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Por Publicado el: 08/04/2011Categorías: Cartas

Sobre la carta enviada por el Sr. Muñiz a los abonados

Sr. D. Miguel Muñiz
Director General
Teatro Real, Madrid

Madrid, 8 de abril de 2.011

Muy Señor mío,

Con relación a su reciente carta en la que me informa de la composición de mi abono de ópera para próxima temporada y me invita a su renovación, quisiera manifestarle mi disconformidad con su, desde mi punto de vista, falta de objetividad al afirmar que tratan de “consolidar la institución en el panorama operístico internacional, de priorizar la calidad artística y musical e incorporar propuestas audaces que permitan explorar las grandes posibilidades de esta manifestación artística”. En mi opinión, y en línea con autorizadas voces que se están poniendo de manifiesto a través de diversos medios de comunicación, no hay más que repasar no sólo el controvertido historial profesional del actual director artístico del Teatro Real, Sr. Mortier, sino también su trayectoria personal para concluir que la programación de ópera para la próxima temporada responde más bien a la satisfacción de los intereses propios y de un círculo íntimo del Sr. Mortier y es fruto de su manifiesta egolatría, sus inclinaciones y sus obsesiones estrictamente personales y en poco o en nada tiene que ver con el objetivo básico de toda institución pública como la que Ud. dirige que no debería ser otro que servir al interés general, en este caso en lo que se refiere a la cultura en el área de la ópera. Permítame en este punto preguntarle cómo es posible que la dirección del Teatro Real autorice al Sr. Mortier, por ejemplo, hacer publicidad de un libro suyo con carteles permanentemente instalados en el vestíbulo del teatro o cómo igualmente consintió la inclusión de una autoloa vergonzante en la gacetilla del teatro que avanzaba, entre otras, la actuación de Angela Denoke dentro del ahora suprimido ciclo Grandes Cantantes y durante la que el Sr. Mortier desde el escenario presentó las canciones que se interpretaban, por cierto, sólo hasta que las protestas de parte del público le hicieron desistir y obligarle a retirarse.

Sin pretender extenderme en argumentos concretos que, como ya he apuntado, están siendo con solvencia y amplitud puestos públicamente de manifiesto, no quisiera dejar de hacer mención a lo que considero el mayor despropósito de la programación que presenta para la próxima temporada. Me refiero a la inclusión, con carácter de estreno y encargo del Teatro Real, de “The Life and Death of Marina Abramovic”. Con mínimas reservas al tratarse de un estreno, precedido no obstante de representaciones este verano en el marco del Manchester International Festival (MIF), por cierto con localidades a mitad de precio de las del Teatro Real, es bastante obvio, y sólo hay que consultar los historiales artísticos de sus creadores, Antony y Marina Abramovic, que se torna extremadamente difícil pretender encasillar esta obra dentro de un ciclo de ópera, a pesar de las manifestaciones ciertamente extravagantes del Sr. Mortier que, al respecto, se incluyen en la página web del mencionado MIF y en las que se permite poner a un mismo nivel al cantante y compositor de música pop, Antony, con uno de los genios de la historia de la música occidental, Claudio Monteverdi. Dice el Sr. Mortier:

“El arte de la ópera necesita desarrollar nuevas vías hacia el futuro. Esto podría querer decir, por supuesto, nuevos compositores pero también proyectos desarrollados por grandes artistas visuales, actores o cantantes que no necesariamente necesitan ser cantantes de ópera. Ciertamente, Antony, por ejemplo, trae un lirismo que junto con Bob Wilson y Marina Abramovic harán de esta producción una verdadera ópera, tal como a Monteverdi le hubiera encantado.”

No me resisto, para poder constatar adecuadamente mi aseveración anterior respecto al difícil, si no imposible, encaje de este título en el próximo abono del Teatro Real, traer a colación alguno de los principales hitos artísticos de la Sra. Abramovic que son de fácil consulta en internet. Encuadrada dentro del “performance art”, las actuaciones que han dado fama a la Sra. Abramovic van desde, en una de ellas, ir clavando rápidamente un cuchillo en los espacios que dejaban los dedos de una de sus manos abierta sobre una mesa hiriéndose repetidamente, hasta, en otra muy reciente en el MoMA de Nueva York, sentarse en una silla durante un total de 716 horas permaneciendo inmóvil y en silencio mientras los visitantes del Museo se sentaban en otra silla frente a ella para observarse mutuamente sin intercambiar palabra alguna. Otra de sus “performances” consistió en situar en una mesa 72 objetos muy diferentes (una rosa, una vela, una pistola,…) e invitar a los miembros de la audiencia a colocarlos o introducirlos en su cuerpo de la forma que ellos mismos decidieran mientras ella permaneció inmóvil durante seis horas consecutivas. En otra ocasión, la Sra. Abramovic y un colaborador se situaron desnudos en una puerta de salida de un museo, forzando a los visitantes a rozarse con ellos para poder salir por dicha puerta. Con este bagaje, y teniendo en cuenta que la obra en cuestión tiene, según parece desprenderse de su título, cierto carácter autobiográfico, no parece mínimamente razonable que, sin poner en cuestión su potencial interés, el espectáculo que el Sr. Mortier propone y el Teatro Real financia, deba formar parte del ciclo anual de ópera, ni siquiera si estuviéramos dispuestos a convenir, con el Sr. Mortier, que al insigne Monteverdi le encantaría.

Sólo me resta hacer votos para que futuros proyectos y programaciones del Teatro Real vuelvan a ser de mayoritario interés aun si, como al menos el que esto suscribe piensa, ello implicase un cambio importante de rumbo en las personas que, como el actual director artístico y Ud. mismo, sustentan las más altas responsabilidades en la gestión y dirección de esa institución.

Atentamente,
R.R.

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