Plan de suscripciones

Suscribirse a la Newsletter de Beckmesser

¡No te pierdas ninguna noticia!

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Oferta de empleo a economista o similar

oferta-de-empleo

Busca las entradas de cada mes

Últimos tuits de Beckmesser

Post
kent-naganoLas 12 mejores citas musicales del último cuatrimestre de 2026
Por Publicado el: 21/09/2026Categorías: Colaboraciones

Esa ensalada tan mala: Disonancias cognitivas en Carmen de Bizet

Esa ensalada tan mala: Disonancias cognitivas en Carmen de Bizet

En la propuesta escénica de Bárbara Lluch (Carmen, Escena Escorial 2026, doce de septiembre), dos pantallas y varios móviles en escena cuentan por WhatsApp una historia paralela a la original. En ella, Carmen, víctima de acoso sexual, resulta finalmente asesinada en un feminicidio perpetrado por Don José. En estas mismas páginas (Beckmesser, “Carmen a través del espejo (roto)”, 14-09-2026), el inmarcesible fantasma de G. Bizet ha bajado a la tierra para protestar por lo que considera una flagrante manipulación de su obra. Presa del desaliento, el compositor subraya la disonancia cognitiva entre lo que él escribió y lo narrado por los móviles de Bárbara Lluch.

Carmen de Bizet en El Escorial de Barbara LLuc , con Don Jose

Carmen con Don José

Pero no todo el mundo piensa igual, y por eso, tanto en Platea Magazine (“Bárbara Lluch y Alondra de la Parra lideran @Carmen. The reel story”, en el Festival Escena Escorial. 14-09-2026), como en Ritmo (@Carmen: The Reel Story, 16-09-2026) pudo leerse la opinión contraria. En ambas críticas se defiende el montaje por su acierto al reinterpretar una obra compuesta bajo presupuestos sociales muy diferentes a los actuales, poniendo el acento en algo mucho más importante que el respeto al texto original, a saber, en la defensa de la mujer y el repudio de unos valores que, aún hoy, siguen justificando el maltrato, el acoso y el feminicidio.

No ha sido, desde luego, Bárbara Lluch (sin duda, una competente directora de escena) la primera en proponer una Carmen víctima del patriarcado. Entre los ejemplos más reconocibles está la producción de Leo Muscato (Teatro del Maggio Musicale de Florencia, 2018), en la que, lejos de dejarse apuñalar, Carmen le arrebata la pistola a Don José en la última escena y le descerraja dos tiros en legítima defensa: en una sociedad corrompida por la violencia machista, nos dice el regista, no es moral aplaudir el asesinato de una mujer en escena. También Damiano Michieletto (Royal Opera House de Londres y Teatro alla Scala de Milán), prescinde del romántico navajazo sin sangre ni espasmos finales para ajusticiar a Carmen de un modo brutal, realista, con estrangulamiento y agonía: nada de glamur ante la bestialidad del feminicidio.

Carmen de Bizet en El Escorial de Barbara LLuc , con Escamillo

Carmen con Escamillo

Tampoco fue Susan McLary, con su capítulo dedicado a Carmen en Feminine Endings (1991), y en su monografía Georges Bizet: Carmen (1992), la primera en reinterpretar la obra desde la Nueva Musicología feminista, pero fue, desde luego, la autora que más éxito tuvo en el empeño. Entre otras razones, por poner el énfasis no en el texto, sino en el verdadero corazón de la obra: su música. Para McLary, la tonalidad occidental, con su racionalidad, sus centros de gravedad, su impulso direccional y su práctica común, traduce al lenguaje musical las leyes del patriarcado. El oyente, condicionando históricamente, termina por aceptar la tonalidad como la gramática musical natural, una norma transparente, de sentido común, frente a la transgresión, considerada femenina, que se vislumbra en la tonalidad menor (segundo tema de la forma sonata, por ejemplo), el cromatismo y la atonalidad. Así resulta que Don José canta siempre melodías tonales y Micaela hasta levíticas cadencias plagales, mientras Carmen, sexualizada y exotizada, no puede menos que entonar habaneras cubanas y cromáticos pájaros rebeldes. Y ya se sabe lo que pasa: al final, Don José se ve obligado, casi contra su voluntad y para corregir los desvíos de la norma, a castigar a una insolente. Un policía enamorado, pero que sabe cumplir con su deber.

Si las consideraciones de McLary le han provocado una arritmia, no se preocupe, y lea a Paula Higgins (Women in Music, Feminist Criticism, and Guerrilla Musicology: Reflections on Recent Polemics, 1993). La musicóloga británica, que acusa a McLary de ver el patriarcado por todas partes, defiende lo que a muchos nos parece una evidencia: que Carmen no es una víctima, ni de Don José ni de la tonalidad occidental, sino una mujer “agente y arquitecta de su propio destino”. En opinión de quien suscribe, la escena final de Carmen, en la que la cigarrera sabe ya que Don José va a matarla, y aún así se niega a reconocer otra voluntad que la suya («¡Libre nací, libre moriré!»), recuerda y mucho al Don Giovanni mozartiano. Como recordarán, tomado de la mano por el Comendador, y enfrentado a la disyuntiva entre arrepentirse de su vida disoluta o ser arrastrado en el acto al infierno, Don Giovanni no lo duda y elige el abismo. Resultan así dos héroes de una ética nacida con el Romanticismo, una ética moderna, quizá liberal en exceso, pero admirable por su coherencia. Una ética que, por decirlo con otras palabras, trasciende la moral común del super-yo freudiano. Carmen, lo que yo daría por que me arrojases una flor.

Aún hay otro argumento que debería añadirse al de Higgins. Y es que al convertir a Don José en protagonista negativo de la obra y a Carmen en una víctima de su machismo resultan cambios que pueden resultar ingenuos y superficiales. ¿Rectifica acaso ese final actualizado los roles de género implícitos tanto en un libreto inequívoco como en una lógica musical tonal/modal (ésa que dejó Susan McLary brillantemente al descubierto) que el espectador percibe claramente durante la representación?

Al final, uno piensa que no, que esa disonancia cognitiva entre obra y reinterpretación escénica paralela resulta en una ensalada fallida, y sospecha que lo único que se oculta tras estas actitudes es una vocación moralista y en ocasiones, censora. Con los buenos sentimientos, decía Francisco Umbral en cita memorable, sólo se hace mala literatura. Nada peor ni más antiartístico que una novela de tesis. Y así, todos estos intentos de reescribir Carmen devalúan inevitablemente la comparecencia ante el espectador de la obra maestra de Bizet rebajándola a propuesta moral, es decir, a catecismo. Es degradar el arte a pedagogía, y considerar a los espectadores inmaduros para reconocer lo evidente. ¿No resulta en verdad ofensivo considerar que el público actual pueda interpretar Carmen como una justificación, no ya del feminicidio, sino de cualquier forma de violencia contra las mujeres? ¿O ingenuo pensar que, sin la ayuda de un regista creativo, podría erigirse ese mismo público en baluarte de valores caducados?

Emilio Fernández Álvarez

Deja un comentario

banner-calendario-conciertos

calendario operístico