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FIESTAS MUSICALES EN CANTABRIA
Por Publicado el: 01/08/2014Categorías: Recomendación

FIESTAS MUSICALES EN CANTABRIA

 
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FIESTAS MUSICALES EN CANTABRIA (II)

Hace unas semanas hablábamos desde esta página del Encuentro de Música y Academia de Santander. Comentábamos entonces cómo y de qué manera la capital de Cantabria se convierte todos los veranos en una verdadera fiesta musical. Y decíamos que aquello era solo la primera parte de esa fiesta, prometiendo referirnos con posterioridad a su continuación. Hela aquí.

       1948 fue un año interesante. Por ejemplo, fue el año en el que Richard Strauss compuso sus Cuatro Últimas Canciones. Pero también en el que Ghandi fue asesinado, la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada en la Asamblea General de las Naciones Unidas y el año en que Ben-Gurion fundó el estado de IsraelDe todo esto  hace ya 66 años (un número que además concierne al que esto escribe), justo los transcurridos desde que el claustro del seminario del antiguo monasterio del Monte Corbán conoció los primeros conciertos de lo que hoy se entiende como Festival de Santander; también el hospital de San Rafael (hoy la sede del gobierno autónomo) y, cómo no, esa maravilla urbana que tienen los santanderinos llamada Península de la Magdalena. Más tarde, y ya con el inolvidable Argenta al frente, surgió el siguiente no menos inolvidable espectáculo de la Plaza Porticada, sus muchas veces mojados conciertos, todos y cada uno de ellos una auténtica declaración de principios musicales. El festival en la plaza tuvo lugar con puntualidad todos los veranos hasta 1990, cuando Mstislav Rostropovich echó el cerrojo, a la par que daba la bienvenida al Palacio de Festivales, recinto exento de los perennes perfumes románticos de la Porticada pero mucho más adecuado para una escucha correcta de la música clásica. A partir de 1991 el festival es rebautizado añadiéndole el adjetivo internacional, siguiendo a su frente (lo estaba ya nada menos que desde 1979) hasta hace un par de años José Luis Ocejo, probablemente la persona que más tiempo ha estado en nuestro país dirigiendo un festival o muestra parecida.

     Bien. Cuando suceden cosas así, se muere de éxito (aun deudas incluidas), porque se acaba pensando que se puede hacer todo, y de cualquier manera. Sus actuales encargados, el flautista y director de orquesta Jaime Martín y su brazo derecho Valentina Granados, recibieron el año pasado una herencia envenenada: una marca de prestigio y solera, un nombre, pero una institución endeudada hasta las cejas, y en algunos aspectos económicos relacionados con la gestión (bancaria, sobre todo) de algún que otro pillo autoproclamado defensor (representante) de los intereses de los artistas, que acabó en los juzgados ordinarios (*). Levantar, pues, el Festival el curso pasado, y, más, aguantar en este, y más, con una oferta como la que a continuación se va a comentar, es un logro de primer orden. Es de esperar que a los valerosos responsables de dar una solución progresiva a las maltrechas cuentas, conservando al  mismo tiempo el espíritu del Festival, se les dé unos cuantos años (aunque desde luego no tantos como a Ocejo, auténtico monarca de la Casa) para mostrar un trabajo que, según parece, va por el camino lógico, correcto y deseable.

      No se ha inventado nada nuevo; se ha preparado una programación ajustada a presupuesto, es decir, anti-fasto, pero que puede llegar a interesar al consumidor por su atractivo, variedad, calidad general y, en algunos casos, aditivos de ese tipo de modernidad que los programadores actuales buscan para acceder a nuevos públicos o nuevos estratos de los ya existentes. Personalmente pienso que huir de la dilapidación, por muy justificada que esté en el caso de los sueldos de algunos tan grandes como desaprensivos artistas, no solo está muy bien sino que en los tiempos que corren es una obligación moral.

      No voy a seguir hablando de dineros, que ya está bien. Lo haré ahora de música, que desde luego es mucho más higiénico y formativo. Este lunes se abrirá el Festival con un maravilloso concierto: la Cantata BWV 4 de Bach, junto al Stabat Mater de Domenico Scarlatti y el Dixit Dominus de Haendel. O lo que es lo mismo, un programa de ensueño, rematado además por un pequeño detalle: se lo podremos escuchar a los Solistas Barrocos Ingleses y al “extraterrestre” Coro Monteverdi, ambas agrupaciones tuteladas desde el podio por Sir John Eliot Gardiner. Sin exagerar: un acontecimiento.

       Esa será la apertura. 26 días más tarde, ya a finales de agosto, se producirá el cierre con la visita de la Orquesta Filarmónica de Londres, con el sólido Vladimir Jurowski, para dar dos programas de corte eminentemente popular, con algún toque más específico. En el primero, Jurowski acompañará al espléndido cellista Truls Mork en el concierto de los conciertos para ese instrumento (Dvorak), cerrando la velada con la Patética de Chaikovski. En el segundo, quienes se dejen caer por la capital cántabra podrán disfrutar de los servicios musicales de Patricia Kopatchiskaja, una joven violinista moldava que ya ha colaborado discográficamente con Jurowski. Atención, es una gran violinista, que además ha escogido para esta ocasión una obra enorme que se escucha poco: el segundo de Bartók. Jurowski comenzará y cerrará el concierto en solitario, con una pequeña pieza para orquesta (unos seis minutos de duración),  Chorale,de Magnus Lindberg, y la popular Heroica de Beethoven. Tales son el principio y el final. Pero entre medias la fiesta incluye propuestas de variada y, repito, interesante índole. Citaré algunas.

         Por ejemplo, el Festival contará con dos directores muy importantes, por distintas razones. Me refiero a Eliahu Inbal y a Yannick Nézet-Séguin, que dirigirán, respectivamente, a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y a la Filarmónica de Roterdam. Inbal acompañará al extraordinario pianista canario Iván Martín en el 23 de Mozart (después de haber dirigido la obertura de Las bodas de Fígaro) para acabar con la Octava de Dvorak: perdóneseme la obviedad pero a veces conviene recordar ciertas cosas, ni más ni menos que una de las sinfonías más hermosas de todo el período romántico (un consejo: repasen el último movimiento: ¿conocen alguna obra sinfónica en la que el caudal temático sea tan maravilloso y exuberante?) Por su parte, Nézet-Séguin dirigirá a Emanuel Ax en el primero de Brahms, para acabar con la Scherezade de Rimski-Korsakov. Decía antes que dos directores importantes por distintas razones: en dos palabras, un clásico de marca reconocida y comprobada, y un director joven que para muchos contiene los mejores valores de la dirección orquestal moderna.

      Es necesario consignar dos conciertos sinfónicos más, por una doble razón. La primera, por estar dirigidos por Jaime Martín, que además de ostentar el cargo de actual director del Festival, y además de sus más que sobradas dotes como solista de flauta, está desarrollando una importante carrera como director de orquesta. Y la segunda porque dirige a la Joven Orquesta de Cantabria, una jovencísima agrupación que funciona desde hace unos pocos años y que está integrada por chicos y chicas de los conservatorios de la ciudad. ¿Qué tiene todo esto de particular? Pues las mismas particularidades que suelen tener casi todas  las orquestas jóvenes; que tocan muy bien, y sobre todo con muchas ganas, dos cosas que cuando se juntan suelen dar muy buenos resultados. Los conciertos se celebran en Santander y Torrelavega, y el programa habla por sí solo: una décima de Shostakovich (que como todo el mundo sabe requiere una orquesta mahleriana, al menos) y Dúo Vital (la soberbia Suite Montañesa).

    Naturalmente el Festival incluye la correspondiente cuota barroca: la Akademie Für Altemusik Berlin hará un programa con obras de Vivaldi, Caldara, Albinoni, Marcello y Tessarini; Emilio Moreno al violín barroco (con los hermanos Zapico, Pablo y Aarón, guitarra barroca y clave, respectivamente) desarrollarán un programa con el título genérico “El Gran Violín Barroco/C.P.E. Bach y su época”, en conmemoración del 300 aniversario del nacimiento de Carlos Felipe (¡qué buen gusto acordarse de este soberbio y fundamental músico cuyo único defecto fue ser hijo de su padre), con obras de él mismo y Veracini, Herrando y Corelli; Il Fondamento, desarrollará precioso programa de Haendel; Harmonía del Parnás hará un programa en torno a la músca colonial; el Ensemble Inégal ( soprano, violín y órgano) tocará obras de  Monteverdi , Cabanilles y Biber, entre otros; La Tempestad interpretará la soberana Ofrenda musical bachiana; y, por último, la Orquesta Barroca de Sevilla interpretará otro monográfico de Bach con varios conciertos (Brandenburgo) y una suite.

      Hay igualmente música de cámara: Ibertcámara-Verum homenajerá a Dúo Vital en el 50 aniversario de su muerte, y habrá recitales de los Cuartetos Quiroga (que se encuentra en un dulce momento de su carrera) y Francisco de Goya, y de los Treíos Spleen y Gombau. En cuanto a solistas de  piano Horacio Lavandera programa un estreno absoluto y tres sonatas de Beethoven, y el grandísimo Pierre Laurent Aimard nos regalará otro de esos programas para no olvidar: una selección de El clave bien temperado der Bach, la sonata 31 de Beethoven y las Variaciones y Fuga sobre un tema de Haende de Brahms.Impresionante.

      Y en fin, habrá danza (Compañía Nacional y ballet de Víctor Ullate), así como una serie  de conciertos de difícil clasificación pero que rezuman atractivo por todos los costados: los de Menchu Mandizábal (¡menuda desaprovechada pianista, cómo no la podemos ver tocar más!)  y su marido Fernando Palacios (muy recomendable), Manuel Llanza, el guitarrista Enrike Solionis, Ara Malikian, Raquel Andueza con Neopercusión, Viktoria Mullovava, Rosa Torres Pardo… y hasta la reposición del estreno de Cendrillon, de la hija de Manuel García, la cantante Pauline Viardot, que recuperó a principios de este año la Fundación Juan March.

      En fin, solo me resta decir  que para informarse de precios, lugares y horarios no hay más que hacer clic en el siguiente enlace: http://www.festivalsantander.com/index.php/programa/calendario  Pedro González Mira

     (*) Minutos antes de editar este artículo me llega la noticia de que el Festival ha ganado el pleito que interpuso contra el “gestor” Sorin Melinte, reclamando las cantidades correspondientes a un pago pendiente por incumplimiento de contrato. En otras palabras, para la jueza, el señor Melinte, y según he podido leer en el diario local El Montañés, cobró del Festival, pero el espectáculo no tuvo lugar porque los artistas (nada menos que la Filarmónica de la Scala de Milán), no habían recibido el dinero que debería haberles abonado el tal Melinte. Resultado: nadie sabe dónde está ahora este individuo y qué ha sido de sus empresas, declaradas en rebeldía procesal, con lo que los encargados de la dirección del Festival van a tener dos opciones: una, olvidarse de cobrar los casi ¡300.000! €. del “pufo”, o seguir bregando por el cobro. Mis mejores deseos para que no desfallezcan en el empeño, y como suele decirse en estos casos, “caiga quien caiga”.

 

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