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Diez Años
Por Publicado el: 19/02/2004Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El caso Álvarez

Cada vez que asisto a una ópera en la que interviene Carlos Álvarez se me presenta un problema al escribir la crítica , hasta el punto que, a veces, preferiría no ir al espectáculo.

Conozco a Álvarez desde hace años. Allá por 1992, nos encontramos en el Met neoyorquino durante un «Stiffelio» de Verdi. La dirección de escena era de del Monaco, la musical de Levine y cantaban Plácido Domingo y un barítono con todas las expectativas por delante: Vladimir Chernov. Carlos y yo -y también el ya veterano Sherrill Milnes- compartíamos patio de butacas en los ensayos y hablamos mucho. Estaba esperando una audición con Levine, pero éste lamentablemente no le dedicó gran atención a pesar de la insistencia del propio Domingo. La verdad es que hubiera sido estupendo para el Met contar con una pareja de barítonos como Chernov y Álvarez para fomentar la rivalidad. Pero no pudo ser.

Álvarez supo decir no a Muti para un «Rigoletto» tempranero y ha acertado también en otras importantes decisiones. Sin embargo hay una por realizar. Es la causa de mi desazón cada vez que le escucho. El barítono malagueño posee una voz baritonal con uno de los timbres más atractivos que hayamos escuchado jamás. Su emisión impacta también por la potencia, por la rotundidad varonil. Sin embargo la voz no se halla siempre bien colocada y ello le reporta problemas. A veces de tipo pasajero, como agotamientos que no debían producirse. Fue el caso de aquel «Stiffelio» que cantó en La Zarzuela en 1995. Pero, además, hay siempre un efecto permanente: no logra emplear todas las dinámicas. Los matices a través del uso adecuado de toda la gama que va del pianísimo al fortísimo se pierden debido al abusivo del «mezzoforte», que proyecta un carácter lineal a las interpretaciones. Posiblemente hubiera solución con un profesor de canto adecuado. Pero Álvarez confía en su manager, y probablemente socio en la agencia artística, también plenamente como profesor y, a veces, no es conveniente que la fe sea tan ciega. ¿Cómo es posible que con una materia prima tan envidiable no acabe de ocupar un puesto de referencia en la historia de las voces baritonales?

Y ¿por qué en la mayoría de los repartos hay tanta diferencia entre el
barítono y el resto?. Muchos teatros se me han quejado de la imposición de la
«troupe»: si quieres que cante Álvarez hay que contratar el paquete.
Y el paquete a veces es un auténtico «paquete». Y, de momento, lo
dejo aquí aunque podría añadir cosas. Hoy opino yo por escrito, pero la mayoría de mis compañeros opinan otro tanto de palabra.

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