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Por Publicado el: 03/06/2004Categorías: Cartas

Cartas del Consejero de la CAM sobre el Festival de Verano

En respuesta a la carta enviada a «El País» por Ángel Banderas Lobera el 29 de mayo, quiero en primer lugar agradecerle sus opiniones sobre el Festival de Verano del Teatro Real, y aprovechar para precisar algunas cuestiones sobre este asunto.

El Festival de Verano tiene como objetivo permitir que todas las personas que lo desean y por diversas razones no pueden hacerlo a lo largo de la temporada oficial, tengan acceso a representaciones líricas del más alto nivel. Es decir, crear nuevos públicos para la ópera. Con este criterio, acordamos con la dirección artística del teatro Real un programa para la edición de 2004, que reúne los requisitos de máxima calidad e interés artístico. Junto a las seis representaciones de una ópera del gran repertorio como es Tosca, con intérpretes de primer nivel, se ofrecerán conciertos en los que se abordará un repertorio español y barroco a cargo de figuras internacionalmente reconocidas, como Marc Minkowski y Les Musiciens du Louvre, Christophe Rousset y Les Talens Lyriques, o Gabriel Garrido y el Ensemble Elyma.

Es posible que algunos aficionados, como el señor Banderas Lobera, echen de menos la presencia en el Festival de Verano de la compañía de la Staatsoper de Berlín, con el maestro Daniel Barenboim, de la que hemos disfrutado en los últimos años. Sin embargo, dentro del máximo respeto y admiración por la figura del maestro Barenboim, he considerado que la nueva línea de programación nos permitirá facilitar aún más el acceso del más amplio espectro de ciudadanos.

El acuerdo verbal existente entre el Real y la Staatsoper recogía un compromiso de reciprocidad, es decir, que se pudieran llevar a Berlín producciones propias del Real, que se ha incumplido todos estos años. Tampoco puedo obviar la cuestión del elevadísimo coste de traer a la Staatsoper a nuestro Festival. Sus cuatro representaciones venían costando a los madrileños, en el mejor de los casos, más de 2 millones de euros (unos 400 millones de pesetas). Es decir, cada localidad costaba, aproximadamente, 900 euros -150.000 pesetas-, de los que cada espectador pagaba 180 euros -30.000 pesetas- y la Comunidad de Madrid, el resto. Este año, los aficionados podrán disfrutar de las representaciones a unos precios bastante más reducidos que en ediciones anteriores.

De hecho, la localidad más cara costará la tercera parte de su precio del año pasado (de 180 euros -unas 30.000 pesetas- a 60 euros -10.000-). Y la más barata se reducirá a la mitad (pasa de costar 13 euros -más de 2.000 pesetas- a 6,5 -algo más de 1.000-).

Esta reforma del programa, que responde a las razones que he explicado, no impedirá que los aficionados madrileños disfruten en el futuro de una ópera del interés de Moses und Aron, ya que el teatro Real tiene previsto incluirla dentro de su programación habitual.

Estoy convencido de que esta nueva programación responde al objetivo inicial del Festival de Verano y sirve a los intereses de todos: los amantes de la ópera, y los que gracias al Festival lo serán en el futuro. Tengo la esperanza, yo sí, de que estos nuevos públicos conseguirán dar a la ópera el impulso popular que necesita para asegurar su continuidad. No tenga ninguna duda de que seguiremos estudiando, como hemos venido haciendo hasta ahora, todas las posibilidades para situar a Madrid a la vanguardia de la cultura, como es nuestra obligación desde que el pasado 26 de octubre los ciudadanos depositaron su confianza en nosotros.

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