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Por Publicado el: 10/05/2026Categorías: En vivo

Critica: Luz para el azul, la violeta y el negro de la Euskadiko Orkestra y el Orfeón Donostiarra con Liebreich

CRÍTICA EUSKADIKO ORKESTRA ORFEÓN DONOSTIARRA

LUZ PARA EL AZUL, LA VIOLETA Y EL NEGRO

Alexander Liebreich (director). Euskadiko Orkestra. Orfeón Donostiarra. Sophie Harmsen (mezzosoprano), Werner Güra (Tenor), Florian Boesch (barítono), Markus Volpert (bajo). Ich habe genug, BWV 82, de Johann Sebastian Bach. Tod und Verklärung, TrV 18, Op.24, de Richard Strauss. Die erste Walpurgisnach, de Felix Mendelssohn. 8.V.2026. Auditorio Kursaal, San Sebastián. 

LUZ PARA EL AZUL, LA VIOLETA Y EL NEGROAlexander Liebreich (director). Euskadiko Orkestra. Orfeón Donostiarra. Sophie Harmsen (mezzosoprano), Werner Güra (Tenor), Florian Boesch (barítono), Markus Volpert (bajo). Ich habe genug, BWV 82, de Johann Sebastian Bach. Tod und Verklärung, TrV 18, Op.24, de Richard Strauss. Die erste Walpurgisnach, de Felix Mendelssohn. 8.V.2026. Auditorio Kursaal, San Sebastián. 

Alexander Liebreich

El indeciso anochecer de San Sebastián era el adecuado reflejo de cuanto se había escuchado en el auditorio Kursaal, que había dejado el regusto de una música embridada en potentes colores imaginarios, en los que la muerte es un denominador común pero descrita desde tres ópticas distintas.

En el pequeño libro de Anna Magdalena Bach aparece recogida parte de la cantata sacra Ich habe genug, que su esposo compusiera para la festividad de Mariae Reinigung  (Purificación de María) en Leipzig y estrenada el 7 de febrero de 1727. En sus cinco movimientos la paleta de tonalidades azules discurrió a través de los 11 músicos (3 violines I, 3 violines II, 2 violas, violonchelo, contrabajo y bajo continuo) que, en pie, interpretaron – por primera vez en la E.O. – esta obra enmarcada en un marchamo de inequívoca belleza, asistida por una muy modulada voz del bajo Markuz Volpert interpretando las sentidas arias y recitativos (3 y 2), donde las manos de Alexander Liebreinch dejaron la impronta de elegancia que fuera una constante en todo el concierto. Elegancia y ductilidad en el trabajo del solista Óscar Diago con su oboe.

Los aromas wagnerianos que durante veintitrés minutos emanaron (desde el alfa hasta la omega) del poema sinfónico straussiano Tod und Verklärung (Muerte y Transfiguración) trascendieron a través de los tronantes colores oscuros, en toda la gama del negro, bajo la batuta del alemán Liebreinch, dando a las secciones de viento/metal y percusión toda la resolución sonora que el joven Richard escribiera a sus 25 años, en 1889. En el segundo movimiento allegro molto agitato describió perfectamente la batalla entre la vida y la muerte que no permite un remanso de sosiego al ser humano.

El joven judío -luego luterano- Mendelssohn, musicalizó, en 10 secciones, el poema de Johann Wolfgang von Goethe titulado Die erste Walpurgisnach (La primera noche de Walpurgis)  en el que el color violáceo del ocaso con los ritos en las hogueras de los druidas y el credo de los cristianos, durante 35 minutos, crearon ambientes de fuertes tensiones gracias a una impecable orquesta, a la que Liebreinch le hizo degustar de todos los sabios matices que su mano izquierda iba marcando, contando con un espectacular empaste y mimada afinación de las voces del Orfeón Donostiarra, debiendo merecer especiales menciones el coro de esposas Tan verwegen handeln? (nº 3) y el de druidas Kommt mit Zacken und mit Gabeln (nº 7). Las cuatro voces solistas cumplieron con su cometido, sin más. El respetable donostiarra se deshizo, sin equívocos, en clamores con su coro. A la salida del concierto doña Nekane Aguirre me preguntó: “¿usted sabe quién es director del Orfeón; es que yo no me aclaro, cada vez sale uno distinto a saludar”. Dicho queda. 

Jorge Luis Borjes en su poema “Música griega”, escribió el siguiente verso: Mientras la Música dure, creeremos en la misericordia del lobo y en la justicia de los justos. Manuel Cabrera

   

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