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Por Publicado el: 31/05/2009Categorías: Crítica

El «Ocaso de los dioses» en Valencia

Temporada del Palau de les Arts
El milagro musical
“El ocaso de los dioses” de Wagner. L.Ryan, R.Lukas, M.Salminen, F.Kapellmann, J.Watson, E.Matos, C.Wyn-Rogers, etc. R.Olbeter, escenografía. F.Aleu, videocreación. La Fura dels Baus, dirección escénica. Z.Mehta, dirección musical. Palau de les Arts. Valencia, 30 de mayo.
Por vez primera un teatro español es capaz de presentar en una misma temporada una “Tetralogía” completa de producción propia. Algunos lo han hecho con producciones ajenas y otros han ido año tras año presentando las propias. Ninguna de todas ellas ha alcanzado el nivel global de la presente y, desde luego, ni de lejos el musical.
La Fura nos sorprendió y entusiasmó en “El oro del Rhin” y quizá por ello haya casi unanimidad entre los críticos en considerarlo el mejor de los cuatro títulos. Puede que el “Ocaso” sea el más débil. No cabe duda de la existencia de aciertos como la despedida de Sigfrido y Brunnhilda en la roca del fuego del primer acto, la escena de las ondinas en el tercero o incluso el entierro de Sigfrido, con cortejo fúnebre a través del patio de butacas mientras se proyecta en todo el escenario. Pero tampoco del exceso escénico presente y, muy especialmente, visual. Las proyecciones saturan y emborronan la música en momento que precisan de mayor intimidad. La sala de los Gibichugos parece un circo; sólo quienes conocen el argumento percibirán la rotura de la cuerda del destino, hecho machacado por inútiles acciones de figurinistas y barullo cinematográfico que no consigue lo que se pretende. A veces la sencillez es mucho más efectiva. Incluso a la inmolación de Brunnhilda le falta grandeza y a su pérdida también ayuda la figuración. El vestuario es discutible, la coordinación acción-canto no debe ser fácil para algunos personajes –Gutrune en la jaula o Sigfrido cantando colgado bocabajo- y, finalmente, queda la impresión que La Fura adquiere demasiada presencia, lo que de otro lado no es raro en el mundo escenográfico de hoy.
Lance Ryan y Jennifer Watson, Sigfrido y Brunhilda, van de menos a más hasta alcanzar un alto nivel. Matti Salminen borda Hagen con su torrente de voz, Elisabete Matos –muy reciente su princesa Turandot en la misma sala- vuelve a demostrar que es capaz de versatilidad y empeños muy superiores a los que algunos teatros consideran y el resto del reparto, Nornas y Ondinas incluidas, redondean un nivel que, asómbrense, nada tiene que envidiar al de Bayreuth. Y es que lo de Zubin Mehta, la Orquesta de la Comunitat y el coro masculino ampliado de la Generalitat Valenciana resulta casi un milagro por su espléndido sonido, en el que algunos pequeños fallos de lo metales o alguna entrada a destiempo ayudan a recordar que no es playback. ¡Qué gran lectura musical, qué modelo y lección para los demás teatros españoles! Y tan sólo en tres temporadas. Perdón, no es casi un milagro, es un milagro. Gonzalo Alonso

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