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Por Publicado el: 09/05/2026Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

El Concurso Tenor Viñas prepara su 64ª edición

El Concurso Tenor Viñas prepara su 64ª edición: Barcelona volverá a ser capital mundial de las voces del 16 al 24 de enero de 2027

Hay concursos de canto y hay el Viñas. La distinción no es baladí. El mundo de la lírica internacional está plagado de certámenes que prometen descubrir talentos y acaban siendo, en el mejor de los casos, útiles plataformas de visibilidad para jóvenes que ya sabían cantar antes de entrar. El Concurso Internacional de Canto Tenor Viñas es otra cosa.

Concurso Tenor Viñas

El tenor Viñas

Lo es desde 1963, cuando el doctor Jacint Vilardell lo fundó en Barcelona para honrar la memoria del tenor Francesc Viñas y cumplir, de paso, el sueño que el propio cantante nunca pudo realizar: crear algo que ayudara a las voces jóvenes a sortear los años duros del comienzo. Viñas los había vivido. Sabía de lo que hablaba.

Más de sesenta años después, el certamen ha dado cobijo a más de quince mil concursantes de todo el mundo y ha contribuido a lanzar algunas de las carreras más sólidas del panorama lírico internacional. No está mal para un sueño póstumo. Y ahora, con la 64ª edición ya fijada en el calendario -del 16 al 24 de enero de 2027 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona-, conviene hacer un poco de memoria sobre lo que fue la edición anterior para entender lo que puede venir.

La 63ª edición, celebrada en enero de 2026, fue por muchos motivos la más llamativa de los últimos años. Ya el arranque resultó revelador: 712 inscripciones procedentes de 64 países, récord por segundo año consecutivo. El mundo quiere venir a Barcelona a cantar. No es un dato menor en tiempos en que la competencia entre certámenes líricos internacionales es feroz y la atención de los jóvenes cantantes -y de sus agentes- se dispersa entre decenas de opciones. Que el Viñas siga creciendo en número de candidaturas dice algo de su prestigio real, más allá de los comunicados institucionales.

En esta edición se logró la consolidación del oratorio-lied como categoría independiente, con jurado propio y premio oficial específico, con el respaldo de la Fundación Victoria de los Ángeles y la Schubertíada. Hasta entonces, esta especialidad convivía en el mismo cajón que el resto del repertorio, con la inevitable desventaja que eso suponía para quienes se habían formado en el lied y el oratorio antes que en la gran ópera. El cambio era necesario y tardaba en llegar. Cuando llegó, la ganadora de esa primera edición del premio independiente fue la soprano española Elionor Martínez, lo que añadió un grato sabor local al resultado.

El palmarés principal, sin embargo, tuvo un protagonista colectivo inesperado: Ucrania. El bajo-barítono Vladyslav Buialskyi se alzó con el primer premio -y con los 30.000 euros y el contrato con el Liceu que lo acompañan-, la soprano Yuliia Zasimova obtuvo el segundo y el barítono Vlad Tlush el tercero. Tres ucranianos en el podio de un concurso internacional de canto celebrado en Barcelona en enero de 2026. Uno puede hacer lecturas muy distintas de ese dato. Yo me quedo con la más sencilla: esos jóvenes cantaron mejor que los demás.

El cuarto premio fue para el barítono surcoreano Felix Park, el quinto para la mezzosoprano costarricense Karla Pineda. Un podio con cuatro nacionalidades distintas entre los seis primeros clasificados. La ópera sigue siendo, contra todo pronóstico, uno de los pocos espacios donde el mundo real se sienta a escuchar sin que nadie tenga que convencerle de que merece la pena.

En la próxima 64ª edición, en enero de 2017, Barcelona volverá a convertirse en la capital mundial de las voces jóvenes. El concurso llega con el impulso de dos récords consecutivos de participación y con una estructura consolidada que incluye audiciones preliminares en los principales teatros del mundo: el Real de Madrid, la Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York, la Royal Opera House de Londres, la Staatsoper de Berlín, la Ópera Nacional de París, la de San Francisco y el National Centre for the Performing Arts de Pekín. La red es amplia. La criba, exigente. Y el resultado, históricamente, fiable.

Los detalles de la 64ª edición -jurado, inscripciones, novedades de reglamento- irán llegando en los próximos meses. Lo que ya sabemos es suficiente para marcar las fechas. Hay concursos que uno sigue por obligación profesional y hay concursos que uno sigue porque le importa lo que ocurre en ellos. El Viñas lleva más de seis décadas perteneciendo a la segunda categoría.

Francesc Viñas soñó con algo así y no llegó a verlo. Su yerno lo construyó. Barcelona lo sostiene. Y cada enero, el Liceu vuelve a llenarse de jóvenes que cantan como si su vida dependiera de ello.
A veces, en efecto, depende.
Gonzalo Alonso

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