias que obligan al espectador a cuestionar la violencia y a reconocer el sufrimiento ajeno.
La trayectoria de Jorge de León está vinculada también a la tradición cultural de las islas Canarias, históricamente conectadas con Europa y América a través de las rutas marítimas. El tenor recuerda que artistas y compañías teatrales hacían escala en las islas durante sus viajes, favoreciendo la circulación de óperas y zarzuelas. Esa posición atlántica contribuyó a configurar una identidad musical abierta a distintas influencias.
Como ejemplo de esa tradición cita a Alfredo Kraus, nacido en Las Palmas y una de las grandes referencias del canto español. De León considera que la cultura canaria combina distintas sensibilidades musicales y una particular apertura internacional. En su caso, esa herencia convive con una carrera centrada en el repertorio dramático y con una concepción de la ópera como espacio de encuentro entre culturas, emociones y experiencias humanas.






















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