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Por Publicado el: 22/06/2024Categorías: En vivo

Crítica: ‘Doña Francisquita’ en el Teatro de la Zarzuela, ambos repartos

Francisquita con ojos de hoy

Vives: Doña Francisquita. Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Ana Ibarra, Enrique Ferrer, Milagros Martín, Santos Ariño, Isaac Galán. Gonzalo de Castro, actor. Director musical: Guillermo García Calvo. Director de escena: Lluis Pasqual. Ayudante: Leo Castaldi. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro de la Zarzuela. 19 de junio de 2024.

Vives: Doña Francisquita. Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Ana Ibarra, Enrique Ferrer, Milagros Martín, Santos Ariño, Isaac Galán. Gonzalo de Castro, actor. Director musical: Guillermo García Calvo. Director de escena: Lluis Pasqual. Ayudante: Leo Castaldi. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Coro del Teatro de la Zarzuela. 19 de junio de 2024.

Doña Francisquita en el Teatro de la Zarzuela

Se reponía esta sonada producción estrenada en 2019. Con diversidad de opiniones ante una dirección de escena rompedora que empleaba métodos y aplicaba enfoques muy alejados de la tradición. Pero tras la apariencia traicionera no cabe duda de que hay un trabajo serio y pormenorizado, un estudio a fondo como base de su desmitificadora –y por ello perfectamente discutible- propuesta.

Siempre es bueno que se busquen distintas vías de aproximación, aunque nos puedan parecer erradas o erróneas. Quizá lo sea la que juzgamos, que descontextualiza, como se dice ahora, la obra de Amadeo Vives, Federico Romero y Guillermo Fernández–Shaw; la trasviste, la transmuta, aunque en el fondo, desde otra óptica, conserva en cierto modo su íntima esencia en cuanto estudio de relaciones humanas, de reacciones sicológicas, de comportamientos, de pasiones y sentimientos. Es la forma lo que varía; es otra.

Pasqual suprime, como primera medida, el texto hablado, que se emplea a efectos estratégicos muy de vez en cuando, y se inventa un personaje, una suerte de hacedor-narrador-conductor que va de aquí para allá, casi siempre desordenadamente y acaba siendo un poco cargante y excesivo, y que de alguna manera sirve de anclaje, de cordón unificador entre los tres actos.

El primero, en esta arriesgada propuesta, se desarrolla en los años treinta, durante una sesión de grabación de la obra. El movimiento es escaso y los actores y cantantes se sitúan en línea ante el espectador, aunque actúan demasiado, cosa que no sucede esta manera en una sesión de este tipo. El segundo tiene lugar en los sesenta y describe una grabación para televisión. Y el tercero se instala en nuestros días en el curso de un ensayo de danza.

Ese tejemaneje, con excepción de la propia música y de las situaciones impostadas surgidas de la representación y emanadas de la anécdota básica y que emplea el método tan en boga hoy en día de recrear el teatro dentro del teatro, cámaras incluidas, desvirtualiza la obra original tal y como fue concebida, pero no abandona por completo los valores intrínsecos.

El espectáculo funciona bien engrasado gracias a la buena labor de los peones y al dispositivo técnico diseñado, del que dependió la proyección, en misiones de ambientación, un poco a destiempo, de unos fotogramas de la película, hasta hace poco desconocida, Doña Francisquita, rodada por el alemán Hans Behrendt en 1934. Y que, la verdad, no venían muy al caso, a no ser que se quisiera establecer una dicotomía o señalar lo anticuado de la obra primigenia. Toda esa parafernalia, esas atosigantes idas y venidas, los discursos del actor-unificador, el constante movimiento sin práctico reposo complican el desarrollo y la comprensión de una anécdota en el fondo sencilla y tópica. El barullo del tercer acto es considerable.

Hay que resaltar la buena labor que desde el foso, con una buena Orquesta de la Comunidad, desarrolló en este caso Guillermo García Calvo, que otorgó animación al conjunto, no siempre del todo preciso, y acentuó con garbo las partes de aroma más folklórico, terreno en el que se desplegó una vez más la innecesaria y rompedora actuación en el “Fandango” de la ya anciana Lucero Tena, que sigue siendo, a sus muchos años, una maestra en el manejo de las castañuelas.

En lo vocal hay que destacar el buen hacer de la soprano lírico-ligera Sabina Puértolas, de tan bello, penetrante y satinado timbre, de agudos tan bien colocados, de agilidades tan bien puestas, que concedió encanto y tersura a su Francisquita y bordó la romanza del ‘Ruiseñor’.

Su Fernando, Ismael Jordi, cantó sapientemente regulando, filando, respirando, dando muestras de buen fiato y de elegancia en el decir. El timbre es verdad que no es rico y que los agudos, algo abiertos, blanquean más de la cuenta, pero es artista de primer orden y que nos recuerda, más allá del timbre, tanto a su maestro Alfredo Kraus. Muy profesional, un poco fuera de sitio, la antigua soprano, que ahora canta como mezzo, Ana Ibarra. Buena dicción, musicalidad y escaso desgarro y fuerza retrechera.

Nos sorprendió la elección para Cardona del tenor Rafael Ferrer, un lírico no muy timbrado, de emisión un tanto engolada, ajeno al estilo de un personaje que está destinado a un cantante más bien cómico, en el viejo estilo. Nos alegró ver en Don Matías a Santos Ariño, que aún conserva algunos de los quilates del buen metal baritonal que lo encumbraron. Muy bien Isaac Galán en el papel de Lorenzo Pérez, para el que anda sobrado. Mención especial para la Doña Francisca de Milagros Martín, que derrochó gracejo y saber estar en su tan modificada parte. En su sitio, generalmente entonado, el Coro.

Excelente labor del ballet, que desplegó la coreografía ideada por Nuria Catejón. El conductor-narrador, fue el experimentado y buen actor Gonzalo de Castro, que quizá estuvo en exceso exagerado y altisonante, atropellado y confuso. Como siempre, espléndido programa de mano, en esta ocasión con artículos de Lluis Pasqual (que no termina de explicar el porqué de su concepción), Víctor Pagán y María Nagore Ferrer.

Arturo Reverter

Tras el video, la crítica del segundo reparto

DOÑA FRANCISQUITA (A. VIVES)

Teatro de la Zarzuela de Madrid. 22 Junio 2024

Vuelve esta obra al Teatro de la Zarzuela, donde se vio por última vez hace 5 años. Entonces se estrenó una nueva producción, que es la que volvemos a ver ahora y cuyo resultado es tan negativo como entonces.

Se ofrecen dos repartos vocales, siendo éste el segundo de ellos.

La producción se debe al catalán Lluis Pasqual y es un ejemplo más de los trabajos que en lugar de ponerse al servicio de la obra, hacen todo lo contrario. El director de escena catalán ofrece los tres actos de la obra en tres momentos distintos. El primer acto se desarrolla en 1934 en un estudio de grabación discográfica, el segundo en 1964 en un plató de televisión, donde se retransmite una especie de musical, y, finalmente, el tercer acto tiene lugar en la actualidad como un ensayo general de la obra en el teatro. Todo ello hace que la escenografía sea prácticamente inexistente, ya que no hay tal en el primer acto ni en el segundo y únicamente en el tercero se pone una pantalla al fondo donde se proyectan imágenes.

DOÑA FRANCISQUITA (A. VIVES)Teatro de la Zarzuela de Madrid. 22 Junio 2024

Marina Monzó, Alejandro del Cerro y Manuel de Diego

Estamos acostumbrados a que en estas obras se corten notablemente los diálogos, que no suelen tener mayor interés desde la perspectiva actual, pero aquí se suprimen los originales y se sustituyen por otros ad hoc del propio Lluis Pasqual, que corren a cargo del presentador o narrador. El primer acto es ni más ni menos que una versión de concierto, con el coro sentado detrás y los solistas delante, vestidos de calle. El segundo acto se convierte en una sucesión de números musicales, propios de un programa nocturno de la pequeña pantalla. En el tercero hay un espacio amplio donde actúa el cuerpo de baile en el fandango. Quien vaya al teatro sin conocer la trama lo tiene muy difícil para poder entender el argumento.

En cuanto a la dirección de escena, se puede decir que es casi inexistente. Ni dirección de masas ni de solistas. En resumen, una producción que puede servir para cualquier título o para ninguno. Yo me inclino por esto último.

La dirección musical corrió a cargo de Guillermo García Calvo, que lo hizo de manera adecuada con algunos momentos brillantes. La verdad es que no puede ser fácil ofrecer inspiración teniendo delante de los ojos lo que la producción ofrece. La Orquesta de la Comunidad de Madrid volvió a ofrecer su escasa calidad. Bien el Coro del Teatro de la Zarzuela. Buena la actuación del Cuerpo de Baile.

Alejandro del Cerro y María Rodríguez

Doña Francisquita fue interpretada por la soprano valenciana Marina Monzó, que volvió a ofrecer su bella voz y facilidad en coloratura, quedando algo má apagada en el centro. Para mi gusto el personaje de Doña Francisquita requiere algo más de peso vocal.

Fernando fue interpretado por el tenor cántabro Alejandro del Cerro, que ofrecío su voz de cierta amplitud y de no mucha calidad, con algunos sonidos nasales. Cantó bien la conocida romanza “Por el humo se sabe dónde está el fuego”, pasndo apuros en los agudos finales.

Aurora, la Beltrana, era la soprano vallisoletana María Rodríguez, que ofreció una buena actuación como intérprete, con una voz de escasa calidad.

El tenor Manuel de Diego dio vida a Cardona, el estudiante, resultando adecuado y sin mayor brillo.

Los personajes secundarios fueron correctamente cubiertos por Milagros Martín, como Doña Francisca, Santos Ariño, como Don Matías, Isaac Galán, como Lorenzo, y Graciela Moncloa, como Irene.

Lucero Tena y el Presentador

Volvíó a actuar Lucero Tena a las castañuelas en el Fandango, siendo recibida y despedida con el público en pie.

La representación comenzó con 4 mintos de retraso y tuvo una duración total de 2 horas y 45 minutos, incluyendo dos intermedios.

El Teatro de la Zarzuela había agotado sus localidades en ésta y en todas las representaciones anunciadas. José M. Irurzun.

7 Comments

  1. Emilia Salvatierra Caballero 23/06/2024 a las 22:34 - Responder

    No me gustó, una obra como esta. La quieren versionar en moderno y pierde su esencia.
    Que poca inteligencia que no hacen buenas zarzuelas en moderno, solamente hay que modificar, es mas cómodo.
    Lo mejor la interpretación de Lucero Tena

  2. Salvador 28/06/2024 a las 06:11 - Responder

    No me gustó nada, estuve el el segundo reparto. La joven Marina Monzó es una gran artista, y la orquesta, coro y baile tienen nivel. La producción es aburridísima, y los demás cantantes, mejor no oírlos en esos papeles. La
    presencia de Lucero Tena, sobra.

  3. Rosa Garcia 28/06/2024 a las 19:10 - Responder

    Paso a describir lo que vimos mi hija y yo:
    Primer acto: un aburrido Canto a la Juventud, sin novios, si nadie y con un narrador , Gonzalo de Castro, innecesario que parece un actor de comedia barata (hay que comer todos los días) y un coro apretujado que lo hizo como pudo. El final de este acto, con Gonzalo de Castro bailando como en una revista choni fue un remate para marcharse
    Segundo acto: Mi hija dijo que los cantantes no se merecieran que saliéramos corriendo y por respeto a ellos, nos quedamos:
    Un baile de carnaval que eran las vueltas de los trapos de cocina en la lavadora, ( del vestuario no voy a hablar, me llevaría muuucho espacio) y nadie consiguió enterarse de nada en el punto que define la trama. Por respeto al «ruiseñor» me volví a quedar allí, a pesar de los gritos del narrador sobre ministros y sandeces
    Y llegamos al tercero: Un caballo en una cacharrería y sale la buena de Lucero Tena para sacarnos de la mediocridad
    Cantantes, Coro y Orquesta en un buen hacer, pero desquiciados por las interrupcionesdel narrador (Coro de Románticos precioso y, cuando lo estas disfrutando sale el histriónico Gonzalo de Castro dando voces sobre no se que de ministros )
    En resumen : señor LLuis Pascual, tiene Vd ya 73 años y esta claro que esta incapacitado para hacer algo bello, no pasa nada, sólo que no se dedique a destrozar la belleza de autores geniales

  4. Concepcion 30/06/2024 a las 10:46 - Responder

    Si alguien piensa encontrarse con Doña Francisquita, se llevará una gran desilusión. Es una patochada donde el libreto de la obra no existe. Tiene que salir un actor a modo de regidor, explicando lo que se interpreta. Quien no conozca la obra no se enterará de nada. Y quienes la conocemos, nos indignaremos por semejante aberración. Se pueden escribir y crear obras nuevas muy modernas, pero lo ya escrito y aplaudido durante tantos años…por qué intentar acabar con ello. Los herederos de los libretistas…no tienen nada qué decir? Respeto, por favor!

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