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Por Publicado el: 19/03/2015Categorías: Entrevistas

Igor Ijurra: «Creo en la relación entre coros y directores»

 

foto igor ijurra actual

Igor Ijurra, Maestro Director del Orfeón Pamplonés

 

 

El Orfeón Pamplonés celebra siglo y medio de vida con la Novena Sinfonía de Beethoven

 

  • Νo hemos vivido nunca por encima de nuestras posibilidades.
  • Los coros, como la economía, tienen ciclos.
  • Cuando el Osasuna está pegando, también el Orfeón da alegrías a los ciudadanos.
  • En España tenemos muy buenos coros, con mucha capacidad y con mucho recorrido.

 

 

El concierto de hoy jueves en el Auditorio Baluarte de Pamplona, aparte del peso de los invitados -la orquesta del Mariinsky de San Petersburgo con su titular Valery Gergiev– tendrá mucho de extraordinario. Ese mismo día, un 19 de marzo, pero de 1865, se presentaba por primera vez ante el público el Orfeón Pamplonés, una de las instituciones que desde su creación ha gozado de más reconocimiento y apoyo entre la sociedad Navarra. Lo prueba el hecho de que en los comienzos de su andadura contase entres sus Socios Honorarios con personajes destacados del mundo de la música como Gaztambide, Arrieta o Hilarión Eslava. Además de tener entre sus filas en los primeros años a un joven Julián Gayarre, que mostró agradecimiento al Orfeón a lo largo de su vida, ofreciéndole su apoyo económico cuando esta agrupación no profesional atravesaba alguno de los momentos de crisis que le ha tocado vivir a lo largo de una vida tan dilatada. La última, en los pasados años 90, superada desde hace una década con un equipo de gestión solvente en el apartado económico y gerencial, y con un Maestro Director como el navarro de Etxarri Igor Ijurra, que la han vuelto a situar entre las primeras agrupaciones corales europeas. Las celebraciones del sonado aniversario mantienen a Ijurra en contínua tensión. “De aquí a primeros de agosto es un sinvivir”, comenta, admitiendo el inevitable peaje en un año tan especial, que se traduce en esa agenda repleta de viajes, grabaciones y actos de agradecimiento oficial a los premios otorgados por la efemérides. Pero sobre todo, conciertos de altos vuelos como el de hoy, cuando cantarán la Novena Sinfonía de Beethoven, una de las obras fundamentales de su repertorio.

Carta manuscrita de Gayarre

Carta manuscrita de Gayarre

P. Un concierto así para un aniversario tan redondo era obligado

R. Cuando hace dos años empezamos a pensar en cómo celebrar ese día tan especial a lo grande, surgió la oportunidad, aprovechando que estaba de gira, de traer a Pamplona a Valery Gergiev para dirigir la Novena Sinfonía de Beethoven que, para mayor trascendencia, nunca antes había dirigido en España. Además, hacemos el estreno absoluto de Tempus vernum, encargo del Orfeón al compositor alicantino Vicente Egea, que lleva 30 años viviendo aquí, donde dirige la banda La Pamplonesa. Para que sirviese de preludio, le pedimos una obra corta para gran orquesta sinfónica y coro, que ha escrito a partir de un texto sobre la primavera del Cancionero de Ripoll, coetáneo prácticamente de los Carmina Burana. Le ha gustado mucho a Gergiev, y ya sabemos que sus conciertos tienen mucha electricidad.

P. ¿Habían trabajado antes con este director?

R. Gergiev es un nombre importante en la historia del Orfeón. Con él, en 2010, fuimos por primera vez a Estados Unidos: primero a Washington y después al Carnegie Hall de Nueva York. Nos resulta especialmente interesante al haber apostado por nosotros

P. Se convirtieron en la primera asociación coral española que actuaba en el mítico lugar ¿continúan manteniendo ese estatus?

R. Así como en el Avery Fischer Hall, cuando fuimos en 2012 en nuestra segunda gira ya había estado el Coro Nacional, en el Carnegie, que sepamos, somos el primero y único. Y según nuestros datos también lo seremos este verano en los Proms, donde al parecer no ha habido ningún coro ni orquesta españoles.

Carnegie Hall de Nueva York  2010

Carnegie Hall de Nueva York 2010

P. ¿Conocía Gergiev al Orfeón antes de su colaboración americana?

R. Nos ha dirigido en seis ocasiones. Trabajamos con él y su orquesta del Mariinsky por primera vez en 2009 en Pamplona y Zaragoza. Después de esa toma de contacto nos llamó para Estados Unidos.

P. Desde entonces ¿les ha vuelto a reclamar?

R. El mismo año le trajimos nosotros a Pamplona con Mariinsky para la Segunda de Mahler que nos había dirigido en América. Después, en la temporada 12-13 nos brindó la posibilidad de hacer con él y la London Symphony un réquiem de Szymanowski, pero no fue posible

P. Una negativa a añadir a la que hicieron a Pierre Boulez

R. Y ambas, curiosamente, habrían sido en la Salle Pleyel de París, pero estábamos ahogados de trabajo. La de Boulez estaba prevista para mayo de 2012, y tuvimos que decir no a este icono de la música porque coincidía con nuestro viaje a Nueva York. Mantuvimos también conversaciones para una posible colaboración con Abbado que nunca fructificaron, pero la oferta de Boulez era en firme.

P. ¿Han declinado muchas ofertas por problemas de disponibilidad?

R. Los proyectos internacionales que no cuajaron fueron estos y cuando no pudimos estar con Ennio Morricone para algo especial en Santander. Pero en España hemos tenido que dar el no a distintas orquestas por razones de agenda. Por una cosa u otra, no hay manera de trabajar, por ejemplo, con López Cobos. En 2013 nos llamó para el War requiem, pero una semana antes estábamos comprometidos para un Requiem Alemán en Bilbao. Al no haber hecho nunca la obra de Britten, no nos pareció adecuado mezclar las dos en la preparación. Fuimos coherentes, porque llegamos bien a la de Brahms, pero no hubiéramos llegado a la segunda. O no habríamos hecho ninguna de las dos con el rigor que nos gusta. Ahí está también Granada donde hace mucho tiempo que no va el Orfeón. El año pasado nos propusieron hacer una vez más con Fura dels Baus el Camina Burana que habíamos estrenado con ellos, pero eran las mismas fechas que teníamos cerradas con el festival de Orange. ¡Además en Sanfermines!.

P. ¿Cuándo comienza a indagar el Orfeón en el gran repertorio?

R. En la década de 1880, mientras que en toda España se hacía fundamentalmente música italiana y zarzuelas, empieza a llegar a Pamplona el repertorio centroeuropeo por medio del Orfeón y la Orquesta Santa Cecilia, precursora de la Sinfónica de Navarra, gracias a Sarasate, que trae las partituras. Así, a finales de ese siglo se escucha también música de Wagner y otros compositores de esas latitudes. Se produce un cambio de orientación, que continuará con la entrada de la música popular vasca, que no existía cuando surgen los orfeones, y que a principios del siglo 20, tendrá como exponentes a compositores que escribieron mucho para orfeón. Como Sorozábal o Guridi, de quien existen grabaciones con la Sociedad Coral de Bilbao.

P. Habría que esperar hasta 1903 para el gran cambio, con el acceso a sus filas de las mujeres

R. Ese es el gran cambio. Poquito a poco, tras arrancar con el repertorio mixto, comienza a entrar el sinfónico-coral. La eclosión será en los años 20, con dos obras de Beethoven como la Novena y la Missa Solemnis, que estrena en España el Orfeón Pamplonés.

P. ¿Cuándo interpretaron por primera vez la Novena Sinfonía?

R. No tenemos el dato exacto. Aunque probablemente haya sido antes, sabemos que en 1927 se hace en Madrid.

P. ¿Cual es la cuota femenina en este momento?

R. Partiendo de la base de que en los coros es habitual que haya más mujeres, el Orfeón lo componen hoy 60 mujeres y 50 hombres. En esas cifras estamos.

P. La Missa Solemnis y la Novena Sinfonía ¿serían, junto al Requiem de Verdi y el Elías de Mendelsohn sus grandes caballos de batalla?

P. Indudablemente. Además del Carmina Burana. Me imagino que en el caso del Orfeón Donostiarra y la Sociedad Coral de Bilbao, también serán las obras más interpretadas. Comentaba el otro día en una conferencia que la Novena se canta en 1927 con Arbós, más tarde –en 1949 y 1953- con Argenta en Madrid y Valladolid; en los 60 con la Orquesta de la Haya y Villem van Otterloo; entre 1964 y 1971, Frübeck la dirige hasta en seis ocasiones; en los 70 Michel Plasson, y en los 80 y los 90 sobre todo Alain Lombard en Francia.

Teatro Real. Madrid, 1970

Teatro Real. Madrid, 1970

P. Aparte de estas gloriosas batutas, otros personajes tan reputados como Maurice Ravel, les ha dirigido

R. Ravel viene en 1929 para dirigir aquí a capella sus Trois chansons. Y aunque no está del todo probado, parece que también dirigió Camille Saint Saëns, por la relación que existe con él que, invitado por Sarasate, asistía a las matinales de San Fermín cuando las fiestas eran otra cosa. Ahora nos limitamos a la Misa de San Fermín, que hacemos para el ayuntamiento.

P. ¿La relación del Orfeón con Frübeck fue crucial?

R. Incluso en lo que respecta a la Novena. Es importante que en 2008, después de 37 años sin dirigir al Orfeón, comenzara a invitarlo en las fiestas navideñas para su clásica Novena con la Sinfónica de Madrid. Trabajar tanto con Frübeck en sus últimos años después de quedarse encantado con aquellos conciertos, supuso uno de los grandes revulsivo para nosotros. Pocos meses después no propuso ir a Nueva York, y así hicimos nuestro segundo viaje a esa ciudad. Ese mismo año se frustró la gira con él de cinco Solemnis y dos Novenas que finalmente se hizo con Gerd Albrecht, que murió cuatro meses antes que el maestro Frübeck. Con él, en septiembre del año pasado, íbamos a hacer el Requiem Alemán, pero desgraciadamente se nos fue en junio. Si la vida le hubiera dado salud, creo que habríamos hecho juntos muchas cosas importantes.

P. ¿Fue su director ideal?

R. Mi relación con él era una maravilla, porque era un persona muy directa, muy accesible; cumplidor, puntual, serio. Nunca se andaba por las ramas. El prototipo de músico pragmático. En Estados Unidos lo querían mucho porque iba al grano sin perder tiempo en nada. Un modelo como músico de primer orden. Tengo guardadas como un tesoro las notas de la Missa que en 2011 trabajé con él en Washington. La orquesta le adoraba 20 años después de haber sido su principal director invitado porque, aunque Rostropovich era el titular, sobre él recaía todo el trabajo. De los 30 músicos que pasarían por su camerino, uno me dijo This guy is the best. Estamos hablando del director internacional que más dirigía en EEUU. Un pedazo de músico que en los últimos años no fue titular de una orquesta grande porque no quiso.

P. 150 años y Excelente Salud es el leit motiv de este año  ¿Refleja el momento del Orfeón?

R. Aunque me gusta que sean los demás quienes juzguen tu trabajo, objetivamente creo que está en una de sus etapas interesantes. No puedo decir si ahora cantamos mejor que hace 30, 50 ó 60 años porque no lo sé. Entrar en esos debates sería además una torpeza. Pero que es una de las etapas más florecientes del Orfeón en 150 años, nos lo dice la gente del mundillo de la música, el público que nos sigue, los directores… Y a los hechos nos remitimos, después de haber trabajado en los últimos años con orquestas de primer orden como la del Mariinsky, la Filarmónica de Nueva York, la Philharmonia y la Filarmónica de Londres.

Londres. Réquiem Verdi.  2015

Londres. Réquiem Verdi. 2015

P. En lo que va de año se anotan la Filarmónica londinense, ahora la Orquesta del Mariinsky…

R. …y luego iremos a los Proms con la BBC de Manchester y Juanjo Mena, que, junto con Frübeck son, sin duda, los mejores director de orquestas y coros que me he encontrado.

P. ¿Algún hito más en lo que falta de 2015?

R. Alguno más hay. Como el disco de Dvorak con la Orquesta de Navarra que, aunque no sea igual de mediático, para nosotros es un nuevo reto esa grabación de estudio con lo que ello conlleva, al ser algo a lo que el Orfeón no está acostumbrado. Nos gustaría tener alguna sorpresa más para fin de año. Estamos en conversaciones, pero aun no podemos decir nada.

P. ¿La locura de 2015 es especial?

R. Este año tendremos tres o cuatro actuaciones más que otros, pero llevamos unos cuantos de actividad parecida. En cuanto a número, la temporada 11-12 tuvimos tantos conciertos como los que vamos a dar este año. Pero si entonces había mucha obra de repertorio, ahora tenemos obras nuevas, debiendo enlazar muchos repertorios diferentes. Y como ha habido una renovación en los dos últimos años de 25 orfeonistas, para ellos todo es nuevo. El desafío añadido pasa por actuar con orquestas nuevas y en lugares que no conocíamos.

P. ¿No tienen miedo a otra crisis como la de los 90?

R. No. Pero si es una crisis natural y tiene que venir, que venga. Cuando llegué en 2005 no estaba en mi mente que daríamos saltos en vez de pasos. Pero si en mis planes de expansión internacional estaba ir recuperando plazas como Burdeos o Toulouse -territorios naturales para nosotros al estar a la misma distancia que Valladolid o Madrid respectivamente-, resulta que, aparte del Carmina Burana que hicimos en Lyon en 2011, a estas dos ciudades hemos ido por primera vez, tras más de 15 años, en 2013, ¡cuando ya habíamos estados dos veces en Estados Unidos!. Visto así, la progresión artística es más que notable. Pero los coros, como la economía, tienen ciclos. Mantenerse 20 años al mismo nivel es muy difícil. La experiencia personal me dice que esos períodos en el caso de los coros son de siete u ocho años. Al llegar ese momento se produce una especie de renovación, que nosotros ya vivimos en los años 12-13. Puede darse el caso de que al finalizar un año como 2015 terminemos todos agotados. Por eso: porque de seguir con la misma marcha podría surgir un problema gordo, estamos pensando para 2016 en un primer semestre –especialmente los tres primeros meses- de mucha tranquilidad. Si otros años los hemos empezado haciendo ópera escenificada en Baluarte en enero, por ejemplo, el que viene haremos una en abril.

Orange. Musique en Fête. 2014

Orange. Musique en Fête. 2014

P. Para seguir adelante ¿es importantes crear vínculos, fidelidades?

R. Eso es. Creo en la relación entre coros y directores. Cuando un director de orquesta ve que existe química con un coro, porque le gusta la sonoridad, el modo en que responde o, simplemente, porque se establece una comunión entre ellos, surgen las buenas relaciones y los grandes proyectos. Por eso añoramos tanto a Frübeck y queremos tanto a Juanjo Mena, que va a hacer una carrera fenomenal. Por la capacidad de ambos para tratar a un coro, sabiendo lo que se puede sacar de él. Son directores modélicos, con los que el coro siempre sube su rendimiento. A Juanjo lo conozco desde hace 22 años, porque fue uno de mis primeros profesores de dirección de coros. Con él trabajamos en 2006 y 2008 haciendo Requiem Alemán y Elías. Podía haber sido en algún proyecto más en España, pero esas cosas a veces no llegan a gestarse por diversos motivos. También nos hubiera gustado tener ese tipo de relación con Gergiev, pero por su personalidad es más difícil. Aun así, esta va a ser la séptima vez que nos dirija, y no creo que fuera de su coro o el de la London Symphony haya muchos que puedan decir lo mismo. Buscamos esa complicidad de los directores, porque tienen capacidad de proponer a un gerente ese coro determinado. Frübeck podía imponer su criterio y cambiar en la filarmónica de Nueva York los Carmina Burana previstos por una Atlántida de Falla ¡A ver quién es capaz de hacer eso!.

Madrid. Auditorio Nacional. Enero 2015

Madrid. Auditorio Nacional. Enero 2015

P. Desde el punto de vista económico ¿Se han vuelto locos para la celebración?

R. Es verdad que 150 años sólo se cumplen una vez. En lo que respecta a 2015, aunque desde el punto de vista musical va a ser un año de mucho trabajo, y muy exigente por la responsabilidad que conlleva estar en el foco de la noticia, económicamente no se nos ha ido la cabeza. El Orfeón no se va a endeudar. No ha vivido nunca por encima de sus posibilidades y no lo va a hacer ahora. En su momento pensamos ser más ambiciosos, pero luego nos dimos cuenta de que contamos con una programación buena y suficiente.

P. Siempre habla en plural. ¿Qué hay del Ijurra que en diciembre debutaba frente al coro de la RTV?. ¿Le queda tiempo para incursiones en solitario?

R. Apetecerme, me apetecen, porque todo director quiere –al menos a mi me sucede- hacer cosas diferentes. Es cuestión de ver como coordinamos la actividad, pero es un proceso muy lento. Lo primero es empezar a sembrar, pero estaría encantado de dirigir coros, porque como músico me gustan los retos. Trabajar en diciembre con la RTV lo era, al tratarse de la primera vez me ponía frente a un coro profesional. Además, con una obra que no había dirigido nunca. Para colmo, Bach. Pero me sentí muy a gusto. Fue una experiencia maravillosa. Si me invitan otras formaciones estaré encantado de acudir. Entre otras cosas, porque si estás haciendo un repertorio determinado con el Orfeón y te llaman para hacer otro, te viene bien, porque necesitas oxigenarte. No porque esté aburrido de hacer Beethoven, Bruckner y Brahms. Todo lo contrario. Pero como al Orfeón no se le pide, difícilmente voy a programar Bach, Handel o ciertas obras contemporáneas que me gustaría hacer. Eso solo es posible con un coro profesional, y en España los tenemos muy buenos; con mucha capacidad y con mucho recorrido.

P. ¿Cómo se motiva al colectivo de un coro como el suyo para que asuman su labor casi como una profesión? ¿Con orgullo de pertenencia?

R. Un poco de todo. Lo primero, porque al gustarles cantar -que quede claro que esa es su afición-, son músicos más refinados con un espíritu que les lleva a superarse musicalmente. Por otra parte, es un coro integrado por gente de distintos puntos de Navarra: de la montaña, la ribera… aunque hemos llegado a tener un ecuatoriano, un argentino, y ahora hay tres madrileñas que han venido a vivir aquí… Al ser heterogéneo en cuanto a profesiones y procedencias, también lo es en sus metas. Algunos tienen entre sus objetivos disfrutar, salir a conocer el mundo, y el Orfeón permite hacerlo. Luego, el orgullo de pertenencia es también muy importante. Lo estamos viendo en los últimos años. Cuando entré al Orfeón, iba poca gente a los conciertos a capella, porque no estaban bien considerados. Ahora, vamos a los pueblos a cantar, por lo general en iglesias, y están llenas, con el público esperando en pie. Se siente el calor en esa proximidad. Sin contar los que te paran por la calle para felicitarte porque saben que hemos cantado en Londres o donde sea. La repercusión social del Orfeón Pamplonés cada vez mayor, y los navarros sienten orgullo cuando hablan de nosotros en la radio o nos ven en televisión. Los orfeonistas están sintiendo esa imagen positiva que damos hacia afuera de Navarra. Más ahora, cuando el Osasuna está pegando, al ver que también el Orfeón da alegrías a los ciudadanos.                         Juan Antonio Llorente

(Fotos: Archivo del Orfeón Pamplonés)

Un comentario

  1. Dani Sánchez Riveros 21/03/2015 a las 16:25 - Responder

    Igor. Gran director y mejor persona.

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