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Por Publicado el: 04/11/2017Categorías: Diálogos de besugos

Las críticas en prensa a Favorita en el Real

Comienzan a publicarse en papel las críticas a “Favorita” en el Teatro Real y, como habitualmente, deseamos que ustedes tengan una idea lo más completa posible de lo que son estas representaciones, comparando lo que expresan -que no siempre es lo que piensan realmente- unos y otros críticos. En esta ocasión importaba más la celebración que el arte, aunque éste no sólo no faltó sino que el concierto tuvo brillo.

«La Favorite» de Donizetti. Dirección musical: Daniel Oren. Solistas: Simone Piazzola, Jamie Barton, Marina Monzó, Javier Camarena, Simón Orfila, Antonio Lozano, Alejandro del Cerro. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Madrid. Teatro Real, 2 de noviembre de 2017

ABC

02/11/2017

La Favorita, la maniobra del éxito

Todos los géneros del drama se han dado cita en el Teatro Real durante los últimos veinte años, ya sean el trágico o el cómico. Y no solo se trata del heterogéneo repertorio que se ha representado sobre el escenario. En este tiempo, la institución ha vivido tantas cosas que algún cronista debería escribirlo para que se sepa que el camino ha tenido su aquel a pesar de la alegría que ahora se vive.

En la apertura de la gala aniversario de ayer, dos breves vídeos sirvieron de presentación sintetizando el alcance actual de la marca y su potencial interior. Plácido Domingo, el presidente del patronato, Gregorio Marañón, y el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, se alegraron por el actual estado de cosas, felicitaron a todos los implicados y desearon un futuro próspero en cercanía a un teatro para el que estos veinte años desde su reapertura, el 11 de octubre de 1997, son casi una anécdota.

No se olvide que en el próximo 2018 se festejan nada menos que los 200 de la fundación primigenia. O así se explica, que en esto de los números el Real es todo un campeón. Por si dos aniversarios no fueran suficientes, la gala de ayer giró alrededor de la interpretación de «La favorita» que tiene sentido por ser la primera obra que se vio sobre el escenario el 2 de noviembre de 1850. Entonces, con una expectación difícil de igualar.

Nada menos que 320 reales se llegaron a pagar por una entrada que valía 24. El acontecimiento lo merecía y la obra (en aquellos tiempos) también. En esto las cosas han cambiado. Hoy «La favorita» se soporta peor, de ahí la buena idea de ofrecerla en versión de concierto y la necesidad de hacerlo con un reparto de voces estimables.

Lo es la de Jamie Barton y la de Javier Camarena, los dos protagonistas y triunfadores anoche. Ambos muy bien asentados desde el principio, quizá Camarena con algún minúsculo roce en la cavatina inicial y luego un punto más evidente en el aria. Fue apenas una peca para alguien que afronta el papel alardeando de medios y defendiéndolo desde una perspectiva juvenil, fresca y no tanto temerosa. La voz redonda, el color acariciador: «Un ange» sonó con limpieza y encanto justo, y «Ange si pur» fue un alarde de «legato», pureza en el timbre, sutiles reguladores, además de potente y diáfano agudo. Levantó al público, como lo hizo sin duda el aria de Léonor «O mon Fernand» en la que Barton alcanzó el momento culminante de la noche y de una interpretación con personalidad, calidad, variedad en la expresión, autoridad en los extremos del registro y arrojo. La «cabaletta» acabó por poner bravura, donde antes hubo tersa introspección y siempre potente concentración expresiva.

Hubo mucho de bueno en esta «Favorita» donde se impuso el orden y la limpieza a la efusión. Se cantó a gusto porque el maestro Daniel Oren acompañó con eficacia y sabiduría. Su gesto exagerado, la figura saltarina y la apariencia descuidada no acabaron por romper la barrera de la honestidad musical. Simón Orfila dotó de un interesante y monolítico temperamento al personaje de Balthasar, el registro grave no siempre rotundo. Simone Piazzola trató de domar la marejada de una voz a veces calante, en ocasiones desigual y de dudosa medida en el aria «Léonor, viens».

Antonio Lozano creció con la obra y Marina Monzó dejó la impresión de un importante potencial vocal apenas reducido ayer a una voluntad demasiado trivial. Y en el fondo de «La favorita» la solidez de la Orquesta y Coro Titulares, tan fundamentales en el entramado que sin ellos este aniversario no habría sido igual de brillante. Alberto González Lapuente

EL PAÍS

02/11/2017 

Otros tiempos

Casi nada fue ayer como el 19 de noviembre de 1850, cuando se inauguró oficialmente el Teatro Real. Aquel lejano día jarreó en Madrid (“una lluvia sobrado inoportuna”, se leyó en La España) y ahora hemos de contentarnos con que chispee siquiera de cuando en cuando. Entonces se interpretó La favorita; ahora, en cambio, con muy buen criterio, La favorite, la versión original francesa y muchísimo menos adulterada (incluido el final) de la ópera de Donizetti. Coparon entonces el podio y los principales papeles artistas italianos y el barítono francés Paul-Bernard Barroilhet, mientras que ayer el reparto fue un fiel hijo de la globalización: cuatro cantantes españoles, un tenor mexicano, una mezzosoprano estadounidense, un barítono italiano y un director de orquesta israelí. Entonces cayó sobre el patio de butacas “una lluvia de composiciones poéticas, impresas en vistosos papeles de colores”, de ínfima calidad literaria, que encomiaban el teatro pero se mostraban, sobre todo, muy lisonjeadores con la reina Isabel II, presente en la sala tras haber asistido a un besamanos palaciego con motivo de su onomástica. El Heraldo publicó que “el entusiasmo de la lucidisíma concurrencia fue indecible en aquel momento”, pero ahora se nos ha evitado ese trago, sustituido por un breve vídeo autoexplicativo de lo logrado en estos últimos 20 años transcurridos desde la reapertura del teatro. Seis días antes de aquella solemne inauguración de 1850, el 13 de noviembre, el periódico La Época publicó que “la cuestión del Teatro Real interesa hoy más al público de Madrid que todas las noticias de política”. Hoy tampoco cabría aspirar a tanto, y menos en estos días aciagos, pero la efeméride sí que ha convocado a un ministro, altos cargos institucionales y un sinfín de invitados.

Pocos de estos últimos sabrían de antemano, sin embargo, que La favorite nació como un auténtico corta y pega a partir de dos óperas inconclusas (Adelaide y Le Duc d’Albe) y una tercera concluida pero no estrenada, L’Ange de Nisida, todas ellas del propio Donizetti, por supuesto. La nueva criatura, nacida de esa amalgama de textos y músicas de diferentes orígenes, no puede disimular sus costuras, aunque el compositor también incorporó al collage música de nuevo cuño, tanto para hilvanar mejor las diversas telas como para dar cabida a arias como Oui, ta voix m’inspire, con la que Fernand pone fin al primer acto, y Ô mon Fernand, que canta Léonor mediado el tercero.

Ambos ‒mezzosoprano y tenor‒ son los verdaderos protagonistas de este drama medieval de ambientación castellano-gallega, que no pierde gran cosa al ofrecerse, como aquí se ha hecho, en versión de concierto, ya que el director de escena que tenga que dar credibilidad a la endeble dramaturgia de La favorite tiene ante sí una papeleta nada fácil. Si algo caracteriza a la dirección artística de esta última etapa de la actual reencarnación del viejo Teatro Real (justamente el pie del que más cojeaba la penúltima) es el tino y buen criterio con que están elegidos los repartos vocales. Javier Camarena y Jamie Barton, tan disímiles físicamente, se echan la ópera sobre sus espaldas. Al primero le sobra todo lo que requiere Fernand: empuje, ardor, convicción, juventud. En cuanto el mexicano abre la boca, se presiente que algo grande va a suceder. La segunda es un joven diamante aún por pulir y, guiada por buenos directores, hará maravillas en este y otros papeles. Su Léonor se situará a buen seguro en la estela de las creadas por Stignani, Barbieri, Simionato, Cossotto, Verrett o Horne. Al contrario de lo habitual, su voz luce más en los registros extremos que en la zona media, pero en su muy aplaudido debut en el Real ‒y en esta ópera en concreto‒ ha dejado una impresión inmejorable.

Noble y algo hierático el Balthazar de Simón Orfila, de quien se agradecería una mayor ductilidad en su voz, demasiado de una pieza, excelente el Don Gaspar de Antonio Lozano y excesivamente apocada la Inès de Marina Monzó, que haría bien en arriesgar más y no rehuir protagonismo cuando la partitura se lo concede. Muy decepcionante el rey de Simone Piazzola, rígido, envarado y con una muy deficiente dicción francesa. El coro tuvo una intervención descafeinada, en la línea de Lucio Silla, y, en el podio, Daniel Oren fue un dechado de aspavientos que casan mal con el delicado juego de equilibrios que exige el bel canto. Bullicioso, hiperactivo, saltarín y más teatrero que teatral, dirigió con gran entusiasmo, pero con gestos confusos que hicieron que la prestación orquestal no pasara de la corrección. Aun así, es más que probable que esta La favorite haya sido en conjunto más notable, y más fiel al espíritu donizettiano original, que La favorita de 1850 que ahora se rememoraba, “puesta en escena con estraordinario (sic) lujo y suma propiedad”, al decir de La España. Valga como homenaje, pero mejor no emular tiempos pasados. Luis Gago

EL PAÍS

02/11/2017 

El Teatro Real celebra 20 años de reapertura con ‘La favorite’

Había cumplido 21 años cuando el Teatro Real reabrió sus puertas en 1997. Por entonces, Javier Camarena andaba por México y muy probablemente no soñaba que dos décadas después, concretamente el próximo jueves, iba a ser el encargado de celebrar, como gran estrella actual del canto, ese aniversario. Lo hace además con un papel en el que debuta, el de Don Fernando, tenor de La favorite (Gaetano Donizetti), versión francesa y con Jamie Barton, la mezzo norteamericana junto a la que aparece por primera vez en el rol de Leonor de Guzmán.

Más o menos esa edad, 20 años, tenía Donizetti cuando Fernando VII decidió impulsar la construcción del Real hace 200 años. Coincidencias. Esta temporada de 2017-18 es de conmemoración. Pero con la vista más puesta en el futuro que en el pasado, cuenta Joan Matabosch, director artístico: “Somos eslabones de una tradición. De la misma forma que en el siglo XIX existía mucho rechazo a que se programaran óperas de Verdi, por ejemplo, nuestro cometido es hoy dar a conocer, principalmente, lo que no se ha representado nunca en este lugar”, asegura.

El caso de La favorite es aparte. Está justificado como la primera ópera que acogió el Real y sirve para toda una gala este jueves, aunque se repetirá el día 6. Se trata de un título que tuvo mucho éxito en su época, sobre todo en París, donde todo compositor debía triunfar. Y con temática española, cuando este país, para los adalides del romanticismo, resultaba territorio exótico.

El argumento se centra en la historia de amor no bendecida entre Alfonso XI y Leonor de Guzmán, con un ambiente algo tenebroso, de abadía y fortaleza en la Castilla medieval. “Una historia que me alegro de que se haga en versión concierto porque dramáticamente tiene muchos altibajos. La mahonesa no está bien ligada”, afirma Matabosch.

“Lo que marca la diferencia en la ópera son las voces y en este caso, tenemos a las mejores para este repertorio. Creo que Camarena, hoy en día, es el número uno”, asegura Daniel Oren. “Aquí no veo el color de España salvo un aria, es el único pasaje en el que veo la españolidad”, añadió Oren, quien definió esta obra como la “mezcla de dos estilos: el italiano con sucesión de arias y caballetas, prácticamente bel canto, y el francés por su estructura”.

“El primer y el cuarto acto describen un mundo religioso y espiritual, con música más solemne, mientras que los actos centrales cuentan con una música festiva de dimensiones espectaculares acorde al gran esplendor de la corte española”, agregó.

Y un reto vocal, en el que Camarena se siente cómodo: “Al principio no me hacía mucha gracia que fuera la versión francesa. Al prepararla me he dado cuenta de que encaja en mi voz perfectamente y ahora espero poder repetirla muchas veces”, asegura el tenor mexicano.

El director del Teatro Real, Ignacio García Berenguer, adelantó que el próximo jueves acudirán cuatro ministros (Íñigo Méndez de Vigo, Alfonso Dastis, María Dolores de Cospedal y Rafael Catalá), así como exministros como Carmen Calvo, Pilar del Castillo o Ignacio Wert y personalidades del mundo de la cultura como Mario Vargas Llosa. Jesús Ruiz Mantilla

LA RAZÓN

03/11/2017 

Teatro Real: “La Favorita”, volviendo a los orígenes

Este año el Real está festejando su bicentenario, aunque en puridad el Teatro propiamente dicho no se inauguró para la historia hasta 1850, y lo hizo con “La favorita” de Donizetti. Se han programado una gala y una representación para recordar ese aniversario y para dejar constancia de otro más auténtico: los veinte años de la reapertura del coliseo como sede operística. Y se coloca en el “cartellone” precisamente la obra donizettiana, pero en su versión original francesa, que vio la luz en París el 2 de diciembre de 1840, como resultado de la fusión de antiguos materiales que el compositor había preparado para una proyectada ópera titulada “L’Ange de Nisida”, en donde aparecía música proveniente de otras obras anteriores, como “Pia di Tolomei” o “L’Asedio de Calais”. Se suprimieron los elementos cómicos y se trasladó la acción del Nápoles del XV a la Castilla del XIV, durante el reinado de Alfonso XI.

Desde un punto de vista dramático, “La favorite” se parece a bastantes óperas francesas de la época (de Auber o Meyerbee). Por otro lado, no hay duda de la presencia del estilo italiano, en lo sentimental y en las bellas melodías. Se utiliza una armonía muy limpia y climática y no se siguen siempre las pautas y esquemas del género. Hay notables diferencias con la versión italiana, estrenada en Padua en 1842, con traducción de Franceso Jannetti y que tiene un final  más breve, con el do de Fernando: “Leonora! E spènta!” En la versión hoy escuchada se ha interpretado hasta el vulgarote ballet parisino.

El concierto, que ha tenido una proyección previa con palabras de Domingo, Marañón y Méndez de Vigo alusivas al aniversario, se ha desarrollado, con un patio de butacas abarrotado y muchos claros en los pisos superiores, bajo la eficiente batuta de Oren, un director grandote, gesticulante, movedizo, que danza y salta de continuo en busca del encaje y la emoción. Es un estupendo concertador e hizo sonar mucho y bien, con insólitos y estratégicos pianísimos, a la Orquesta y al Coro. Sabe respirar y acompañar a las voces; y esperarlas en los finales de frase. Pese a su eventual rudeza, hizo que la “representación” discurriera sin problemas.

Tuvo dos magníficos protagonistas. La joven mezzo norteamericana Jamie Barton, de 36 años, está dotada de un importante, bien coloreado, timbrado y esmaltado instrumento, amplio y extenso, homogéneo, manejado con técnica muy solvente, con arrestos y seguridad. Apiana y regula, ataca sin titubeos y se fue, en el cierre  de su gran aria Ô mon Fernand, al do sobreagudo con facilidad. El timbre recuerda vagamente al de la Simionato. A su lado el tan apreciado en el Real Javier Camarena, de agudo bien focalizado y buen arte de canto, que dijo, matizó, expuso con clase y seguridad su espinosa parte. Además de los agudos que ya tiene la partitura regaló otros, como un esplendente y brillantísimo re natural en el cierre de su primera aria. El cuerpo vocal es cierto que resulta en exceso liviano para un  papel que pide la voz de un lírico pleno o un lírico-ligero más enjundioso.

Simone Piazzola, barítono lírico, posee un tinte mate y no pocas zonas engoladas. Al sonido le falta amplitud, recorrido. No obstante, cantó con nobleza y línea, intentando apianar y ligar con honradez. Rotundo, oscuro, resonante y sólido Orfila como el padre Balthasar, aunque el timbre no sea específicamente bello. Sí lo es el de la límpida y grácil soprano Monzó, que cantó Inés. Algo destempladillo, bien que muy audible, Lozano como Don Gaspar. El buen tenor que es Del Cerro no pudo destacar en su brevísimo cometido de Señor.  Arturo Reverter

EL MUNDO

03/11/2017 

La favorita es ella

El Teatro Real celebra con justificado orgullo el segundo centenario de la fundación del teatro, y el vigésimo de su reapertura. Para tal fiesta, ha elegido con acierto el título del repertorio que representa como pocos la síntesis operística entre música y canto, en una muy lograda versión concierto, que deja a la imaginación del espectador la fabulación de una puesta de escena evocadora de la España medieval donde transcurre el drama del novicio Fernando, incapaz de aceptar que su amada Leonor ha sido la favorita, querida, amante o concubina de Alfonso XI.

La mezzosoprano norteamericana Jamie Barton es el centro de la acción con una voz jugosa y transparente, encargada de atraer y absorber a las demás. El tenor Javier Camarena es un rotundo Fernando, a pesar de una discreta nasalidad agazapada y cierta tendencia a exhibir sus poderosos medios. El bajo-barítono menorquín es un justamente cavernoso monje Baltasar, y el barítono italiano Simone Piazzola es el rey sobrio y generoso. La soprano valenciana como Inés, y los tenores, murciano y santanderino, Antonio Lozano y Alejandro del Cerro apoyan eficacísimamente a los personajes principales.

Armonioso y envolvente el Coro titular dirigido por el argentino Andrés Máspero, que responde con la misma entrega que la orquesta a la batuta vivaz y, cabría decir, también saltarina del israelí Daniel Oren.

Una velada de ópera estricta, gozosa y rigurosa, muy adecuada para una triple celebración que, al conmemorar el pasado, se instala en el presente como el lugar idóneo para contemplar el futuro con idéntico, pacífico entusiasmo. Darío Prieto

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