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Por Publicado el: 28/11/2017Categorías: En vivo

Michel Plasson con la ORTVE: color y calor

Michel Plasson con la ORTVE: color y calor

Obras de Ravel y Debussy. Orquesta Sinfónica de la RTVE. Dirección: Michel Plasson. Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid. 24-XI-2017.

Construir el sonido orquestal de cualquier obra de las hoy llamamos «impresionistas» es un asunto delicado porque demanda recalibrar muchos aspectos para que su evanescente universo aparezca y sea creíble. Para quien quiera un ejemplo práctico, los compases iniciales del archiconocido Prélude à l’Après-midi d’un faune en manos de Plasson serían el manual básico. La pieza no es un concierto para flauta encubierto, sino un poema sinfónico que tiene que hacer tangible ese «sopor apretado» y esa atmósfera donde «ondea una blancura animal en la siesta», tal y como reza el poema original de Stéphane Mallarmé. Y así lo entendió el maestro francés, que inició la pieza con la flauta en segundo término, sin alardeos de sonido, y dejando vía libre a la representación algo torcida de la belleza del fauno y su cierto desdén. Sobre ese sonido se articuló el resto de la orquesta con la idea de completar la sensual pereza ya expuesta de una manera menos obvia que la que Nijinski ideó para el estreno. La otra pieza de Debussy que completaba esta parte del concierto fue La mer, un prodigio de color ofrecido con el mismo sentido de lo colectivo, con una sección de chelos rindiendo a un nivel muy alto y una planificación de intensidades inteligente. Tras un amanecer más tranquilo de lo esperado y algún que otro desajuste, los juegos de olas y los diálogos del viento fueron creciendo hasta redondear una buena versión.

Antes de que todo esto ocurriera, el concierto se había iniciado con una primera parte volcada por completo en Ravel. Los Valses nobles et sentimentales, el homenaje del compositor francés a su admirado Schubert y a aquella Viena nostálgica, funcionaron usando como base la textura construida entre el arpa y el viento-madera, sobre la que la ORTVE hizo nacer de la nada la melodía. En la evocadora suite Ma mère l’Oye Plasson enseñó hasta qué punto su dirección ha ganado en inteligencia en estos últimos años. Ya no está atento a la miríada de detalles ravelianos, sino que se centra en algunos parámetros (la coherencia rítmica, la flexibilidad melódica y la clarificación de algunas entradas), dejando que la orquesta resuelva el resto. Y funcionó de maravilla.

El público y la ORTVE demostraron gran afecto por el octogenario director, aplaudiéndole calurosamente y haciendo que saliera a escena en varias ocasiones. En último término se animó con una propina que dejó al auditorio con una sonrisa: la versión orquestal de Le Piccadilly ou la Transatlantique de Erik Satie. Mario Muñoz Carrasco

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