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Carta a Alfredo, a los diez años de su fallecimiento
Cordura lírica
Por Publicado el: 23/07/2009Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

La crisis económica y de ideas pasa factura a los festivales europeos de 2009

Festivales 2009
Crisis económica sobre crisis artística

La crisis económica que nos invade casi acaba con dar la puntilla a los que hasta la fecha se han considerado en Europa los festivales musicales por excelencia, los de Salzburgo y Bayreuth, y es que la penuria monetaria se ha superpuesto a la penuria de ideas por la que atraviesan desde hace ya casi una década. Ambos inician sus andaduras el 25 de julio.

Salzburgo todavía no ha acabado de encontrar su propia personalidad tras la grandilocuente que Karajan le imprimió y Mortier se encargó de desbaratar. Aunque el festival ya estaba enfermo, el esplendor de la era del mítico director se convirtió ciertamente en un serio problema a la hora de su fallecimiento. Se optó por Gerard Mortier en la búsqueda de un concepto totalmente diferente que revolucionase el certamen más que lo renovase. Prescindió de repertorios tradicionales y llenó la ciudad de jóvenes aguerridos del área escénica (Sellars, Mussbach, Wilson, Neufels, Marthaler, etc) que vinieron a sentarse en el trono que hasta entonces habían ocupado los directores musicales. La apuesta deslumbró durante la primera mitad de la década Mortier, pero acabó resultando un suicidio. Salzburgo era el festival de los magnates y el dinero no viaja para presenciar atrevidas puestas en escena con intérpretes y directores musicales casi desconocidos. El dinero pedía glamour y el dinero se fue. Las casas discográficas que mantenían oficinas en Salzburgo a las que acudían todas las planas mayores fueron cerrando, los comerciantes se quejaron y llegaron los enfrentamientos entre la dirección artística del festival y los políticos que lo financiaban hasta culminar tras el ascenso de la derecha de Jörg Haider, al que Mortier no dudó en dedicar los más duros ataques y ridiculizar, junto a otros políticos de la derecha, en su “Murciélago” de despedida.
Peter Ruzicka tomó el relevo sin que sus propuestas cuajasen, aunque pasará a la historia por haber logrado representar las 22 óperas de Mozart en los fastos del 250 aniversario del compositor. No dejó de ser un paréntesis lleno de soberbias personales y excesivas ganas de desplumar al potentado público con precios exagerados para lo que se ofrecía. Jürgen Flimm le sucedió en 2007 con la necesidad de lograr un nuevo equilibrio a causa de reducciones presupuestarias. Se abonó al concepto de “festival temático” introducido por Mortier y continuado por Ruzicka y reestableció a la Filarmónica de Viena en el sitio que siempre le había correspondido y del que Mortier la había desplazado. Sin embargo las cosas no han salido tan bien cuando, apenas dos años después de tomar posesión, ya se sabe que será relevado en 2011 por Alexander Pereira. Triunfador en la Ópera de Zurich tanto en el orden artístico como en el económico, es la gran esperanza para el festival, un hombre que ha sabido rodearse de los más grandes cantantes, directores musicales y de escena y de algo igual de importante hoy día, de patrocinadores. La presidenta del consejo gestor del festival, Wilhelmine Goldmann, lo expuso sin ambages: «En un tiempo de dificultades económicas es un factor de estabilidad, un garante para una travesía tranquila por tiempos turbulentos». (http://www.salzburgerfestspiele.at/)

Wolfgang Wagner, nieto del compositor, fue capaz de aguantar todas las presiones para que cediese el mando del Festival de Bayreuth hasta el pasado verano. Para evitarlo presentó al financiero Alberto Villar como salvador económico de la colina sagrada, pero Vilar acabó encausado y encarcelado en Estados Unidos por supuesta malversación. Sin embargo fue el fallecimiento de su segunda esposa, Gutrun, y las presiones del Gobierno alemán, a través de la Fundación Richard Wagner, con la amenaza de retirada de los 272 millones de pesetas de subvenciones estatales, lo que definitivamente le obligó a dejar el festival en las manos de sus dos hijas: Eva Wagner-Pasquier, hija de su primer matrimonio y asesora vocal de Lissner en su meteórico paso por Madrid, y Katharina, hija de Gudrun y a la que ésta consideraba “la sucesora” que se estrenó con unos imposibles “Maestros cantores” en los que ponía en solfa todo el mundo de su bisabuelo y que acaba de demostrar en el “Tannhauser” de Las Palmas que le queda mucho camino por andar. Ambas hermanas no se han llevado nada bien hasta la fecha y queda en el aire cuál será su relación en el futuro. De momento, quizá para evitar discusiones en su primer año de correinado, Bayreuth no programa ningún nuevo espectáculo este verano, lo que no vendrá mal a las arcas del festival. Llega por quinto año la «Tetralogía» con dirección escénica de Tankred Dorst -fallida en líneas generales aunque con momentos interesantes- y la batuta de Thielemann cada año más matizada sin perder por ello rotundidad. Interesante, sin más, es el “Parsifal” de Stefan Herheim con Daniele Gatti en el foso. La ausencia de grandes voces wagnerianas es el gran motivo de preocupación. En Bayreuth se paga muy poco a los artistas y encima han de ensayar varias semanas. Los pocos grandes que existen van una vez y, si triunfan, lo ponen en su curriculum y no regresan. ¿Qué puede hacer Bayreuth sin cantantes y sin primeras figuras de la batutas? ¿Experimentar quizá? ¿Abrir el festival a esas tres óperas primerizas que nunca se representan: “La prohibición de amar”, “Las hadas” y “Rienzi”? (http://www.bayreuther-festspiele.de/)

Munich se mantiene como alternativa sólida con su gran baza, consistente en recuperar obras que ha tenido en cartel a lo largo de todo el año y colocarlas, con algunos intérpretes mejorados, a lo largo de un mes. Son las ventajas de un teatro de repertorio asentado. A ellas se añade alguna nueva producción y este año, como novedad, la clausura con “Falstaff” en vez de los hasta la fecha tradicionales “Maestros cantores”. En el programa “Lohengrin”, “Ariadna en Naxos”, “Macbeth”, “Nabucco”, “Luisa Millar”, “Idomeneo”, “Otello” y varios recitales, entre los que destaca el del tenor de moda Jonas Kauffmann. (http://www.bayerische.staatsoper.de)

Verona, en marcha desde finales de junio, anuncia por todo lo alto como reclamo una “Serata di Gala” con la que celebrar los 40 veranos de Plácido Domingo, artista no especialmente ligado al festival pero cuyo nombre manda. Cantará los últimos actos de “Otello”, “Cyrano de Bergerac” y “Carmen” y además participa dirigiendo la ópera de Bizet. En el programa, además de “Carmen”, “Aida”, “Turandot”, “El Barbero de Sevilla” y “Tosca”, con voces como las de Giovanna Casolla, Fiorenza Cedolins, Daniela Dessì, Marianne Cornetti, Fabio Armiliato, Marcello Giordani, Ruggero Raimondi y los españoles Nancy Fabiola Herrera y Ángel Òdena. (http://www.arena.it/).

En los calores de agosto el Festival de Pésaro languidece, víctima así mismo de las crisis vocal y de batutas, sin los grandes nombres rossinianos de pasadas ediciones, con la exhumaciónes de obras que, como “Zelmira”, no dejan de ser menores y el reclamo, grande eso sí, de Juan Diego Flórez. Y es que el filón rossiniano no deja de tener sus aristas y dimensiones reales que, sin figuras como Caballé, Horne, Anderson, Devia, Abbado, etc resulta problemático ofrecer. (http://www.rossinioperafestival.it/)

A partir de la segunda quincena de agosto, Lucerna lo ha tenido siempre mucho más fácil, por cuanto su actividad se reduce a la sinfónica y camerísta. La presencia de buena parte de las mejores orquestas del mundo con los primeras batutas de la actualidad y unos cuantos buenos solistas aseguran el éxito. Hay poco lugar para la polémica y su director, hijo del famoso tenor recientemente fallecido Ernst Haefliger, puede dormir tranquilo. Hay pocas nubes en el panorama, pero una muy importante: ¿hasta cuándo se podrá contar con Claudio Abbado y los músicos de las mejores agrupaciones europeas que, por afinidad con él, se avienen a pasar sus vacaciones tocando en la Orquesta del Festival, que se crea sólo para esa ocasión en 2003? En cualquier caso Lucerna se está convirtiendo en la clara alternativa sinfónica del verano, incluso por encima de Salzburgo, y con una baza adicional a su favor que puede ser muy importante: la terminación de un nuevo teatro de ópera modular para tan sólo unas mil personas. Este teatro, idea de Pierre Boulez, puede convertir a Lucerna en el gran festival del futuro para aquel público acaudalado que huyó de Salzburgo en la era Mortier y que no ha vuelto a él. Un aforo de mil localidades no da para más que para el elitismo. Entre tanto, en el apartado sinfónico, la Mahler Chamber Orchestra, la Philharmonia, The English Baroque Soloists, The Royal Philharmonic, Staatskapelle Dresde, Orquesta de Birmingham, Filarmónica de Berlín, Concertgebouw, Filarmónica de Viena, Santa Cecilia, Gewandhausorchester, Chicago, Filarmónica de Oslo, Pittsburg… ¡Casi nada! (http://www.lucernefestival.ch/de/)

En Salzburgo…
El motivo temático de la presente edición es la relación poder-persona, aunque sea rebuscado encajar algunas obras en dicho contexto. En el programa “Cosi fan tutte” y “Bodas de Figaro” de Mozart, “Theodora” de Haendel, “Al gran sole carico d’amore” de Nono, “Moisés y el Faraón”, de Rossini, “Armida” de Haydn y “Fidelio” de Beethoven. Viena, Berlín, West-Eastern Divan son las orquestas con mayor presencia en el ciclo sinfónico, acompañadas de la Sinfónica de Londres y el Concertgebouw. En el podio los nombres habituales, Harnoncourt, Muti, Welter-Möst, Salonen, Rattle y, cómo no, Dudamel.

Gonzalo Alonso

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