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Críticas unánimemente laudatorias a "La ciudad muerta" del Real
Salomé ante las críticas
Por Publicado el: 03/05/2010Categorías: Diálogos de besugos

Las críticas a Puritani en el Real

Sin más comentarios, a medida que vayan llegando.
ABC, 30 de abril
«I Puritani»
Bellini. Int.: Tagliavini, Ulivieri, Flórez, Atxalandabaso, Capitanucci,Colecchia, E. Gutiérrez, Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Dir. musical: M. Ortega. Lugar: Teatro Real. Fecha: 29-1V

Precaución y peligro
Cuentan las crónicas que en el estreno de «I Puritani» la escena de la locura provocó las lágrimas del público. Pero ayer se escuchó en el Teatro Real y nadie pestañeó. Habrá que analizar la razón de semejante suceso. Quizá, al público de hoy no le conmueva que Elvira, hija del gobernador puritano, se sienta abandonada por Lord Arturo, partidario de los Estuardo. Tragedias más grandes se ven a diario. También es posible que la música de Bellini interese poco, aunque esto es más dudoso. El belcanto llama la atención desde hace tiempo y el anuncio de que a estos «Puritanos», en versión de concierto, venía uno de sus más preclaros embajadores, Juan Diego Flórez, agotó las localidades en un suspiro. Será entonces que la soprano Eglise Gutiérrez, valor en alza, ha pisado el Real tram¬peando demasiado, coloreando en exceso y destemplando a veces, y los espectadores, que saben más de lo que se cree, callan. No fueron suficientes algunos agudos bien dirigidos, o muchos falsetes resueltos con astucia.
Eso y que la interpretación discurrió con la emoción justa, a veces con detalles interesantes, dirigida musicalmente y desde el foso por Miquel Ortega, quien optó por la solvencia y el orden ante una orquesta con otras noches más favorables. Lo más destacable estuvo en el dúo de voces graves entre Nicola Ulivíeri y Fabio Maria Capitanucci, Giorgio y Ríccardo. En realidad, la parte masculina reparto se impuso con mayor autoridad vocal y eso incluye al protagonista, Juan Diego Flórez, que se reafirmó en un registro agudo de enorme solvencia, por mucho que estrangulara el sobreagudo, de .L’ire frenate». Igual que a casi todos los grandes, como él. En resumen: sesión de emoción justa y escalofríos mínimos. Es verdad que Bellini soñó ir más lejos. Alberto González Lapuente

LA RAZON

Bellini con trazos gruesos
“Puritani” de Bellini. J.D. Flórez, E. Gutiérrez, R. Tagliavini, N. Ulivieri, F. M. Capitanucci, M. Atxalandabaso, G. Colecchia. M. Ortega, dirección musical. Orquesta y Coros titulares del Teatro Real. Teatro Real. Madrid, 29 de abril.
Gran año para la ópera el de 1835. En su trascurso se estrenaron dos de las más grandes obras belcantistas: “Lucia di Lammermoor” de Donizetti e “I Puritani” de Bellini, quien en 1831 había alcanzado la cima con “Norma”. El apoyo de Rossini le sirvió para trasladarse a París y preparar allí el nuevo título. El encargado del libreto sería el conde Carlo Pepoli, escritor a quien Bellini habíaa conocido a través de una princesa milanesa exiliada, cuya casa frecuentaban personajes como Victor Hugo, Musset, Dumas, Heine, Chopin o Sand. Se eligió el drama “Têtes rondes et cavaliers”, de Jacques-François Ancelot, pero Bellini se acordó de Walter Scott al titular su ópera. Cosechó un gran éxito en el Teatro de los Italianos, aunque apenas tuvo tiempo de saborearlo, puesto que fallecería prematuramente un año después. Su partitura, de ambiente sombrío, trata conjugar la tradición italiana con la gran ópera francesa y contiene páginas bellísimas, plenas de melodías e incluso himnos, con un papel importante para los coros y más elaborada orquestación que en sus óperas anteriores. En ocasiones se escucha una mezcla entre la versión parisina y la modificada más tarde para que Malibrán la cantase en Nápoles.
En ausencia de un cuarteto como el que la estrenó en París – Grisi, Rubini, Lablance y Tamburini- el peso de esta versión de concierto recaía en el gran tenor ligero de nuestros días. Juan Diego Flórez eligió Las Palmas para debutar la obra en 2004. Entonces, y ahora también, el papel de Arturo le viene central, pero tuvo la suerte de poderlo cantar en plenitud técnica, justo cuando las condiciones físicas de los treinta y pocos años estaban en lo más alto. Y nosotros la suerte de oírlo, aunque no fuese éste su papel más idóneo. Sin embargo, en todos los cantantes hay noches y noches y la de ayer no fue la más afortunada del gran artista. Se le notaba incómodo en el escenario. Se midió en su temible salida a escena con un «A te o cara» que no se pudo cantar de forma más elegíaca. A partir de ahí llegó también la pasión, uniendo temperamento a su precioso timbre, pero algo fallaba y ni siquiera sus seguros agudos eran tan frescos y fáciles como habitualmente. Estuvo bien apoyado por la soprano Eglise Gutierrez, quien se movió mejor por el registro agudo que por el medio. Fabio Maria Capitanucci y Nicola Uliviero cumplieron en sus respectivos papeles, aunque sin el conveniente contraste tímbrico que pide su dúo para diferenciar bajo y barítono. Miguel Ortega solventó con trazos gruesos la papeleta que tenía el teatro por culpa de la ineptitud política ante un lejano volcán, pero Bellini requiere una delicadeza que no existió ni en coro ni orquesta. El público percibió todo lo anterior y respondió con bastante menos entusiasmo que la expectación con la que había llegado. Gonzalo Alonso

EL PAÍS:
Belcanto a baja temperatura
Las versiones en concierto de
las óperas suelen estar justificadas
por la rareza de los títulos,
o por un planteamiento de
disminución de costes, o por
la excelencia de unos valores
musicales que pueden llegar a
compensar al menos en parte
la ausencia de teatro. En el caso
de una ópera de repertorio
como I puritani creo que el motivo
prioritario de la elección
en modalidad de concierto es
la posibilidad de tener en el
reparto a una figura tan cotizada
como el tenor Juan Diego
Flórez. Ya su actuación en el
Real con la versión de París de
1774 de Orfeo y Eurídice fue
también en concierto —acaba
de aparecer la edición discográfica:
es excelente— pero, al
menos, estaba la razón añadida
de ser una versión raramente
interpretada de la ópera
de Gluck. Con un título tan
familiar como el de Bellini
—en Las Palmas, Flórez lo cantó
con puesta en escena— las
exigencias de calidad musical
son, si cabe, más altas. Y aún
más si no se opta por el consuelo
de una versión semiescenificada,
sin decorados pero
con teatralidad por parte de
los cantantes.
I puritani, tal y como se ha
escuchado en el Real, le hace
un flaco favor a Bellini. La orquesta
y el coro se mueven en
el discreto encanto de la corrección
pero están lejos de la
sensibilidad y delicadeza que
impone la melodía belliniana
y sus derivaciones. Las continuas
entradas y salidas de los
cantantes —en traje de etiqueta
y con partitura en mano—
producen un efecto de frialdad
difícilmente superable para el
espectador. Y ni siquiera el tenorísimo
Juan Diego Flórez vivió
su noche más hermosa en
Madrid. ¿Razones? Pues francamente
no lo sé. Pero el tenor
peruano se mostró nervioso y
hasta incómodo. No paró de
beber agua o de corregirse la
posición de una pajarita que
parece que le ahogaba. Más
delgado, conservó su línea inmaculada
de canto y su elegante
fraseo pero tuvo dificultades
en el sobreagudo y no acababa
de transmitir con esa facilidad
que en él es habitual.
¿Presión de tener que demostrar
en cada actuación que es
el número uno en la categoría
de tenores ligeros? ¿O quizás
es que siempre le exigimos
que sea el Messi de la lírica? Juan Angel Dela del Campo

EL MUNDO:
Un aplauso
frío y distante
Convenció con su poderosa y sobrehumana
voz. Convenció, sí, pero
Juan Diego Flórez ni fascinó ni
sedujo al público del Teatro Real el
jueves por la noche en su representación
de I Puritani en concierto. El
patio de butacas aplaudió frío y distante
cuando enmudecieron los últimos
acordes de la ópera de Bellini.
El tenor peruano consiguió poner
en pie a los palcos, aunque no
pudo con la platea.
Si el año pasado bajó a los infiernos
guiado por la batuta de Jesús
López Cobos y, convertido en Orfeo,
salvó a su amada Eurídice con la que
arrebató losmás apasionados bravos,
en esta ocasión la magia se quedó
en casa. La música de Bellini llevaba
tres cuartos de hora pululando
por las paredes del coliseo cuando el
elegante porte del peruano surgía
desde el lateral izquierdo. Refinado
y distinguido inició su interpretación,
pero se le sentía nervioso, incómodo
quizás. No paraba de recolocar
su pajarita, un gesto que se convirtió
en un tic toda la velada.
La acción de I Puritani se desarrolla
en la Inglaterra del siglo XVII y
narra el enfrentamiento entre los
Puritani y los Stuart, tras la decapitación
de Carlos I, con la historia de
amor entre Arturo y Elvira. Así las
grandes ovaciones en el transcurso
de la ópera fueron para la joven Elvira,
o lo que es lo mismo, para Eglise
Gutiérrez quemetida en la piel de
la joven enamorada fue también la
más aplaudida al término del concierto.
Envuelta en un vestido de seda
rojo se empeñó en demostrar su
capacidad dramática, buscando, sin
mucho éxito, la complicidad tanto
de Flórez como del resto.
Queda una oportunidad (el 2 de
mayo) para poder ver al grupo formado
por Roberto Tagliavini (Valton),
Nicolai Ulivieri (Giorgio),
Juan Diego Flórez (Talbo ), Fabio
Maria Capitanucci (Forth), Mikeldi
Atxalandabaso (Robertson), Gabriela
Colecchia (Enrichetta de
Francia) y Eglise Gutiérrez (Elvira)
junto con el coro y la orquesta de la
Sinfónica de Madrid y bajo la batuta
de Miquel Ortega, porque Karl
Mark Chichón no pudo incorporarse
a los ensayos debido a los «problemas
de tráfico aéreos surgidos
durante la pasada semana». Milagros Martín-Lunas

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