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Por Publicado el: 24/10/2026Categorías: En vivo

Crítica: Violetta se hizo Jessica en ABAO

 VIOLETTA SE HIZO JESSICA 

Palacio Euskalduna. 20.X.26. La traviata, melodramma en tres actos de Giuseppe Verdi sobre libreto de Francesco María Piave. Jessica Prat, Javier Camarena, Gabriele Viviani, Marifé Nogales, Josu Cabrero, José Manuel Díaz, Fernando Latorre, Gexan Etxabe, Olga Revuelta, Iñigo Fernández, Sebas Balancegui. Coro de Ópera de Bilbao (director Esteban Urcelay). Euskadiko Orkestra. Mario Pontiggia. Francesco Ivan Ciampa. Producción: Fundazione Teatro Máximo  di Palermo.

 VIOLETTA SE HIZO JESSICA Palacio Euskalduna. 20.X.26. La traviata, melodramma en tres actos de Giuseppe Verdi sobre libreto de Francesco María Piave. Jessica Prat, Javier Camarena, Gabriele Viviani, Marifé Nogales, Josu Cabrero, José Manuel Díaz, Fernando Latorre, Gexan Etxabe, Olga Revuelta, Iñigo Fernández, Sebas Balancegui. Coro de Ópera de Bilbao (director Esteban Urcelay). Euskadiko Orkestra. Mario Pontiggia. Francesco Ivan Ciampa. Producción: Fundazione Teatro Máximo  di Palermo.

Jessica Pratt como Violetta en ABAO

Celebrar los setenta y cinco años de existencia por parte de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera, hoy día conocida como ABAO BILBAO ÓPERA, con la puesta en escena de La traviata verdiana (el 30 de diciembre de 1953 llegó por primera vez esta ópera al bilbaíno Coliseo Albia) sin que en esos ciento cincuenta lustros se haya tenido que suspender ninguna función, constituye un importantísimo triunfo por parte de cuantos han estado y en la actualidad están llevando la singladura de esta importante nave musical. Otras instituciones liricas, públicas o privadas, no han podido alcanzar semejante laurel.

Para semejante ocasión se ha contado con una ‘infantería’ vocal de primera línea. Con una ‘caballería’ orquestal que ha conformado un sólido y poderoso escuadrón musical. Una ‘artillería’ escénica que ha enclavado sus piezas en la mejor ubicación estratégica. Y con un ‘cuerpo de ingenieros’ que ha construido una hermosa estructura ambiental. Las cuatro ‘armas’ han consolidado el éxito en todos los terrenos.

Jessica Pratt asume el compromiso de poner voz a su personaje, Violetta Valéry, aquilatando a la perfección, en el canto bello y como impecable actriz, el complejo entramado triple de esta luchadora mujer: como cortesana en el acto primero, como enamorada en el acto segundo y como luchadora por la vida en el tercero final. Sus agilidades vocales discurrieron por senderos alicatados en fuerza, generosidad y total entrega.

Si buena fue su patética declamación sonora en el aria “É strano! é strano! … Ah fors’è lui … Sempre libera degg’io”, mejor resultó la encarnadura vocal cantando “Dite a la giovine, si bella e pura” y lujoso -en plenitud de emotividad- el canto ligando en “Oh, come son mutata! … Ah, della traviata sorridi al desio”. Ni un pero que poner, ni un pelo que quitar: ¡perfecta!

Javier Camarena, uno de los tenores líricos egregios del actual panorama internacional, ofreció un Alfredo Germont que fue de menos a más, pero sin cuajar un notable sólido. Algo hubo en la garganta del cantante mexicano de Xalapa que impidió lucir su voz, como en otras ocasiones. La extensión de sus notas agudas estuvo limitada y la plata de su voz se ofreció con escaso brillo.

Gabriele Viviani, barítono de Lucca, presentó un Giorgio Germont con notorios altibajos. Cierto que su voz puede encuadrarse en el ámbito del ‘barítono verdiano’, con un centro recio, pero su registro bajo fue un tanto indolente en las notas de paso, tanto hacia arriba como hacia abajo, mostrando debilitamiento en los apoyos. En las notas altas estuvo poderoso merced una emisión muy bien proyectada.

Imagen de la producción

Es justo destacar como ABAO dispone, para sus representaciones líricas, de voces vascas, de las ‘de casa’, que en esa ocasión cumplieron a la perfección, tanto en el canto como en el desarrollo de sus personajes, tal así Marifé Nogales (Flora Bervoix), Josu Cabrero (Gastone), José Manuel Díaz (Barone Douphol), Fernando Latorre (Marchese D’Obigny), Gexan Etxabe (Doctor Grenvil), Olga Revuelta (Annina), Sebas Balanzategi (Domestico), Iñigo Fernández (Giuseppe). Como decía san Ignacio de Loyola “soy de la tierra que canta al pie de los montes”.

Con la incorporación de Esteban Urcelay a la rectoría del Coro de Ópera de Bilbao se está constatando cómo esta agrupación canora se adentra en categorías sobresalientes; y ello se hizo patente durante su puesta en escena de esta Traviata. Sus intervenciones estuvieron esculpidas por el sabio cincel de su director, siendo de estacar, sobre todas, en el coro de máscaras interno “Largo al quadrupede”, del tercer acto.

Cuando en escena se constata que están presentes todas las acotaciones de tiempo y espacio que el compositor ha precisado en su partitura ‘es justo y necesario’ (Sanctus dixit) que la felicitación por ello sea inequívoca. Por ello los muchos parabienes han de darse al arquitecto bonaerense Mario Pontiggia por la elegante concepción escénica de esta producción lírica y por los muy cuidados movimientos de cuantas personas estuvieron presentes dentro de la bella escenografía de Francesco Zito y Antonella Conte. Tal bondad gozó del apoyo lumínico de Bruno Ciulli, y la elegancia del lujoso vestuario diseñado por el propio Zito.

Todas las chispas áureas que, de continuo, manaron desde la ejemplar Euskadiko Orkestra fueron obra del buril de Francesco Ivan Ciampa, cual orfebre exquisito en construir la joya de permanente ternura que surgió del foso. Su lectura de la partitura fue apasionada, haciendo que la orqueta hiciera una declamación lírica llena de emotividad. Ejemplares fueron los pianísimos sonoros de los preludios del acto primero y tercero, a modo de ofrecer al espectador la tención del drama que se desarrolla sobre el escenario. Mimó a los cantantes con la maestría del perfecto concertador musical, respetando -permanentemente- la tensión escénica y acrecentó con silencios musicales, de breve segundos, las emociones de los personajes.

Un encuentro histórico: en 1853 se estrena La traviata en el veneciano Teatro La Fenice y la bilbaína familia Ybarra construye los Altos Hornos de Baracaldo.

“No sabría vivir sin la música”. Luciano Pavarotti.

Manuel Cabrera

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