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Críticas en la prensa a "Rigoletto" en el Real
Por Publicado el: 02/01/2016Categorías: Diálogos de besugos

Las críticas al Concierto vienes Año Nuevo 2016

Todos hablan del Concierto de Año Nuevo vienés de 2016 y a todos parece haberles encantado Mariss Jansons. ¿Quién se iba a atrever a criticar a uno de los tres mejores directores del presente aunque pudiese faltar un poco de espuma vienesa?

Les dejamos la primicia de ese «Vals español» tocado por vez primera allí

LA RAZÓN, 02/01/2016

Jansons vuelve a hacer pleno. Viena 2016

Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena

Toda orquesta mejora con un gran director. Esta regla se aplica incluso a una formación de la categoría de la Filarmónica de Viena cuando tiene en su podio a un maestro como Mariss Jansons (Riga, 1943). Y es que el músico letón ha vuelto a hacerlo, como ya ocurriera en 2006 y 2012 –sus actuaciones previas en el “Concierto de Año Nuevo”-, confiriendo un nivel altísimo a la manifestación musical más difundida en el mundo. Jansos, claro, estuvo magnífico, excelso incluso en ciertos pasajes del programa, pero los profesores vieneses elevaron también su habitual nivel de excelencia para cuajar una sesión en conjunto memorable.

Ya desde que Jansons abordó con suavidad aterciopelada –y ‘rubato’ elegantísimo- el ritmo ternario del “Vals del tesoro” de Johann Strauss fue evidente que había un “algo más” en la interpretación de músicas que la Filarmónica puede tocar a ojos cerrados y hasta a veces con rutina ‘de luxe’. El vals de Carl Michael Ziehrer “Muchachas de Viena” subió el listón hasta lo más alto, y fue uno de los puntos de referencia de la velada. Ziehrer (1843-1922) fue uno de los principales competidores –sin especial éxito- de la familia Strauss en el mundo de la danza, y algunas de sus obras viven en un injusto limbo sonoro; Jansons, como ya había hecho en 2012 con “Ciudadanos de Viena”, otro Vals de Ziehrer, rescató de los archivos este tan hermoso “Weana Mädl” –genuino argot-, cuya segunda sección, maravillosamente acompañada al arpa por Anneleen Lenaerts, fue exquisitamente silbada por la orquesta y el propio director: un momento irrepetible.

Como Karajan o Carlos Kleiber, el de Riga es un devoto admirador del hermano menor de Johann, Josef Strauss, de corta vida (42 años) y talento enorme. En sus tres “Años Nuevos”, Jansons ha programado nueve obras del músico, y para este 2016 se reservó una de sus grandes páginas, el vals “Música de las esferas”, del que se han oído señeras versiones en estos primeros de año, a las que hay que añadir la de esta edición, con su introducción de gran poema sinfónico y su onírico discurrir. El interludio de la “Princesa Ninetta”, opereta de Johann, fue otro ejemplo de sutileza y fraseo inolvidables.

Como en el 2012, Jansons volvió a recabar el concurso de los Niños Cantores de Viena para obras de los dos hermanos, y tanto en piezas cortas, como la polka “Sin control” del tercer Strauss, Eduard, “A la caza” de Johann o el inefable “Galop del suspiro” del fundador de la dinastía, Johann padre, como en los dos grandes valses de Johann hijo, “Emperador” y “Danubio azul”, el director hizo gala de algo que es marchamo de su estilo: esa especie de regulador musical que parece llevar dentro- como el marcapasos que le acompaña desde 1996-, que le permite pasar en segundos de la energía más titánica a la delicadeza más íntima, siempre apoyadas por sus gestos hiper-expresivos y su incuestionable capacidad de comunicación con la audiencia, que termina convirtiendo en complicidad. El “Kaiser-Walzer” fue óptimo, pero el “Danubio” se convirtió en una experiencia musical de primer orden.

A la Filarmónica le aguarda a la vuelta de la esquina –o sea, en 2017- el venezolano Gustavo Dudamel, que en esas calendas tendrá 35 años y será el músico más joven que haya comandado el “Neujahrskonzert”: de él se espera vehemencia, simpatía y fuerza, pero no será fácil escucharle un “Danubio Azul” como el de esta edición. Jansons ha marcado una de las cotas de un itinerario con 75 años a las espaldas, en la que seguramente ha sido la mejor de sus tres intervenciones. Hizo “pleno al 15”, que diría un quinielista, y dejó el travesaño a un nivel de campeonato. José Luis Pérez de Arteaga

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El concierto de los 50 millones de espectadores

  • La cita vienesa, que se retransmite a todo el planeta, cumplió ayer setenta y cinco años desde su nacimiento como tal, un encuentro al que aún lastra el pasado nazi de sus comienzos

Ayer, como cada 1 de enero, se celebró una tradición esperada por 50 millones de espectadores en casi un centenar de países: el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, que en este 2016 ha celebrado su 75 aniversario. En él, los asistentes y telespectadores puedieron deleitarse con obras como la opereta «Una noche en Venecia» y otros clásicos de la dinastía Strauss, nuevamente protagonista del repertorio, así como una selección de valses que una vez más han sonado desde la Sala Dorada del Musikverein de Viena. Por tercera vez, las obras han sido dirigidas por la batuta del letón Mariss Jansons que, a sus 72 años, se declaraba «feliz» por ponerse de nuevo al frente del concierto más esperado del año, a pesar de haber anunciado en 2014 su retirada de los escenarios. Muchos recordarán el ataque al corazón que sufrió hace 19 años mientras dirigía «La Bohème» en Oslo, un trágico suceso que hizo temer por su vida. «Es fabuloso encargarse de la dirección de un concierto que no se puede comparar con ningún otro. Es casi algo sagrado», declaraba, aunque sin negar que el nuevo desafío –al que ya se había enfrentado en 2012 y 2006– entrañaba una gran «responsabilidad y presión». Jansons se congratuló de ofrecer un programa «interesante, fresco e innovador» con obras populares y tradicionales, como la «Marcha Radetzky» de Johann Strauss padre, y otras que se han podido escuchar por vez primera, como el «Vals España», del compositor francés Emil Waldteufel. En total, de las 18 interpretaciones que incluye el repertorio, ocho se han estrenado en el Concierto de 2016 y la mayoría de las mismas proceden de la familia Strauss. Los Niños Cantores de Viena interpretaron dos polcas: «La Alegría del cantante» y «Viaje de vacaciones».

La Filarmónica, además, hizo su particular homenaje a la ONU, que en enero celebrará el 70 aniversario de su primera Asamblea, mediante la «Marcha de las Naciones Unidas» de Robert Stolz. También la idílica ciudad austriaca de Salzburgo, lugar de nacimiento de Mozart, contó con una ofrenda musical desde la Sala Dorada a través del viaje propuesto en el interludio del Concierto por su historia y paisajes. Salzburgo cumple este año su 200 aniversario como parte de Austria.

Más de 30.000 pétalos de rosas, orquídeas y otras flores procedentes de jardines del país alpino decoraron la sala en una cita cotizadísima que, sin embargo, encierra un oscuro pasado nazi del que no ha logrado aún desprenderse. Su origen tuvo un claro objetivo propagandístico para nutrir las arcas del Tercer Reich, según queda confirmado en documentos oficiales. Fue un amigo de Goebbels, el Ministro de Propaganda del régimen nazi, quien impulsó la iniciativa de un evento inicialmente llamado «Concierto Especial», que hizo su primera interpretación en la festividad de San Silvestre de 1939, bajo la batuta de Clemens Krauss. En aquel año, la política se coló en la Musikverein y la tiñó de injusticia y desigualdad. Todos los miembros judíos de la Filarmónica de Viena fueron destituidos y los catalogados como «semi-judíos» sometidos a constantes presiones.

Varios ejemplos ilustran el triste pasado del concierto, como el del primer violinista de la orquesta, Moriz Glattauer, que fue trasladado a un campo de concentración, o el de músico Paul Fischer, a quien se le despidió de la orquesta y no se le permitió volver a ejercer su profesión. Unos años después, más de la mitad de los profesores de la Filarmónica eran afiliados o simpatizantes del partido nacionalsocialista. Desde 1939, el concierto se ha convertido en una de las tradiciones anuales más esperadas, sólo interrumpido en 1945 por un motivo tan terrible como la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados bombardearon el bellísimo edificio de la Musikverein. En 1941, el concierto pasaría a llamarse tal y como se le conoce a la actualidad y su primer director, Krauss, estaría en el podio hasta la fecha de su muerte, sólo sustituido por Josef Krips durante dos años. A Krauss le sucedería el violinista Willi Boskovsky, quien ostenta el récord de estar en el podio en este concierto al haberlo dirigido 25 veces. Este músico fue quien implantó «La marcha Radetzky», tradición que se mantiene y que no se ha roto más que en una ocasión, cuando se decidió acabar con «El Danubio azul» en homenaje a las víctimas del terremoto del Océano Indico de 2004. El concierto del año que viene también será recordado porque su director –como ayer se anunció– será el venezolano Gustavo Dudamel, quien, a sus 34 años (tendrá 35 para entonces) será el más joven en dirigir esta cita ineludible.

http://www.larazon.es/cultura/musica/jansons-vuelve-a-hacer-pleno-CG11600112#.Ttt14HEqtrWc6pI

Heras-Casado, de año nuevo con Beethoven

Durante los pasados días 30, 31 y 1 de enero el director de orquesta español Pablo Heras-Casado ha tenido el honor de dirigir a la Sinfónica de Viena en una serie de conciertos de Año Nuevo durante la interpretación de la «Novena sinfonía» de Beethoven. A finales de mes regresará a la capital austriaca para llevar la batuta de la Filarmónica de Viena en sustitución de Nikolaus Harnoncourt, que anunció recientemente su retirada repentina. Así, se convertirá en el segundo español en estar al frente de la histórica orquesta tras Plácido Domingo, que dirigió uno de sus bailes tradicionales. Heras-Casado dedicará el concierto al compositor Félix Mendelssohn con sus piezas «Tercera Sinfonía», la «Escocesa», la obertura de «La bella Melusina» y el salmo «Wie der Hirsh schreit».

jansons año nuevo 2016

ABC, 2/01/2016

Mariss Jansons reescribe el Concierto de Año Nuevo en Viena

El director letón, que lo ha dirigido por tercera vez, le viene muy bien a esta popular cita musical

Hay quien todavía no se ha enterado y quien sabiéndolo lo olvida, que es peor: «La música es el arte más poderoso que existe. Es capaz de dar voz al alma y al corazón. Y tiene una enorme influencia sobre los seres humanos, sobre nuestro carácter y nuestra ética». Lo ha recordado estos días el director Mariss Jansons (Riga, Letonia, 1943), aprovechando su presencia al frente del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, del que ha sido responsable por tercera vez tras las actuaciones previas en 2006 y 2012.

Jansons es un director comprometido, serio, solvente, riguroso, sensato y, al tiempo, afable y comunicador. Una personalidad que le viene muy bien a este concierto en el que la repetición de la fórmula puede hacer pensar en un perfume de cierta banalidad construido por los persistentes aromas de una belleza pulcra, colorista y acaramelada tal y como Viena se quiere proyectar al globo terrestre, siempre en confraternización con un mensaje de concordia, complacencia y beatitud.

Convencidos de la trascendencia del concierto, otros directores que han estado a su frente en los últimos años (particularmente desde que se estableció la rotación en 1987) han lanzado ideas conciliadoras. Jansons, en el brindis oficial, se atuvo al guión, pero en las declaraciones previas se expresó con toda claridad. El mundo está necesitado, muy necesitado, de buenos propósitos y el Concierto de Año Nuevo es un estupendo altavoz que deja sentir sus efectos en lugares recónditos. Nada menos que 50 millones de espectadores lo contemplan en directo sintonizando la señal de casi un centenar de empresas de radiotelevisión, a los que habrá que sumar un incalculable número que lo hará en próximos días gracias a la venta de la grabación. En España, el primer canal de Televisión Española ha vuelto a dar detalle en directo de todo lo sucedido, además de Radio Clásica y otras emisoras de la red, incluyendo el soporte de la web.

Cualquiera de ellos podrá hoy transmitir la alegría de un decorado plagado de flores, quizá un punto saturado desde que, va para dos años, los jardineros de Viena sustituyeron a San Remo en la decoración de la sala dorada de la Musikverein; nadie, por difícil que tenga la sonrisa, habrá dejado de curvar las comisuras ante la bocina de la polca «Vergnügungszug», los silbidos colegiales de la Filarmónica durante el vals «Weaner Madl’n» de Ziehter, la simpática escenificación del cartero entregando una vieja batuta para el galop «Mit Extrapost» o la enternecedora presencia de los Niños Cantores de Viena. Entre las novedades, la música del austriaco Robert Stolz, cuya «Marcha de las Naciones Unidas» abrió el concierto, y el vals «España», de Émile Waldteufel, cediendo protagonismo a un percusionista poco hábil en el manejo del abanico, la verdad.

Los guiños enriquecen cada año el programa, pero no hay que engañarse: Austria vende de forma impecable sus encantos y este año lo demostró el documental «Salzburgo mágico», de Ernst A. Grandits, que se emitió durante el descanso. Su trabajo se une al del realizador Michael Beyer, que, por tercer año consecutivo, demostró su eficacia académica al frente de catorce cámaras de alta definición y algún plano aéreo de vértigo. Ha merecido la pena escuchar a Mariss Jansons porque sus versiones siempre tienen el poso de la sinceridad, como merece la pena atender al fondo de sus palabras. En lo musical porque siempre manifiesta una expresión sólida y una culta suavidad que se concilia estupendamente, y este año se ha confirmado, con la Filarmónica de Viena a la que tan bien conoce, particularmente ante el mejor repertorio, la «Música de las esferas» de Josef Strauss, verbigracia.

En cuanto a sus declaraciones, es imposible no ver la autoridad de la experiencia entretejida de difíciles experiencias vitales próximas al gueto de Riga, al totalitarismo de las autoridades soviéticas y a un corazón maltrecho contra el que Jansons lucha sin dejar de dirigir: «Por eso la música debe estar muy presente, especialmente en las escuelas, para entender cómo es nuestra existencia en este mundo. La música puede enseñarnos que existe una Europa mejor». No estaría de más que nos fuéramos enterando en la España de la recuperación y ante un sistema educativo que vomita analfabetos musicales. Es un pequeño deseo que se añade a la esperada felicidad de 2016, aquella a la que ha vuelto a enriquecer el último Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Alberto González Lapuente

Gustavo Dudamel lo dirigirá en 2017

El venezolano Gustavo Dudamel dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Viena en el Concierto de Año Nuevo de 2017 y se convertirá en el director más joven en ponerse al frente de la formación vienesa en esta popular cita. Dudamel, uno de los más populares directores de la actualidad, debutó al frente de la Filarmónica de Viena en 2007 en Lucerna y ha colaborado con la orquesta en diversas ocasiones, e incluso ha realizado varias grabaciones, entre ellas la Tercera Sinfonía de Mendelssohn y un programa de música para danza que ofreció con la formación en el Palacio de Schönbrunn. Según la orquesta, hay entre ambos «un notable respeto mutuo».

El director venezolano, director de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, desde la que ha cimentado su prestigio internacional, comenzará 2016 con una gira que le llevará a Barcelona, Toulouse, Luxemburgo, Berlín, Munich, Essen y Colonia, para concluir en Londres, donde interpretará junto con Daniel Barenboim los conciertos para piano de Brahms. Después, el calendario de Gustavo Dudamel incluye dos semanas en Los Ángeles, con la Filarmónica de esta ciudad.

http://www.abc.es/cultura/musica/abci-mariss-jansons-reescribe-concierto-nuevo-viena-201601012021_noticia.html

EL PAÍS, 2/01/2016

Los Strauss con el mejor sabor

Mariss Jansons (Riga, Letonia, 1943) se refirió a la música del Concierto de Año Nuevo, el pasado martes ante la prensa, casi con términos propios de un maestro repostero. Interpretar bien un vals o una polca de los Strauss puede ser algo tan complicado como ejecutar un postre magistral. “Si uno exagera coge mal sabor, y si no llega sale insípido”, afirmó. Pero Jansons domina a la perfección los ingredientes de esta música ligera y alegre, pero también extremadamente delicada. La compara sin dudarlo con Chaikovski, uno de sus compositores predilectos, y del que conoce bien su secreto: “No hay que añadir azúcar a la miel”.

El maestro letón redimensiona estas composiciones de baile de los Strauss y sus coetáneos. Las trata al mismo nivel que si hubieran sido firmadas por Mozart, Beethoven, Brahms o Mahler. Algo teóricamente sencillo pero impresionante en la práctica. Encuentra el tempo correcto para cada pieza, su fluctuación adecuada, la respiración ideal, la dinámica justa, paladea un fraseo para acto seguido subrayar una transición. No es un repostero sino más bien un mago. O tampoco. En realidad no necesita batuta para conjurar a los músicos de la Filarmónica de Viena, le basta muchas veces con el simple movimiento de sus manos.

Musicalmente el Concierto de Año Nuevo de este 2016 que acabamos de estrenar ha sido de los mejores recientes. Infinitamente superior a los escuchados en 2015 con Zubin Mehta o en 2013 con Franz Welser-Möst. En esta ocasión se ha intentado equilibrar las dos partes que lo dividen. En la primera con más obras nunca antes escuchadas, como la interesante marcha de Stolz, que conmemoraba los 70 años de la ONU (representada en el concierto por Ban Ki-moon), o la extraordinaria versión del vals Muchachas de Viena de Ziehrer, con ese novedoso efecto del tema introductorio silbado por la orquesta. Pero también se ha intentado dotar desde el inicio con más bromas, algunas bien conocidas como el cornetín tocado por el propio Jansons en la polca rápida El tren del placer que ya realizó Carlos Kleiber en 1992.blicidad

La segunda parte ha vuelto a ser un año más lo mejor del concierto. A destacar, en especial, el vals Sones de las esferas de Josef Strauss, un compositor que Jansons reivindica en sus programas como director del Concierto de Año Nuevo. Y también el Vals del Emperador de Johann hijo, todo un reto al ser una de las composiciones más interpretadas en estos festivos conciertos desde su origen en 1939.

Brillante fue también la actuación de los Niños Cantores de Viena, con una cristalina pronunciación del alemán. La realización televisiva de Michael Beyer resultó variada y contó con dos vistosas escenas de ballet protagonizadas por los solistas de la Ópera Estatal. En el intermedio de la retransmisión se pudo ver un documental sobre Salzburgo dirigido por Grandits con actuaciones de músicos de la Filarmónica de Viena, como la saga de clarinetistas Ottersamer, casi parecida a los Strauss (padre y dos hijos, aunque el pequeño sea de la Filarmónica de Berlín). No hay duda que la gran protagonista del Concierto de Año Nuevo es la proverbial orquesta vienesa, este año con más presencia femenina incluso en la sección de viento con la joven fagotista Sophie Dartigalongue. Jansons lo sabe bien y no dudó en demostrarlo al marcharse un momento durante la interpretación de la Marcha Radetzky. Fue un gesto que le honra. Se acaba de anunciar que en 2017, el director del Concierto de Año Nuevo será el venezolano Gustavo Dudamel. Le deseamos toda la suerte del mundo. Pablo L. Rodríguez

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/01/01/actualidad/1451658303_555516.html

Janson viena 2016

EL MUNDO, 2/01/2016

Jansons entra con fuerza en 2016 con un concierto para el recuerdo

Con compases de vals, al ritmo de polcas rápidas y con la fuerza de las marchas, la Filarmónica de Viena dio la bienvenida al 2016 en el tradicional Concierto de Año Nuevo bajo la dirección elegante y enérgica del maestro letón Mariss Jansons (Riga, 1943).

La Sala Dorada del Musikverein de Viena recibió a un emocionado Mariss Jansons con una cálida ovación en la tercera ocasión en la que dirigía el concierto más famoso del mundo.

El 75º Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena comenzó al son de laMarcha de las Naciones Unidas del austríaco Robert Stolz (1880-1975) dedicada al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, que siguió el concierto desde un palco.

Con ello, los filarmónicos han hecho un guiño a la ONU y han conmemorado el 70 aniversario de la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebró en Londres el 10 de enero de 1946.

La agilidad de las polcas, los compases de los valses y el ritmo de las marchas de la dinastía musical de los Strauss se combinó con ocho obras que sonaban por primera vez en la tradicional cita musical del primer día del año.

Después de escuchar el Schatz Walzer (Vals del tesoro) de Johann Strauss (1825-1899), el ritmo cambió por completo con las primeras notas de la delicada polca francesa Violetta que se interpretó por primera vez a pesar de haber sido compuesta también por el rey del vals.

El maestro letón sorprendió en la polca rápida Vergnügungszug (El tren del placer) de Joahnn Strauss hijo al tocar una bocina simulando el sonido de la máquina de vapor de un tren.

Mientras sonaba esa pieza, la realización de la cadena pública austríaca ORF intercalaba imágenes de la noria y el carillón del emblemático parque de atracciones del Prater de Viena para rendirle homenaje por su 250 aniversario, que cumple en este recién estrenado 2016.

La primera nota de humor llegó al comenzar el clásico Mit Extrapost (Con franqueo adicional) de Eduard Strauss (1835-1916) cuando un mensajero entregó a Jansons una batuta negra con motivos dorados y al que el director le dio un pin, en señal de agradecimiento, que el director le quitó a otro músico del traje.

Esperanza, alegría y humor festivo impregnaron el ambiente de la Sala Dorada del Musikverein, decorada este año con miles de orquídeas, rosas y amarylis, en su mayoría de color naranja y blanco, procedentes de los parques y jardines de la capital austríaca.

Jansons, cuya formación musical lo une a Viena, ya triunfó las anteriores veces que dirigió el concierto más clásico del planeta en 2006, por primera vez, y la última, en 2012, cuando introdujo como novedad dos piezas del compositor ruso Piotr Chaikovski (1840-1893).

En una segunda parte dominada por obras de la familia Strauss, la polca rápidaAusser Rand und Band (Fuera de control) de Eduard Strauss compartió protagonismo con imágenes de los solistas del Ballet de la Ópera de Viena que danzaban en los jardines del Palacio de Verano de Schönbrunn.

El Ballet de la Ópera de Viena volvió a aparecer más tarde bailando al son del valsKaiser de Johann Strauss mientras danzaban bajo la noche en Schönbrunn.

Con el contraste entre la polca francesa Sängerlust (Placer del cantante), y la polca rápida, Auf Ferienreise (En viaje de vacaciones), entró en escena el famoso coro de los Niños Cantores de Viena.

Como propósito personal de incluir ritmos españoles y algo diferente, el maestro letón ha hecho sonar por primera vez en el Concierto de Año Nuevo el enérgico y alegre vals España del compositor francés Émil Waldteufel.

En varias ocasiones, Jansons mandó a los filarmónicos que se levantaran para recibir la merecida ovación de un público entregado y rendido.

Antes de comenzar con las propinas prometidas, el inicio del inevitable Danubio Azul fue interrumpido por los aplausos y las risas de un público emocionado.

En ese momento Jansons aprovechó para darle la espalda a la orquesta y dirigirse al público para desearles feliz año nuevo y continuar con la banda sonora por excelencia del primer día del año.

La enérgica Marcha Radeztky puso el broche de oro a este concierto redondo -que también comenzó con una marcha- ante un público entusiasmado que acompañó con palmas el ritmo que marcó el maestro letón.

La Sala Dorada acogió a 700 espectadores, apenas una pequeña parte de los que solicitan cada año una entrada en el sorteo que se realiza durante el mes de enero, casi un año antes de cada gala y cuyo precio puede oscilar entre 35 y 1.090 euros.

El resto de aficionados a esta cita han podido seguir el concierto por televisión, pues la señal se ha enviado a más de 90 países, seguido por más 50 millones de espectadores. EUKENE OQUENDO | EFE

http://www.elmundo.es/cultura/2016/01/01/5686a22a22601d3e3c8b4592.html

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