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escena-nabucco-Comentarios previos: Nabucco en el Teatro Real
Por Publicado el: 07/07/2022Categorías: Previos de ópera

Críticas en la prensa: Nabucco en el Teatro Real

NABUCCO (G. VERDI)

Cierra la temporada el Teatro Real con Nabucco de Verdi tras una ausencia de 151 en su escenario. Lo más reseñado del estreno ha sido el bis del Coro Intermezzo, residente del Teatro Real, el primero que se le pide al conjunto desde que se reabrió el Teatro en 1997. En consonancia, las opiniones aquí recogidas destacan el buen estado de salud del Coro, liderado por Andrés Máspero, y la falta de reconocimiento que adolece.

Con la misma unanimidad se subrayan la dirección musical de Nicola Luisotti, el acierto de trasladar la acción en la producción diseñada por Andreas Homoki pero no su realización, y la encarnación de Anna Pirozzi como Abigaille. De esta última destacan una actuación y canto «siempre certero, potente y brillante» (González Lapuente), que contrasta con un Nabucco de Luca Salsi de gran presencia pero interpretación menos acertada.

Música: Giuseppe Verdi. Texto: Temistocle Solera. Dirección de escena: Andreas Homoki. Dirección musical: Nicola Luisotti. Escenografía: Wolfgang Gussmann. Vestuario: W. Gussmann y Susana Mendoza. Iluminación: Franck Evin. Intérpretes: Luca Salsi, Michael Fabiano, Dmitry Belosselsky, Anna Pirozzi, Silvia Tro Santafé, Simon Lim. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Teatro Real, Madrid

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Escena de Nabucco en el Teatro Real © Javier del Real | Teatro Real

ABC 06/07/22

Nabucco o la vuelta del hijo pródigo

Llega ‘Nabucco’ al Teatro Real arrastrando la fama de ser una obra popular, aunque haya tardado 151 años en volver a este escenario y poco más de medio siglo desde que se vio por última vez en Madrid. […] en la representación de anoche, desarrollada en un ambiente distendido, jovial y de tintes veraniegos, pivotada sobre el famoso coro de esclavos judíos que se aplaudió con una ovación tan ruidosa e interminable que el maestro Nicola Luisotti tuvo que volver a repetirlo. […]

‘Nabucco’ es una obra de fuerte raigambre coral, como demuestra ahora el Coro Intermezzo que, dirigido por Andrés Máspero, mantiene un nivel de excelencia no siempre bien reconocido. La armadura de las voces y de la sensata evolución escénica es, en este caso fundamental, al constituir el plano básico de una propuesta escénica con otras perspectivas. […] Homoki se centra en la acción, sin mayores penetraciones psicológicas, limitando la escena a un económico y enorme panel ficticio de mármol verde cuyos cambios de posición redefinen constantemente el espacio. La transposición de la obra a mediados del XIX, la vistosidad del vestuario y los cambios de iluminación la liberan de su natural acartonamiento […] el maestro Nicola Luisotti convertido en artífice del éxito.

Desde la obertura, dicha con nervio, energía y articulación, generadora de los primeros aplausos, es obvio que este ‘Nabucco’ proyecta un sonido muy particular: robusto, generoso y proporcionado. […] Apenas hubo un momento de inestabilidad ante la ‘preghiera’ final de Nabucco a cargo del movedizo Luca Salsi. […] Salsi es fiel a su reconocido coraje y variabilidad vocal, con una línea no siempre bien perfilada. Es la presencia lo que domina su interpretación, a veces con escaso valor […] Anna Pirozzi, quien ofreció lo mejor de la noche, […] siempre certera, potente y brillante, con agudos definitivos incluyendo el aria ‘Anch io dischiuso un giorno’. Merece la pena recordar al gran sacerdote de Simon Lim, por su firmeza, la entregada Fenena de Silvia Tro Santafé, y no tanto el Zaccaria de Dmitry Belosselskiy […]. Alberto González Lapuente

Nabucco-©-Javier-del-Real-Teatro-Real

Nabucco © Javier del Real | Teatro Real

EL PAÍS 06/07/22

Cinco minutos de aplausos y un bis de coro: el Teatro Real vive una noche histórica con el ‘Nabucco’. En Madrid, como en Milán en 1842, el coro ‘¡Va pensiero!’ fue repetido en la representación de la ópera de Verdi.

Noche histórica en el Teatro Real. Nabucco vuelve a triunfar, como lo hizo hace 180 años en Milán, cuando Verdi era un joven dispuesto a dejar la composición. En ese éxito resonaba el latido de la ópera romántica, el vigor de un compositor que se veía desahuciado y, sobre todo, el pulso del coro, convertido en el alma de un lamento que condensa la injusticia y el abatimiento del pueblo. Ayer en Madrid, como en Milán en 1842, el coro ¡Va pensiero! fue repetido. En Milán estaba prohibido por las autoridades austriacas de ocupación. Ahora, en Madrid, simplemente no era costumbre. De hecho, es la primera vez que esto ocurre en la moderna historia del Teatro Real. ¡Un bis del coro! Pero, en ambas ocasiones, se ha producido lo inesperado, aquí han sido cinco minutos de aplausos, que habrían sido más si el maestro Luisotti no cede. En el colmo de la rememoración histórica, alguien gritó ¡Viva Verdi!, el grito del Risorgimento italiano para camuflar el ¡Vittorio Emmanuele Re d’Italia!

Ópera de cantantes

Nabucco tiene, una cierta relación con nuestro país y, de modo especial, con el Teatro Real. Se dice que sonó en las pruebas acústicas del Real antes de su apertura, en 1850, y, en todo caso, llegó a su escenario en 1853. Además, el inefable Temistocle Solera llegó a ser nada menos que director del Teatro Real por esos mismos años. Con todo, Nabucco se interpretó en el Real por última vez en 1871, por lo que su presentación actual cubre un vacío de 151 años.

El actual montaje de Nabucco que presenta el Real, de la mano musical de Nicola Luisotti y la teatral de Andreas Homoki, es poderoso. Mucho más en lo musical que en lo teatral. El coro Intermezzo, muy bien preparado por Andrés Máspero, está sublime, y no solo en ¡Va pensiero! Por su parte, la orquesta vuela de la mano de Luisotti, quien presenta sus credenciales en este título verdiano que reclama cada vez más atención. Al director alemán Andreas Homoki le toca lidiar con la más fea, dar sentido a una historia que solo es buena para ponerle música. Su opción era sensata: nada de Babilonia ni Judea, todo discurre en la Italia del Risorgimento; no está mal la apuesta, pero los choques de realidad son tantos que terminan difuminando cualquier otro acierto. Aún así, no creo que Homoki y su equipo merezca las descalificaciones del respetable, que parecen ya casi una tradición en el Real cuando se trata de puesta en escena. Había que hacer algo y dejar la historia en Babilonia es ya inaceptable.

Pero, Nabucco es una ópera de cantantes. Empezando por el titular de la historia. En el primer reparto ha brillado con luz propia el barítono Luca Salsi, perfecto de ajuste vocal y de teatralidad. Como este montaje triplica el reparto, queda esperar que el resto no desmerezca. El segundo papel tiene mucho morbo, Abigaille, la mala de la historia, una soprano con un registro especial, dramático, pero con extensiones de voz temibles, al agudo y al grave. Abigaille, además, fue el papel que asumió en su estreno la soprano Giusepinna Strepponi, la que terminaría siendo segunda mujer de Verdi y de la que algunos aseguran que este papel le quemó la voz. Es indemostrable, pero echa mucha sustancia al personaje para cualquier verdiano. La soprano Anna Pirozzi se lanza con fuerza a un papel que, aun difícil, ya no pilla desprevenida a una cantante. Ambos fueron los triunfadores vocales de la noche. En el triángulo de protagonistas, merece atención el barítono Dmitry Belosselsky, que cuenta con un instrumento robusto y bien articulado, aunque los temibles graves del personaje de Zaccaria quedan un poco desvaídos. Para cerrar el capítulo, buenas prestaciones de la pareja de la soprano Silvia Tro Santafé y el tenor Michael Fabiano. Pero, aún a riesgo de repetirme, fue la noche del Coro Intermezzo. Jorge Fernández Guerra

Pirozzi-y-Tro-Santafé-en-Nabucco-c-Javier-del-Real

Pirozzi y Tro Santafé en Nabucco (c) Javier del Real

LA RAZÓN 06/07/22

Nabucco visita el Rissorgimento

No deja de ser curioso que la ópera con la que se reinauguró el Teatro Real en 1853 no se haya representado en su nueva etapa. Bien está que este Verdi primerizo pero importante nos llegue ahora. Lo hace con una producción estrenada en la Ópera de Zurich en el verano de 2019. Luego, en octubre, le sirvió a Plácido Domingo para su primera gran actuación lírica tras las acusaciones que aún le persiguen y que probablemente sean la causa incomprensible de que no figure en alguno de los presentes repartos a pesar de que, según él mismo ha declarado, tenía contrato para alguna de las representaciones. No será como Nabucco, pero sí volverá a pisar el Real el próximo día 17 junto a Sonya Yoncheva en una gala de Universal. Sinceramente, no deja de ser una hipocresía que para regresar haya de hacerlo en un espectáculo de terceros. El hipócrita mundo de hoy.

Estamos ante la tercera ópera de Verdi. “Oberto” fue un éxito, pero “Un giorno di regno” un fracaso. Con “Nabucco”, también en la Scala como las anteriores, alcanzaría el estrellato. Para triunfar en esta vida, además de talento, hay frecuentemente que tener suerte y estar en el momento y el sitio adecuado. Eso le sucedió a Verdi en el Milán de 1842. Sin duda la obra reunía calidad, pero es que además la situación política amplió la trascendencia del estreno. En aquellos años la ópera era como los musicales hoy y buena parte de los habitantes de Milán pasaban por su templo lírico. El ”Viva Verdi” que apareció en pintadas por las paredes de toda la ciudad era en realidad un viva “Vittorio Emanuele, Re D’Italia”, el monarca que representaba la reacción contra la dominación austríaca. El libreto de Temístocles Solera, bien conocido después en España, y la música de Verdi cantaban la desesperación del pueblo hebreo frente a la opresión de los babilonios. El pueblo italiano se identificó con sus propias circunstancias y el compositor se convirtió en un héroe.

Por eso no es mala idea la traslación de la acción efectuada por Homoki a tiempos del Resurgimento. Otra cosa es que, tras un inicio relevante e incluso brillante en el que se explica la relación de Nabucco con sus hijas, Abigaille y Fenena, el drama se diluya frente a un gran bloque de malaquita verde que sirve para todo. Con tan poco decorado se intenta basar la dramaturgia en los movimientos actorales y aquí el equipo de Homoki naufraga, provocando potentes abucheos en los saludos finales. Sabido es que “Nabucco” es una ópera eminentemente coral y algunos de sus movimientos rememoran sin venir a cuento los musicales americanos y otros son tan absurdos como inútiles.

En el reparto hay luces y sombras. Anna Pirozzi es la clara triunfadora en uno de los papeles más difíciles de soprano dramática de agilidad. Pudo con las notas extremas y no tanto con las coloraturas, alguna falta de limpieza pero, en cualquier caso, magnífica. Curioso que en los recitativos su timbre y forma de abordarlos recordasen a la genial Caballé. Luca Salsi es uno de los cuatro o cinco barítonos más destacables del presente. Como Nabucco convence pero no entusiasma. Le falta gravedad al timbre y, aunque frasee bien y con perfecta dicción, se echa de menos mayor matiz capaz de emocionar, eso que hacía Bruson e incluso Domingo en este rol a pesar de no ser propiamente un barítono. Michael Fabiano supone un lujo como Ismael, por voz, arrojo y entrega. Correctos Silvia Tro y Simon Lim y a mucho menor nivel el bajo Dmitry Belosselsky.

Precisa, vibrante y con brío la dirección de Nicola Luisotti desde los primeros acordes de la obertura hasta la muerte de Abigaille, con una orquesta y unos coros quizá más potentes de lo habitual. Estos últimos son los protagonistas de la obra y su “Va pensiero” siempre la página más esperada. El coro es una de las grandes bazas del Real, pero conviene no abusar, ni en su sonoridad ni en la prolongación de la nota final de esa página. El teatro sabe manejar muy bien la comunicación. Prueba de ello ha sido su participación en la cumbre de la OTAN y busca estar permanentemente en el candelero. Hubo de bisar el “Va pensiero” tras más de cinco minutos de ovaciones, pero yo peino muchas canas y sé cómo se logran estas cosas. Sabía, antes de entrar en el teatro, que iba a suceder y que se buscaría la noticia de inmediato. Así fue con la nota de prensa emitida nada más terminar la función. Gonzalo Alonso

Un comentario

  1. Teresa raya 18/07/2022 a las 11:00 - Responder

    No me gusta la puesta en escena.
    La mezcla del argumento, con muchas referencias bíblicas, con los miriñaques, que parecían de la corte de Sissi emperatriz, resta dramatismo a la ópera.
    No necesitaron de tanto artificio los coetáneos de Verdi para extrapolar lo que se veía en escena, a su Italia natal, a la sazón bajo el poder del imperio austrohúngaro.
    El remate fue vestir de mamarracho al Sumo Sacerdote, muy buen barítono por cierto.

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