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El árbol de Diana
Un peculiar Andrea Chenier
Por Publicado el: 15/02/2010Categorías: Diálogos de besugos

¿Tienen oído los críticos?

Sorprenden las diferentes críticas a «Doña Francisquita» y «Andrea Chenier». El ABC es muy crítico con los artistas de la obra de Vives y muy indulgente con los de la de Giordano. Casi todos alaban a Victor Pablo, cuando las cosas son bien diferentes. Hay quien pone bien a Ortega, quien matiza y quien le ejecuta…
Aquí irán viniendo las de «Francisquita» poco a poco.

La Razón, 14 de febrero
Una «Doña Francisquita» aséptica
14 Febrero 10 – Gonzalo ALONSO
«Doña Francisquita»
De Amadeo Vives. Voces: M.Cantarero, N.Fabiola Herrera, J.Bros, J.Morales, A.Font, E.Baquerizo, etc. Dir. de escena: L.Olmos. Dir. musical: M.Ortega. Coro del Teatro de la Zarzuela y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 12-II-2010.

ABC, 14 de febrero
El sueño de Vives

El Teatro de la Zarzuela propone «Doña Francisquita», obra emblemática del género que, desde su estreno en 1923, sólo se reconoce en el éxito. Amadeo Vives, compositor menos discreto y humilde de lo que se escribe, aunque culto, religioso y reflexivo, declaró que con esta obra había intentado agradar, interesar y conmover a través de una estética más sencilla. Desde entonces, los infinitos caminos de arte han reinterpretado estos principios. Y así, esta «leyenda áurea» del género, se instala ahora en la Zarzuela con dirección escénica de Luis Olmos, musical de Miquel Ortega y varios repartos de postín.
También estos días, gracias a la SGAE y a sus azotes, se ha discutido sobre si existe originalidad creativa o las invenciones sólo se apoyan en otras anteriores. Dejando al margen la satisfacción que produce ver que la estética es asunto de actualidad, nada mejor que la lección práctica tal y como la propone esta nueva producción con sus intérpretes forzados a apretarse en el proscenio, igual que en la época de Vives. Véanse las viejas fotos. Este detalle dice mucho de una escenografía en la que poco importa si el gigantesco biombo que llena el escenario sirve a su fin, pues lo que de verdad interesa es su aplicación práctica, que es escasa… e incluso incómoda.
Para comprender este detalle nada mejor que escuchar el reparto del estreno, chillón y tosco. Triunfó José Bros que apenas dejó asomar un atisbo de media voz en su romanza mientras Mariola Cantarero puso de relieve problemas innatos. Nancy Fabiola Herrera suplió con exceso de tosquedad las faltas de un rol que no encaja, mientras Julio Morales y Enrique Baquerizo pusieron oficio y maneras. Una orquesta excesiva y destemplada animó esta nueva y aclamada «Doña Francisquita».
La zarzuela de Amadeo Vives con texto de Romero y Fernández-Shaw se haya muy ligada a Madrid por su libreto, por su estreno en el Apolo en 1923 o por su recuperación para reabrir el Teatro de la Zarzuela en 1956 con una producción en la que participó un joven Alfredo Kraus que hizo historia. La última que se vio en esta sala llevaba la firma de Emilio Sagi y esta nueva producción, la de Luis Olmos. Se efectúa junto a la Maestranza sevillana y al Liceo barcelonés, lo que parece haber condicionado su enfoque.
Autoridades catalanas exigieron hace años que en unas representaciones de zarzuela se añadiese el especificativo de «zarzuela andaluza» porque deseaban difuminar sus connotaciones madrileñas. Olmos parece haber conocido la anécdota, desvistiendo a «Doña Francisquita» de todo su casticismo. Desaparecen plazas, referencias como Cuchilleros, vestuario… para transformarse en un decorado absolutamente aséptico y funcional con figurines inspirados en los comics y hasta en la caracterización se evita reflejar con acierto las diferencias generacionales. Francisca no parece madre de Francisquita, como tampoco Don Matías de Fernando.
Al final, y con la ayuda de una dirección de orquesta de Miquel Ortega ruidosa, rutinaria y de trazos gruesos, el espectáculo queda un tanto frío. Fuentes cercanas a la dirección hablaban de «puesta en escena rompedora». No lo es tanto, pero desde luego en el Liceo podrían pensar que se desarrolla en la Font del Gat con sólo quitar en los diálogos –por cierto aligerados con buen criterio– las referencias madrileñas que aún permanecen. El título que haría justicia es el de «Don Fernando», ya que vocalmente José Bros es con mucho lo mejor del reparto. Su musicalidad, el buen decir y la tesitura adecuada le convierten en un gran Fernando.
Falta de graves
Cumplen bien todos los personajes masculinos –Julio Morales, Enrique Baquerizo, etc– pero los femeninos no alcanzan el mismo nivel. A Mariola Cantarero, perfecta en los trinos, hay una parte de la tesitura en la que la voz le cambia de color y llega a sonar algo avejentada. Creo que debería reconsiderar algunos aspectos de la emisión. Nancy Fabiola Herrera se encuentra simplemente fuera de papel, como también lo estuvo en «La Bruja», y no otorga su impostura a La Beltrana ni escénica ni vocalmente, con falta de graves y exceso de temblores. Los comentarios a la salida no eran muy positivos, pero los invitados festejaron bien el estreno. Alberto González Lapuente

EL PAÍS, 14 de febrero
En busca del alma del viejo Madrid
J. A. VELA DEL CAMPO
Resulta paradójico -y estimulante- que una zarzuela tan «madrileña» como Doña Francisquita haya sido compuesta por un catalán. Curiosamente, con siete representaciones del montaje que anteayer se presentó en el teatro de la Zarzuela se cierra la actual temporada del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. De momento, Madrid va a reencontrarse con este título tan suyo en 37 funciones desde el pasado viernes hasta el 28 de marzo. La producción es nueva y corre a cargo del actual director del teatro, Luis Olmos, relevando en este título a la puesta en escena de 1996 de Doña Francisquita del ex director del mismo teatro, Emilio Sagi, repuesta por última vez en 2004.
Una y otra poco tienen que ver entre sí. La de Olmos y su equipo es estéticamente más desenfadada, luce un vestuario pictórico picassiano, indaga en la farsa y comicidad del argumento y posee un aire carnavalesco muy a tono con los festejos de estos días. La puesta en escena de Olmos es vistosa pero flaquea en varias escenas por la dirección de actores, algunos de ellos más encorsetados de lo deseable. Cada función tendrá su carácter según quien cante. En el estreno, Mariola Cantarero, José Bros y Nancy Fabiola Herrera llevaron el agua a sus molinos, es decir, hicieron muy suyos los personajes que encarnan. Esto no es bueno ni malo en sí mismo. Hay que aceptarlo o no. Si se acepta, la representación es más llevadera. Mejor aún, más gratificante.
Cantarero es graciosa en su pícara ingenuidad y tiene una coloratura excepcional. Bros canta con una línea musical brillante en su estatismo escénico. Nancy Fabiola Herrera tiene energía por arrobas y es castiza como la que más. Pisan la escena con fuerza otros cantantes, como Julio Morales y Amelia Font, con una adecuación estilística en lo teatral que eleva sus cotas artísticas. Pero será todo distinto con María José Moreno o Ismael Jordi, o Milagros Martín. La orquesta, a las órdenes de Miquel Ortega, es el nexo musical común que une los diferentes repartos. No es su mejor trabajo, desde luego. Se desenvuelve con cierta corrección, pero no eleva el vuelo en prácticamente ningún momento. Se busca una estética madrileña desde cierto aire de modernidad, «el alma del viejo Madrid», que se canta en el coro final. Es una posibilidad ni mejor ni peor que otras. El público, en líneas generales, se divierte. Va al teatro con ánimo de pasárselo bien. Es una actitud que le honra. Posiblemente refrende con los otros repartos vocales el éxito que obtuvo el del estreno. Hablo de la mayoría de ese público, claro. Siempre hay quien dice que todo -o una gran parte- es una equivocación. Pero los espectadores se recrean en los coros o en las escenas concertantes, ríen con las ocurrencias de los diálogos, depositan sus entusiasmos en sus cantantes predilectos. Y más de uno tararea al final aquello de «siempre es el amor, siempre es el amor travieso» que prefigura lo de «el que quiere y no es querido nunca se debe dar por vencido». Con todo ello la zarzuela resiste y eso es lo que cuenta.

EL MUNDO

Renovación inteligente
‘DOÑA FRANCISQUITA’
Texto de Romero y Fernández Shaw. / Música de Vives./ Intérpretes: solistas y coro de la Zarzuela, Orquesta de la Comunidad de Madrid. / Director de escena: Luis Olmos. / Director musical: Miquel Ortega. / Escenario: Teatro de la Zarzuela. / Fecha: 12 de febrero. Calificación: ***
TOMÁS MARCO / Madrid Doña Francisquita es un título importante de la zarzuela grande, posee un libreto que, basado lejanamente en Lope de Vega, es de los más aceptables del dúo Romero/Fernández Shaw y su partitura es de las más relevantes y conocidas de Amadeo Vives. Se estrenó en el Apolo pero ha estado siempre muy vinculada al Teatro de la Zarzuela y a sus celebraciones y es donde recibía ahora una nueva producción.
Ante todo hay que destacar las voces en un reparto de lujo con un José Bros que ha ocupado con naturalidad el papel que aquí forjara en su tiempo Kraus y cuya voz y dicción dominaron la representación. Mano-la Cantarero le dio la réplica con buen hacer y Nancy Fabiola Herrera compuso una Beltrana sobrada en lo vocal y más contenida en el desgarro de lo que suele ser usual. También hay que mencionar la buena actuación de Julio Morales. Todo el resto cumplió bien y sobresalió el Coro de la Zarzuela preparado por Antonio Fauró mientras la Orquesta de la Comunidad de Madrid mostró su seguridad y competencia de siempre, en esta ocasión dirigida por un maestro muy buen conocedor del género como es Miquel Ortega que estuvo muy adecuado y lucido.
Luis Olmos realizó una puesta en escena inteligente y muy bien movida basándose en un nutrido equipo que no funcionaba por igual en todos los aspectos. Jon Berrondo firmaba una escenografía minimalista y abstracta que era muy eficaz pero que igualmente hubiera valido para Parsifal. El vestuario de María Luisa Engel no era muy bonito y en algunos casos desfavorecía mucho, en cambio la iluminación de Juan Gómez Cornejo eludía la actual moda tenebrista y resultaba muy positiva a la hora de realzar el espectáculo. Este, en conjunto, resultó vistoso y con-siguió un claro triunfo de público. Tomás Marco

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