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Van apareciendo las críticas al último espectáculo del Real
Sobre "Orfeo" en el Real
Por Publicado el: 19/05/2008Categorías: Diálogos de besugos

La crítica ante la «Clemencia de Tito» en el Real

Pues parece que la «Clemencia de Tito» ha funcionado bastante bien y con un mérito particular para una semiescenificación que ya la quisieran para sí muchas escenificaciones completas. Y por dos duros. Gran contraste con el «Orfeo» de Pizzi.

EL PAÍS:
LA HUMILDAD CORONADA
Lo que son las cosas. La clemenza di Tito se presentaba como un espectáculo de segunda fila en la programación del Real, con sólo tres representaciones y en versión semiescenificada, y sin embargo se ha alzado con una de las cotas artísticas más altas de la temporada. El reparto vocal ha sido espléndido, con una Kasarova inconmensurable; Víctor Pablo Pérez se ha sacado la espina de su controvertido Don Giovanni con una dirección magistral, y la puesta en escena de Mario Carniti resulta eficaz en su sencillez posibilitando que los grandes temas de esta ópera extraordinaria queden en manos de las voces y la orquesta. El éxito fue inmenso.
Fue el día de las caras nuevas. Los seis cantantes solistas debutaban en el Real. La estrella absoluta fue la mezzosoprano Vesselina Kasarova, como Sesto. En el Festival de Salzburgo, de la mano de Harnoncourt y en la inquietante puesta en escena de Kusej, ya había deslumbrado con su construcción de este personaje. En Madrid también ha provocado un estremecimiento. Es una cantante temperamental, intensa, de una extraordinaria fuerza interpretativa. Su Parto, parto fue de antología. Y su teatralidad vocal en cada momento. Alexandrina Pendatchanska comenzó un poco titubeante, pero llegó a su gran aria del segundo acto en plenitud expresiva, consiguiendo una escena conmovedora. También fue a más conforme la representación transcurría Roberto Saccà y se mostró en todo momento impecable Álex Expósito que, además, se estrenaba en el papel de Publio. Mención aparte merecen las españolas Maite Beaumont y Ainhoa Garmendia. Curtida la primera en Hamburgo y la segunda en Leipzig, ya habían tenido citas mozartianas de campanillas con anterioridad: Beaumont en el Festival de Salzburgo, Garmendia en el de Glyndebourne. Se movieron las dos con extraordinaria seguridad, pisando el escenario con convicción. Con un empuje irresistible, Beaumont; con gran delicadeza, Garmendia.

Víctor Pablo fue otro de los triunfadores de la noche, en una ópera que se le da como anillo al dedo. La Sinfónica de Madrid sonó compacta, sutil y teatral a sus órdenes.J. Á. VELA DEL CAMPO 19/05/2008

LA RAZÓN:
Virtudes locales
«La clemenza di Tito»
De Mozart. Roberto Saccà, Alexandrina Pendatchanska, Vesselina Kasarova, Maite Beaumont, Ainhoa Garmendia, Alex Esposito. Director musical: Víctor P. Pérez. Director de escena: Marco Carniti. Teatro Real, Madrid. 26-V-2008.
Mozart es canto puro, línea, clasicismo pleno, virtuosismo trascendente. Necesita voces que sirvan esos presupuestos limpiamente. Cuando existen y se dan en una ópera como «La clemenza di Tito» al menos mínimamente, la música y el mensaje transparente, de sentimientos y valores morales, aparecen bien servidos y alcanzan su meta; hasta el punto de que personajes de cartón piedra como los que pululan en esta ópera seria fuera de tiempo (1791) adquieren de pronto relieve humano. Hemos tenido un reparto de suficiente altura, aunque con sus matices. La gran triunfadora fue Kasarova, que mostró volumen, belleza tímbrica, oscuro color y buen dominio de agilidades. Ha perdido la pureza de emisión y molesta no poco la guturalidad de los graves, así como una curiosa manía de realizar constantes vaivenes dinámicos. Nos gustó más la línea y el control del aliento de su compatriota búlgara Pendatchanska, de voz extensa y bien coloreada, quizá algo corta de potencia en la zona inferior. Timbre poco grato aunque canto eficaz el del tenor lírico -que no ligero, menos mal- Saccà; excelente labor la de Beaumont y Garmendia, y cumplidor el bajo Esposito.
Espléndido clarinete
La dirección de Víctor Pablo fue templada y cuidadosa; homogénea de línea, clara de acentos y limpia. La Sinfónica sonó casi siempre bien. Espléndido Alberola en sus solos de clarinete y aceptable el coro. Todo funcionó sobre la escena preparada de Carniti, suficiente para una obra tan estática. Claridad de concepto, proyecciones alusivas y buen manejo de luces sobre una escalinata frontal el espectador. No hace falta más si se hace con gusto e inteligencia.
Arturo Reverter

ABC:
Ser malo
Ópera
Mozart: «La clemenza di Tito». Int.: R. Saccà, A. Pendatchanska, V. Kasarova, M. Beaumont, A. Garmendia, A. Expósito, Coro y Orq. Titular del Teatro Real. Dir. escena: M. Carniti. Dir. musical: V. P. Pérez. Lugar: Teatro Real. Fecha: 16-V
Señala la estética que la espiral es símbolo de vida y fecundidad, y que, tomada como forma arquitectónica, guía, encumbre y realza a quien soporta. De ser así, los cinco grandes tornillos que el director escénico Marco Carniti sitúa en lo alto de una monumental escalera y sirven de pedestal a los protagonistas de «La clemenza di Tito» deberían aportar una cierta ironía sobre quienes en realidad sólo son personajes («monigotes», se ha dicho) de cartón piedra. Ya se sabe que la ópera de Mozart es una incomodidad que el compositor resolvió con la suficiencia del genio. Por eso, a falta de una armada arquitectura teatral y de una verdadera caracterización de fondo, cualquier ayuda es de agradecer. Aunque sea la generosa «semiescena» de escalera, tornillos, luces y proyecciones que Carniti acaba de colocar en el Teatro Real.
Porque si no, a la postre, las bellezas de la obra pueden resultar algo rígidas. De hecho así parecieron mientras el director Víctor Pablo Pérez pretendió obtener de la orquesta un sonido más de época pero esta no tiene de forma natural. La sequedad inicial, la decisión de concentrar la expresión antes que darle anchura, algunos desajustes, especialmente con el coro, adquirieron otra dimensión más relajada llegando el final, a partir de la singular «Non più di fiori». Remató, entonces, su difícil papel
Alexandrina Pendatchanska, un punto incómoda en el grave, pero confirmando que en esta «Clemenza» los malos fueron los mejores. Entre ellos, además de esta Vittelia, el Sesto de Vesselina Kasarova. Buenas agilidades, notable acero en la voz, vibración, gran sentido dramático y una peculiar línea vocal con abundancia de pianos súbitos, tendencia al «parlato» en los recitativos y algo de rudeza en los finales. Al otro extremo se situó el tenor Roberto Saccà, tardando en calentar la voz, asegurando los adornos y mostrando un timbre envejecido. Fue un Tito suficiente llegado el momento de
dialogar bravamente con el coro y los demás. El buen final para una clemente realización, fuera de abono y aplaudida.ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE

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