Critica: Escalando el monumento con Thomas Dausgaard y la Orquesta de RTVE en el Monumental
ESCALANDO EL MONUMENTO
Beethoven: Missa Solemnis. Rocío Pérez, Carol García, Juan Noval, Streten Manolojvic. Coro y Orquesta de la RTVE. Directora del Coro: Alla Zaikina. Director: Thomas Dausgaard. Madrid, Teatro Monumental, 7 de mayo de 2026.

Thomas Dausgaard
Una de las obras más difíciles del repertorio sinfónico-coral se ha situado esta semana en los atriles de la Orquesta y Coro de la RTVE. Es partitura de enorme complejidad, complicada a la hora de entonar, de afinar, de templar, de ensamblar, de concertar. Es sin duda uno de los más grandes monumentos musicales de la cristiandad. No es que el compositor fuera especialmente pío, pero tenía una idea concreta de la divinidad y se sentía tocado ocasionalmente por ella. No hay duda de que bastantes compases de esta obra salen de muy adentro, y es suficiente escuchar el maravilloso Benedictus, un solo de violín a veces pespunteado por la flauta en un tempo calmo –Andante Molto cantabile e non troppo-, para darse cuenta.
En otras partes la Misa es puro y desesperado grito, incluso crispado (Gloria) o mezcla el arrebato con el arrobo (Credo), siempre en una escritura tensa llena de accidentes y de notables asperezas contra las que han de luchar los cuatro solistas y el coro. El director ha de poner orden, regular, calibrar las intensidades, dar fluidez a un discurso no siempre cómodo ni confortable. Thomas Dausgaard, colaborador habitual de los conjuntos radiotelevisivos, es un maestro serio, hábil constructor, severo organizador, que sabe adoptar un criterio rítmico eficaz. Virtudes que sin duda lo adornan y que puso en evidencia en esta ocasión. Aunque no resolviera todos los innúmeros problemas que plantean estos esquinados pentagramas.
Aplaudimos la buena y ajustada entrada del Kyrie, bien construido. En el Gloria, con todas las fuerzas desplegadas, comenzaron las desigualdades, los agreste ataques -a veces difíciles de evitar considerando la inclemente escritura beethoveniana-, aunque en todo momento, Dausgaard, siempre sin batuta, mantuviera una aceptable firmeza de líneas. La fuga estuvo algo falta de claridad y el cierre fue bastante problemático. El Credo se abrió con fortuna, con un pianísimo muy logrado. Dudosa afinación. En el Sanctus echamos en falta una mayor firmeza de líneas y en el Benedictus aplaudimos el sonido refinado del concertino, Iván López, que casó bien con solistas y tutti. Con las inevitables desigualdades y pasajeros fallos de planificación se desarrolló el Agnus, que alcanzó muy bellos frutos en las palabras Danos la paz. El cierre, como es costumbre, y de eso tuvo la culpa Beethoven, quedo un tanto desangelado.
Los cuatro solistas vocales participaron, algo desigualmente, en la interpretación. Bien, segura y afinada casi siempre, la soprano Rocío Pérez, de suficiente extensión y grata calidad tímbrica, aunque creemos que su voz es en exceso ligera para el cometido. Brilló en todos los conjuntos. Buena calidad la del barítono Streten Manolojvic, de textura y sustancia cálidas, de fraseo noble y refinado, aunque a la voz le falte ahora mismo una mayor y necesaria amplitud. Quedó por lo general bastante oscurecido. Aún más se detectó esta circunstancia en la mezzo lírica Carol García, buena fraseadora, intérprete sabemos que musical, a la que se la oyó poco. Claro que en alguna ocasión eso pudo ser culpa del maestro director, a veces poco atento a la regulación de dinámicas. Por su parte, el tenor, Juan Noval, mostró buena línea, servicio a lo escrito, aspectos positivos algo diluidos por la escasa relevancia del timbre.
Buen éxito general al cierre, con aplausos para todos, incluida la preparadora del Coro en esta ocasión, Alla Zaikina. Como es costumbre en los conciertos de la Orquesta y Coro radiotelevisivos, total ausencia de un mínimo programa de mano. Hay que recurrir, ya se sabe, a la consulta del móvil. Arturo Reverter





















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