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Por Publicado el: 11/01/2018Categorías: En vivo

Un Elixir con altibajos

Un Elixir con altibajos

L’elisir d’amore (G. Donizetti)
Gran Teatre del Liceu de Barcelona. 9 Enero 2018.

Abre el año el Liceu reponiendo nuevamente la conocida producción de Mario Gas. Teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, todo parece indicar que no ha podido haber demasiados ensayos. La representación ha sido bien recibida, aunque ha tenido un desarrollo un tanto irregular, con una primera parte plana, mejorando en la segunda. La producción escénica es bien conocida, la dirección musical ha tenido altibajos y en el reparto vocal ha destacado la Adina, aunque no ha brillado hasta el final de la ópera.

Escena

Una vez mas el Liceu nos ofrece la muy conocida producción de Mario Gas, que ha recorrido casi toda la geografía española desde su estreno hace 20 años en el Teatro Victoria, puesto que el Liceu estaba entonces en obras, tras el terrible incendio. Leyendo el artículo de Mario Gas en el programa descubro que la producción es más antigua, ya que originariamente se estrenó en 1983 en el Teatro Grec de Barcelona, ofreciéndose posteriormente (con cambios) en el Festival de Peralada, llegando definitivamente al Liceu, que es quien la adquiere hace 20 años. Todo un prodigio de longevidad y rentabilidad. Hay que reconocer que el público sigue respondiendo muy positivamente a la producción y, al final, esto es lo que cuenta.

La acción se traslada a la Italia fascista, con la tropa de Belcore convertida en “camisas negras”, en un escenario único en forma de patio vecindad. La dirección escénica sigue funcionando francamente bien, llena de detalles del agrado del público, como la llegada de Dulcamara en un “sidecar”, la gente asomada a las ventanas en “O, rustici”, el divertido banquete de bodas, que abre el segundo acto, acompañado de música napolitana a cargo de Beniamino Gigli, terminando con el divertido paseo de Dulcamara y Moretto por el patio de butacas, repartiendo “elixir”, mientras el “León Salvador” de mi niñez canta de nuevo las estrofas de su despedida. Escenografía muy adecuada, obra de Marcelo Grande, autor también del diseño de vestuario. Correcta la iluminación de Quico Gutiérrez.

Escena

La dirección musical ha estado encomendada al valenciano Ramón Tebar, que se ha convertido en un director muy demandado. Bueno será recordar que dirigió Un Ballo in Maschera en A Coruña en Septiembre para seguir con Il Trovatore en Oviedo un mes más tarde. Siguió en Noviembre con El Gato Montés en la Zarzuela, terminando el año dirigiendo Don Carlo en el Palau de Les Arts. Apenas han pasado15 días entre la última función de este Don Carlos y la primera de L’Elisir en Barcelona, tiempo muy escaso, teniendo en cuenta además las fechas navideñas en medio. Puede esto explicar que el resultado de la dirección de Ramón Tebar ha quedado por debajo de lo que uno puede esperar. El primer acto fue ruidoso, premioso y plano, no faltando problemas de coordinación entre foso y escenario. Se puede hablar de un primer acto hasta aburrido. Las cosas mejoraron en las últimas escenas del segundo acto, quedando en conjunto un sabor un tanto amargo, ya que se puede esperar bastante más del director valenciano. La Orquesta del Liceu volvió a ser la formación corta de calidad que parecía haber quedado atrás últimamente. Tampoco me resultó convincente la prestación del Coro del Liceu.

Nemorino fue interpretado por el tenor eslovaco Pavol Breslik, que lo hizo bien. No es un artista excepcional, pero resulta adecuado, aunque no excesivamente brillante. La voz parecía un tanto corta en el primer acto, llegando con alguna dificultad al auditorio. Cantó con gusto la siempre esperada Furtiva Lagrima.

Adina era la soprano australiana Jessica Pratt, cuya actuación tuvo dos partes muy distintas. No pasó de la corrección en el primer acto, en el que también en su caso había momentos en que la voz parecía reducida para este teatro. En el segundo acto las cosas cambiaron, resultando más convincente en su dúo con Dulcamara, brillando de manera especial en su gran escena con Nemorino, cantando con gusto el aria y ofreciendo una magnífica cabaletta, en la demostró que se encuentra en agilidades como pez en el agua.

Pavol Breslik y Jessica Pratt

Roberto de Candia fue un buen intérprete del charlatán Dulcamara tanto vocal como escénicamente. Hoy en día es una garantía en estos personajes bufos.

Mejor actor que cantante el barítono italiano Paolo Bordogna en la parte de Belcore .La voz no tiene mucha calidad y se tapa por sus tablas.

La argentina Mercedes Gancedo lo hizo bien en la parte de Giannetta.

El Liceu ofrecía una ocupación de alrededor del 90 % de su aforo. El público se mostró bastante tibio durante la primera parte, pareciendo disfrutar en el final de la ópera. Hubo una buena recepción para los artistas, siendo los mayores aplausos para Jessica Pratt.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 44 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 9 minutos. Esto significa una duración entre 7 y 9 minutos mayor que las últimas representaciones de esta ópera en el Liceu. Nueve minutos de aplausos, incluyendo la repetición de las estrofas de Dulcamara por el patio de butacas y en el escenario.

El precio de la localidad más cara era de 223 euros, costando la butaca de platea entre 117 y 172 euros. La entrada más barata con visibilidad costaba 42 euros. José M. Irurzun

Fotos: A. Bofill

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