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Por Publicado el: 02/07/2021Categorías: Colaboraciones

James Gaffigan, la alternativa real en el Palau de les Arts

James Gaffigan, la alternativa real

Era un secreto a voces. El estadounidense James Gaffigan será el próximo director musical de la Orquestra de la Comunitat Valencia. Los pronósticos se han confirmado y el martes se hizo por fin oficial el esperado nombramiento. Gaffigan, neoyorquino de 1979, se convertirá así, a partir de la próxima temporada, en el cuarto titular de la OCV, tras su fundador Lorin Maazel, y el estéril y disímil periodo bicéfalo compartido por Roberto Abbado y Fabio Biondi, a los que aún habría que añadir el añorado Zubin Mehta, estrechamente vinculado a la orquesta desde los inicios, en su calidad de presidente del desaparecido Festival del Mediterrani.

james-gaffigan

James Gaffigan

Se trata de un nombramiento polémico, que defraudará sin duda a los que pensaban, quizá ilusoriamente, en un perfil a lo grande, en plan Maazel, Mehta o Chailly. La realidad es tozuda y los tiempos son otros. La Orquestra de la Comunitat Valenciana es un conjunto excepcional, de primer orden, pero no nos engañemos: València no es Viena, Berlín ni Londres. El milagro del Palau de les Arts fue posible en un momento muy concreto y con unos medios económicos impensables hoy; impulsado, además, por las expectativas que siempre genera un proyecto inédito emplazado en un edificio ciertamente emblemático pese a sus carencias y deficiencias.

Gaffigan no es, en absoluto, un cualquiera. Es “casi” un primera espada, de presencia regular en los mejores teatros y salas sinfónicas. Una figura de prestigio dentro y fuera de los ámbitos profesionales, con una carrera en ascenso, consolidada ya a ambos lados del Atlántico en los mejores podios y fosos. Cuenta, además, con el apoyo de los propios profesores de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, que desde el primer momento apostaron abiertamente por él. O por Gustavo Gimeno. Pero una vez que el atareado director valenciano, titular en Luxemburgo y Toronto y con una apretada agenda como director invitado, dijo por activa y pasiva no poder asumir esta invitación, “por no disponer del tiempo necesario para desempeñar esta responsabilidad”, todas las opciones se decantaron hacia el director estadounidense, que se estableció así como la alternativa real más cabal y pertinente.

Su primer y único programa de concierto con la OCV fue el Réquiem alemán de Brahms que dirigió en diciembre de 2019. Los músicos se quedaron entonces mayoritariamente encandilados ante su modo de trabajar, profesionalidad y trato. Luego, hace apenas unos meses, en enero, Gaffigan hizo los ensayos de Falstaff, cuyo estreno finalmente, a consecuencia de la pandemia, tuvo que ser pospuesto al 2 de marzo, fecha que él no tenía disponible. Fue sustituido por Daniele Rustioni. Se perdió así una ocasión de oro para validar y confirmar las expectativas generadas en aquel Réquiem alemán que, a pesar de todo, no a todos convenció. 

Desde entonces, han pasado por el podio de la OCV otros grandes directores que también han fascinado a los profesores de la orquesta, como Manfred Honeck, Antonello Manacorda o Daniele Gatti, que precisamente dirige hoy y mañana [1 y 2 de julio] el Réquiem de Verdi. Hay que subrayar que James Gaffigan juega en la misma división que ellos. Es un maestro de incuestionable competencia, que viene encantado a València, con unas condiciones económicas más que razonables, sensiblemente más asequibles que las de Alexander Liebreich en la vecina Orquestra de València. Ha firmado por cuatro años, con dos conciertos sinfónicos y dos óperas por temporada.

Todo apunta a un acuerdo sensato que no cierra las puertas a nada. El tiempo dirá si convendrá renovarlo o establecerlo como periodo transitorio hacia el mirlo blanco que todos sueñan. Pero hoy por hoy, es evidente que era la mejor, y quizá, única alternativa real. El futuro está abierto. Lorin Maazel y cía pertenecen al pasado. Y casi todos hemos aprendido que los “mirlos blancos” hace ya tiempo que dejaron de existir. Justo Romero

Publicado el 1 de julio en el Diario Levante

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