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Por Publicado el: 20/02/2009Categorías: En la prensa

Entrevista a Gregorio Marañón realizada por Arturo Reverter y publicada en Scherzo en febrero

GREGORIO MARAÑÓN: LA NORMALIDAD ES EL CAMBIO”

Lo que desea saber el lector, y todos nosotros, son las razones concretas, precisas y
convincentes del cambio; es decir, las circunstancias que han jugado para que no se
renovaran los contratos de López Cobos y de Antonio Moral y traer, con independencia de la persona, a un nuevo director artístico. Lo que hay que asumir como la normalidad es el cambio. Lo que no hay que aceptar es la inmovilidad en un teatro sea cual sea. No hay que buscar tanto razones para que no Muchas han sido las cosas que se han dicho en los últimos meses en torno a la no renovación de los contratos de Jesús López Cobos y Antonio Moral como directores musical y artístico, respectivamente, del Teatro Real y en relación con el nombramiento de Gerard Mortier. Para conocer de primera mano la cuestión hemos mantenido la siguiente entrevista con Gregorio Marañón, presidente de la Comisión ejecutiva del Patronato de la institución. Como tal nos ha recibido amablemente y nos ha dado su personal y particular versión de los hechos.

AR.- Lo que desea saber el lector, y todos nosotros, son las razones concretas, precisas y convincentes del cambio; es decir, las circunstancias que han jugado para que no se renovaran los contratos de López Cobos y de Antonio Moral y traer, con independencia de la persona, a un nuevo director artístico.

GM.- Lo que hay que asumir como la normalidad es el cambio. Lo que no hay que aceptar es la inmovilidad en un teatro sea cual sea. No hay que buscar tanto razones para que no sigan los que están, sino razones para entender que determinadas incorporaciones que sucedan a mandatos excelentemente realizados son en sí mismas enriquecedoras y positivas. Un mandato de cinco años cumplido es en sí mismo en el campo de un teatro de ópera un mandato habitual. No quiero decir que sea el más largo de los posibles, pero es normal. Digo esto porque quiero destacar que va a ser la primera vez que en la historia del Teatro Real, si no me equivoco, se producen dos fenómenos coincidentes. Por un lado se van a cumplir los dos mandatos, el del director artístico y el del director musical sin interrupción alguna contando con el apoyo en su labor de la institución desde el primer día hasta el último, y al mismo tiempo se conoce con dos años de antelación cuál va a ser la sustitución y el reemplazo. Quiero calificar esto como un procedimiento que es el habitual; es decir, que los mandatos se cumplen y las sucesiones se programan con la antelación suficiente como para que no se produzcan interrupciones traumáticas para que se puedan solapar las fases constitutivas y sobre todo para que el proceso sea público y con el tiempo necesario para preparar la transición.
El fenómeno nuevo, y lamento tener que insistir, es un fenómeno de normalidad. A partir de ahí hay una pregunta subyacente: ¿Por qué hay sucesión en vez de renovación? Ese es un tema de criterio, que no supone ningún juicio de valor acerca de lo que se ha realizado hasta este momento, sino que es un juicio de oportunidad y de conveniencia. Cuando teníamos que abordar la decisión de si renovábamos o no en ese instante, sabíamos que algunos de los directores de ópera internacionales tenían interés en venir al Real. Casualmente son los mismos con los que se contactó hace doce años cuando el Teatro inició su andadura. Los tres o cuatro principales de entonces siguen siendo los tres o cuatro que hoy tienen, por decirlo así, una mayor autoridad, un mayor prestigio o una mayor proyección internacional.

AR – La cosa no está nada clara cuando el trabajo hecho ha dado unos frutos muy concretos. La evolución del Teatro en estos once años ha ido de regular a buena, tirando a muy buena en algunos casos, y esa línea era progresivamente alta. La orquesta ha mejorado muchísimo desde el comienzo, se ha revelado que López Cobos es un hombre que la conoce estupendamente. Se le podrán poner otros defectos, pero hay que reconocerle esto y que conoce muy bien el repertorio. Moral ha aportado ideas nuevas, siempre manteniendo una notable coherencia y buscando la conexión de unas óperas con otras. Junto con Muñiz ha buscado nuevos públicos y ha ampliado el radio de acción de la programación a eso que él llamaba contextos. En principio parecería que si esto iba bien debería seguir yendo bien y que en el momento en que empezara a ir mal habría que buscar otras posibilidades.

GM – En la misma pregunta late el matiz de discrepancia. Si va peor, se dice, hay que modificar. Yo y quienes han tomado la decisión colegiadamente tenemos una visión, más que de puerto de arribada, de camino. La búsqueda de la excelencia es ese camino y no el sitio al que ya has llegado. El hecho de hacer las cosas bien o de hacerlas muy bien o, incluso, excelentemente bien, no implica el no poder cuestionarse en un momento determinado un paso distinto para ver si se pueden hacer mejor. ¿Que eso tiene un riesgo? Es evidente, pero lo que quiero aclarar es que la decisión del cambio no implica en modo alguno una puesta en tela de juicio de que las cosas se están haciendo bien, muy bien o excelentemente bien. En un momento de nervios se ha llegado a decir que el
equipo actual no tiene nuestra confianza. No es cierto: precisamente porque se tiene esa confianza se quiere que se terminen los mandatos dentro del plazo previsto. Voy a decir algo más: algunos hemos tenido un cierto papel en la configuración del actual equipo, que ha sido nombrado por una comisión ejecutiva en la que he tenido, como digo, un cierto papel. Por tanto, estoy en buena decisión para insistir en que no ha sido una decisión mía y para valorar que lo que se ha hecho se ha hecho bien.

AR – Parece que no se tenía muy claro en todo caso cuál era el tipo, el modelo, el perfil de director que se quería; porque primero se intentó con Lissner —el primer y frustrado director del Real—, pero por sus compromisos con La Scala no pudo venir. Entonces se aprovechó, al menos es la impresión que da, que Mortier estaba más o menos libre, que pasaba por aquí, que intentó lo de Bayreuth con Niky, la sobrina de Wolfgang Wagner y no le salió, que tuvo problemas en Nueva York. Es decir, pareciera que no había una idea muy clara de cuál tenía que ser el tipo de director.

GM – Quiero decir una cosa categórica: el proceso de selección del director artístico del Real no se ha producido como según se dice que se ha producido. Desde el principio se ha sabido que había más de un candidato posible; por supuesto, desde el principio se han tenido conversaciones abiertas con los posibles candidatos y finalmente, en un brevísimo espacio de apenas cuatro meses, se ha cerrado el trato con uno de ellos. En el breve lapso que media desde el mes de julio o septiembre, según se quiera, de negociar
decidir, contratar… No. Ha sido un proceso llevado seriamente, con distintos candidatos y que se ha cerrado por último con uno de ellos.

AR – Entonces, ¿niega categóricamente que se habló con Mortier —que, casualmente, estaba libre— porque Lissner no pudo? Porque se quiso primero traer a Lissner. ¿Sí o no?

GM – Niego categóricamente que el proceso haya sido así. No quiero dar información
sobre los no contratados, porque se barajaron otros nombres. Lo que digo es que las conversaciones con Mortier se han producido desde el principio.

AR – Pero al barajar, aparte de a otros que no conocemos, a dos personas tan distintas como Mortier y Lissner, de perfiles tan diferentes, parece que, en efecto, lo que se perseguía sobre todo era nombrar a alguien, a cualquiera que tuviera nombre.

GM – No es así exactamente. Cuando se nombró a Mortier en París se estuvo antes estudiando la posibilidad de contratar a Lissner. Ahora que Mortier deja la Ópera de París se vuelve a hablar de que Lissner, en un momento determinado, puede ir a esa casa. Es decir, yo creo que el proyecto del Teatro Real lo dirige Miguel Muñiz. Llevamos cuatro años y medio configurando este proyecto. Muñiz continúa. Cuenta con el pleno apoyo del Patronato y de la Comisión ejecutiva y lo que sucede es que dentro del proyecto que dirige Muñiz va a haber un cambio en la dirección artística.

AR – En su momento, Muñiz aseguró la permanencia de Moral hasta el fin. Pero quiero insistir en esa cuestión, que me parece esencial: no se tenía, en efecto, por lo que vemos, un modelo característico, adecuado al Real. Pudo haber sido Lissner el nombrado; al final es Mortier; y son muy distintos.

GM – No hay quince Mortier o quince Lissner; sólo hay uno de cada. Lo que nos puede valer para Pereira y para cualquiera de los grandes directores. Cada vez que se produce una vacante en uno de los teatros importantes del mundo, se considera a todos ellos. No es algo tan sorprendente. Y al final se elige al mejor, al más factible, al que quiere venir. Por tanto, no es que uno sea, por decirlo así, antitético del otro. Son, dentro de lo que es la gestión de una dirección artística, tan buenos el uno como el otro. Es cuestión de simples matices. Cuando se habló con ambos, en el momento de la reapertura del Real, al final se tomó una decisión. Ahora se ha optado por Mortier, que creo es un excelente fichaje.

AR – ¿Cómo juzga las recientes declaraciones de Mortier a Le Monde?

GM – Son unas declaraciones hechas hace mes y medio. A mí me parecen irrelevantes, porque lo que me interesa es que programe adecuadamente en el Real, que entienda bien lo que es nuestra institución y , por tanto, que responda a todas las expectativas. Él está hablando desde París a un medio francés sobre un país que aún no conoce del todo bien. Que pueda hacer algún comentario que posiblemente dentro de seis meses no haría me parece bastante irrelevante para lo que esperamos de él. Por ejemplo, el tema del franquismo: Mortier tarda en entenderlo exactamente media hora de conversación con alguien que se lo explique y en decidir no volver a hablar de ello. ¿Es eso relevante para lo que se espera de Mortier? No. Y no creo que vuelva a referirse al tema del franquismo, porque en media hora se explica. Pero si no vives en España a lo mejor es normal que no tengas una idea muy clara del asunto.

AR – Creo, al contrario, que esas declaraciones, en relación con el franquismo y con otras cuestiones que se suscitaban en la entrevista, no son nada irrelevantes y demuestran que este señor, en ese instante al menos, no estuvo nada listo. Hace tan sólo unas semanas, en la presentación a la prensa en Madrid, alabó lo español, al pueblo de Madrid, que quiere que el Real se mire en él, quiere captar al público, habló bien de su predecesor, habló muy bien del Teatro y dijo que lo consideraba de primera categoría. Y ahora viene y dice lo contrario. No es irrelevante, porque Mortier va a venir a trabajar aquí sin conocer qué es España y cómo son sus habitantes. Mal comienzo. Tenía que haberse callado.

GM – Eso según cómo lo miremos. La ventaja de nombrar a una persona con dos años de anticipación es que puede prepararse para cuando suba al puesto. Unas declaraciones más o menos afortunadas no me hacen cambiar la imagen.

AR – Lógicamente, se ha tenido en cuenta el currículum de Mortier, su experiencia, su preparación, pero también se habrá sopesado que, es un hombre muy polémico en diversos órdenes y que su gestión ha sido muy discutida. La prensa de París ha sido poco elogiosa con él y no lo elevan precisamente a los altares.

GM – En París ha tenido éxitos memorables en estos cinco años.

AR – Alguno como Tristán. Y también algún fiasco que otro.

GM – En Madrid Mortier va a ser el director artístico, encajado en un equipo
que, insisto, dirige Miguel Muñiz, y se va a limitar a dirigir; no a gestionar los presupuestos sino a gestionar la dirección artística y darle un carácter permanente a la gestión musical. Y cruzo los dedos para que esta experiencia en la que yo creo firmemente, y que hasta la fecha ha sido aprobada por la mayoría de los que han tenido que tomar la decisión en el Teatro, salga bien. Una apuesta firme e ilusionada.

AR – Sabemos que Mortier es un hombre ambicioso. La duda por ello está en averiguar si en el Real se limitará a esa labor de pura dirección artística, lo cual es ya mucho; pero en un teatro hay otros campos. ¿No querrá inmiscuirse en temas de administración, comunicación, gestión?

GM – Se limitará a lo suyo. A él le ha seducido, aparte de lo que es el Teatro, de lo que es España, de lo que es el público…

AR – Aunque luego, para demostrarlo, haga declaraciones intempestivas sobre todo ello.

GM – Aunque luego pueda equivocarse. En lo que yo lo conozco, su ambición es más bien artística, intelectual, que de poder. En todo caso, respecto al Real, no ha habido un solo desencuentro y por su parte existe una gran ilusión por el puesto.

AR – Mortier ha hablado de la internacionalización del Real. También usted. En rápido repaso a lo que se ha venido haciendo en los últimos años, se puede comprobar que esa internacionalización ya se está dando; y con creces. Hay bastante conexión con el mundo que nos rodea; como lo demuestra el hecho de que se puedan contar hasta 16 nuevas producciones en las dos últimas temporadas, 15 de ellas en colaboración con teatros tan importantes como La Scala, Fenice, Regio de Turín, Coven Garden, Ópera de Viena, Ópera de la Bastille… Se ha traído a directores de escena de la talla de Carsen o Bondy, Daniele Abbado, Lepage, gente muy importante. Directores musicales como Abbado, Luisotti, Marc Albrecht, Behlohlávek, Daniels, Bolton… Con algunos especialistas, así McCreesh o Christie, se ha llegado a un acuerdo a largo
plazo para desarrollar un proyecto barroco. En lo tocante a las voces, todo el mundo parece estar de acuerdo en que el nivel ha subido: Villazón, Alagna, Mattila, Hepner, Stemme, Marcelo Álvarez (con el que se preveía un contrato a largo plazo), Bartoli, Dessay, Flórez, Domingo, Reuter, Gheorghiu, Frittoli, Gallardo-Domâs, Vogt, Urmana, Damrau, Kampe, Schwanewilms, DiDonato… Un plantel que es superior al que puede ofrecerse en París o en La Scala. Lo que supone que el Real está teniendo ya un peso en el contexto o concierto de los grandes teatros europeos.

GM – Sobre eso no hay ninguna duda. Lo que han sido estos cinco años de
gestión de Muñiz, con la colaboración de Moral o López Cobos, ha supuesto,
un paso muy importante en el crecimiento del Teatro; como espero lo sean los cinco años próximos.

AR – ¿No hay temor a los desacuerdos que se sabe tiene Mortier con algunos cantantes o directores de escena muy importantes? Alguno ya ha declarado que no va a venir pese al acuerdo inicial.

GM – Haremos camino al andar. Veremos quién viene y quién no viene. Veremos
quiénes antes querían venir y ahora no quieren. Veremos quiénes antes no querían y ahora querrán. Vuelvo a decir: hemos dado un paso importantísimo en estos cinco años y creo que vamos a dar otro paso importantísimo en los cinco años que vienen.

AR – En relación con la orquesta, se sabe que López Cobos tenía en estudio practicar una reforma importante y prescindir de una serie de músicos que por unas razones o por otras no encajan bien en el conjunto. La orquesta indudablemente ha mejorado, aunque es bastante mejorable todavía y, desde luego, hasta que pueda estar a la altura de la de La Scala pasarán años. Pero tampoco me parecen claramente superiores a la Sinfónica las de otros teatros, Ópera de París incluida. Y pasando a un tema más amplio, lo que pudimos sacar en conclusión el día de la presentación de Mortier, por las cosas que dijo, es que no va a hacer realmente nada distinto, nada nuevo de lo que se está haciendo; incluso ideas que presentó como nuevas, se están ya poniendo en práctica.

GM – Yo lo digo claramente: cuando se habla de que se va a programar el 35% de ópera contemporánea o, mejor, del siglo XX y de éste, este año programamos el 33. Insisto: el programa del Teatro Real lo dirige Miguel Muñiz, se ha fraguado a lo largo de estos cuatro años y medio, y va a seguir su andadura en los próximos años sin la más mínima duda. Y sobre un trabajo excelente en estos últimos años y se va a seguir avanzando. Esa es la apuesta en la que estamos. Obviamente, el futuro dirá si se acierta o no.

AR – Por otra parte, y esto es opinable, estoy convencido de que no es el mejor modelo el pregonado por Mortier, según el cual no ha de haber para la orquesta un director titular. Eso lo pueden sostener orquestas como la de la Ópera de Viena —que tiene en el foso a la Filarmónica en realidad—, como las de las dos Óperas importantes de Berlín; quizá la de La Scala, Fráncfort, el Covent Garden, el Met… Podrían resistir sin titular. Pero una orquesta más común necesita una mente, un corazón, que regule, que analice, que organice, que estudie, que ensaye, que trabaje. La idea de Mortier es difícilmente compartible; y la Orquesta de la Ópera de París no es el mejor ejemplo.
Por otro lado, el que no haya un titular a todos nos escama mucho. Hay que sospechar que su director preferido, su amigo Sylvain Cambreling, acabe siendo un titular encubierto. Lo ha introducido en todas partes, con resultados discutibles, pues no se trata, desde luego, de un maestro demasiado brillante. Es corrientito.

GM – No quiero hablar de eso, pues nos estamos adelantando un año a la entrada en el Real, físicamente, de Mortier. En su momento él dirá lo que tenga que decir al respecto; y también Miguel Muñiz, porque yo no voy a meterme en esa parte del proyecto. Lo que sí puedo explicar, porque eso lo ha explicado él, es que se va a apoyar en ese aspecto de la gestión cultural en tres directores y uno será Cambreling, pero los otros están por definir. Ellos tendrán un carácter de mayor permanencia y entre medias será el propio Mortier el que gestione. No debemos olvidar que su primera formación es musical. Más tarde vino la parte teatral y escénica. Él cree que está en disposición
de llevarlo a cabo; y nosotros pensamos lo mismo. Esa es la apuesta.

AR – Una apuesta arriesgada, porque no creo que la Sinfónica de Madrid, si no se hace algo importante con ella, mejore mucho si no tiene un titular. ¿Cómo está ahora el Real de presupuesto? Parece que ha habido un apreciable déficit.

GM – El Teatro ha arrancado esta temporada con un ligero déficit, pero éste es mucho más bajo que el que ha habido en otras temporadas. Por ejemplo, en las temporadas de 2001 o 2003 el presupuesto era seis o siete veces más deficitario que el actual. Es prácticamente un presupuesto equilibrado.

AR – ¿Cómo está el asunto de los patrocinios?

GM – Ha habido huidas e incorporaciones, pero prácticamente también hemos
repetido la cifra de un año para otro. De momento la crisis no va a afectar; acabamos de constituir la junta de protectores, que preside Alfredo Sáenz. Contamos con los treinta y tres presidentes y consejeros delegados de treinta y tres de las principales sociedades españolas que se han incorporado en diciembre a esta junta de protectores; nos vamos a reunir por primera vez en el mes de febrero y tenemos mucha esperanza en que este organismo del propio Teatro juegue un papel muy importante en lo que es la aproximación a la sociedad civil y en el respaldo de esta sociedad al Teatro. Es algo nuevo. Lo anuncié hace doce meses, lo hemos constituido en diciembre y a partir de febrero estará plenamente operativo.

AR – Se nos erizó el vello cuando en su presentación dijo que no había podido estrenar dos óperas en Nueva York, una de Glass y otra de Wuorinen, y que pensaba estrenarlas en Madrid.

GM – Habría que tener un poco de comprensión o indulgencia. Hablaremos de su primera temporada a partir de que esté incorporado ya al Teatro, cosa que sucederá en enero de 2010. Aunque esté ya colaborando. Moral se irá a finales de ese año.

AR – Moral tiene elaboradas las temporadas 2009-2010 y 2010-2011. ¿Sabemos hasta qué punto ésta se va a respetar?

GM – Es una temporada que yo califico de transición o ambigua porque en principio la ha programado el director saliente y la va a gestionar el entrante. Cada vez que se baje el telón, el público, inconscientemente, va a responsabilizar a este último, que es el que está. Lo lógico es que la terminara de programar Moral aceptando alguna sugerencia
de Mortier, que ha valorado muy positivamente la labor realizada. Moral ha preferido o blanco o negro: o que lo hacía él sin tomar en cuenta ningún otro criterio o que lo hiciera ya el director entrante. Eso ha llevado a que, en efecto, lo vaya a hacer éste, pero, por supuesto, basándose, en lo fundamental, en lo que ya estaba programado.

AR – ¿Se puede hablar de dinero?

GM – Por supuesto.

AR – ¿Qué se le va a pagar a Mortier?

GM – De sueldos no voy a dar cifras…

Ar – Entonces, no se puede hablar de dinero. Aunque la cifra circula por ahí y ya se sabe.

GM -La cifra que ha publicado un periódico del norte, de 280.000 euros, no es
exacta. Va a ser menor. Y con ella, con ese sueldo, no vienen otros añadidos que podrían venir en el caso de un señor que traslada su residencia a España. Por tanto la cifra convenida es neta por asumir la dirección artística y la gestión de la dirección musical.

AR – Se trae dos colaboradores…

GM – Que no suponen una carga importante. Si sumamos lo que representan los colaboradores, el coste, en comparación con el anterior, será más alto. Pero creo, quiero creer o, mejor, estoy convencido, de que va a valer la pena y de que todos lo vamos a disfrutar.

AR – Si no sale, algo se juega usted…

GM – No me juego nada. Ha sido una decisión colectiva. He de insistir, una vez más, y las comparaciones son odiosas, que no quiero que se entienda que creemos que aquí se puede recorrer un nuevo tramo y hacerlo excelentemente bien y que se deba comparar negativamente con lo que ahora tenemos, sino que es una etapa nueva, que va a enriquecer lo que hasta aquí se ha hecho. Lo tengo clarísimo y me gusta repetirlo por activa y por pasiva. Lo importante de este momento es que se han cumplido los mandatos y que dos años antes se ha anticipado la sucesión. Es el dato más destacado, dentro de lo que son las prácticas habituales de los grandes teatros del mundo.

AR – ¿Y si, dentro de tres años, ganara el PP las elecciones? Nuevo cambio.

GM – Si tal caso se da, no creo que suceda eso. Toda la apuesta que se ha hecho en diciembre es precisamente, y Mortier queda aquí en un segundo orden, la de garantizar que en el Real hayamos entrado en un campo de estabilidad institucional al margen de lo que es el curso político. Como se debe intentar con instituciones como el Prado o el Reina Sofía: se ha nombrado un presidente por cinco años; se ha nombrado un patronato por cinco años; se contratan ahora directores que espero que cumplan sus mandatos y se está haciendo todo ello por unanimidad, acordada por tres administraciones públicas muy distintas, un patronato y una comisión ejecutiva. Dentro del patronato hay mayoría de personas que no trabajan ni en la Comunidad de Madrid ni en el Ayuntamiento. Son gente de prestigio, como Alfredo Sáenz, Javier Gómez Navarro, Jerónimo Saavedra. Es decir, hay ocho o diez o doce personas que no dicen que sí a todo. Este proceso de unanimidad y de unificación de criterios nos demuestra que, gane quien gane las próximas elecciones generales, el Teatro Real va a seguir su curso exactamente igual. Y cuando venza mi mandato de cinco años vendrá otro presidente que hará distintas cosas o vendrá a enriquecer lo realizado. Que es lo mismo que intento explicar a la dirección artística cesante.
Arturo Reverter

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