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Por Publicado el: 30/12/2018Categorías: Colaboraciones, Opinión

¿Abocado al naufragio el Palau de les Arts?

¿Abocado al naufragio?

Cuando apenas ha transcurrido un par de semanas de su nombramiento como directora general del Palau de les Arts, y sin tiempo casi de incorporarse a su nuevo despacho, María Inmaculada Pla ha abandonado el timón del trasatlántico lírico al que arribaba de la mano paisana del conseller Vicent Marzà Ibáñez. Un verdadero desembarco castellonense en forma de triunvirato que se completaba con el francés Pierre Bouillard, recién llegado de Castelló como “director adjunto de Optimización de Recursos” con los méritos subrayados en su currículo de “haber asesorado a la Embajada de España en Roma y hablar inglés y valenciano, “con nivel B1”, enfatizaba la nota de Prensa.

El Palau de les Arts es, ciertamente, un complejo y sofisticado transatlántico, que requiere un gobierno profesionalizado, experimentado, bien asentado y extremadamente docto en materia. No personas que aún andan cursando “un “MBA en Gerencia Internacional en la Pontificia Universidad Católica del Perú”, como apostilla el currículo enviado por la propia Conselleria del nuevo “director adjunto”. Al Palau de les Arts hay que llegar ya aprendido. Un transatlántico no puede ser guiado por barqueros ni grumetes ajenos además al mundo de la mar, de la ópera y el espectáculo.

Mal iba y mal sigue el Palau de les Arts. Sin norte ni horizonte. Desnortado en este torbellino de directivos, patronatos, políticos y consejeros variopintos inconscientes de la entidad e importancia de lo que tienen entre manos. Abocado quizá al naufragio. El baile de nombres de los últimos meses ha sido y sigue siendo una verdadera tempestad. Desde la (provocada) dimisión de Livermore, se han sucedido las de Fabio Biondi, Francisco Potenciano y ahora la de su flamante sustituta María Inmaculada Pla, que será reemplazada –así lo ha hecho saber la propia Conselleria en la tarde de ayer- por el ingeniero industrial José Monforte Albalat.

En pocos meses también se marchará –o será obligado a marcharse, como Livermore- el único director musical que queda, Roberto Abbado, bien porque renuncie él mismo a la prórroga de su contrato o por la evidente posición del Palau de les Arts de no renovárselo. No menos incierto es el futuro del aún principal director invitado –cuota valenciana- Ramón Tebar, cuya manifiesta incompatibilidad con la titularidad de la Orquesta de València convierte en palmario su cese.

Es en este mareante baile de barqueros y grumetes en el que tendrá que navegar el único almirante que se divisa en el horizonte gris del Cauce del Túria (incluido el Palau de la Música). El director artístico Jesús Iglesias, que se incorpora a su puesto el próximo 1 de enero, es la única cabeza con formación, perspectiva, conocimiento y galones que hay sobre la nave. Solo él podrá enderezar el rumbo a la deriva de un transatlántico que hoy es galera. Será imprescindible para el éxito de tan espinosa y arriesgada empresa que todos los grumetes y similares que pululan a su alrededor se entreguen a su causa sin reservas ni ambiciones.

Como en Fuenteovejuna, todos han de remar con disciplina y dócilmente bajo el rumbo que marque el almirante Iglesias. Sin puñales, suspicacias, rivalidades ni nubarrones. Susana Lloret, Presidenta del Patronato de les Arts, parece tener claro la necesidad de que Iglesias asuma plenos poderes para reflotar la costosa nave del Cauce del Túria y hacerla navegar por los caminos de gloria y excelencia de tiempos ya pretéritos. Evitar el naufragio quizá aún esté al alcance de la mano. Lo más esencial ya está hecho: la casa, la orquesta, el coro y un personal técnico que, salvo excepciones muy concretas, es de primera clase. Jesús Iglesias, con el respaldo fiel de todos, es hoy por hoy el único tripulante capacitado para reflotar el esplendor perdido y salir airoso de tan ciclópea empresa. ¡Ojo avizor, almirante!. Justo Romero

Publicado en el diario Levante el 29 de diciembre de 2018

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