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Por Publicado el: 02/07/2024Categorías: En vivo

Crítica: ‘Madama Butterfly’ en el Teatro Real

  UNA BUTTERFLY MUY VÁLIDA EN LO MUSICAL

Puccini: Madama Butterfly. Saioa Hernández, Matthew Polenzani, Lucas Meachem, Silvia Beltrami, Mikeldi Atxalandabaso, Tomeu Bibiloni, Fernando Radó.Coro y Orquesta titulares. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Damiano Michieletto. Teatro Real, 30 de junio de 2024.

Puccini: Madama Butterfly. Saioa Hernández, Matthew Polenzani, Lucas Meachem, Silvia Beltrami, Mikeldi Atxalandabaso, Tomeu Bibiloni, Fernando Radó.Coro y Orquesta titulares. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Damiano Michieletto. Teatro Real, 30 de junio de 2024.

Madama Butterfly en el Teatro Real

Hay que alabar sin reservas la actuación del foso. Puccini, siempre atento al devenir de la música de su tiempo, quiso otorgar a la escritura una pátina de modernidad aplicando incluso procedimientos vecinos a los que a no tardar mucho desarrollaría Schoenberg en sus dos Sinfonías de cámara o Stravinski en su Petruchka y que se centran en ciertas audaces progresiones armónicas que adquieren o pueden adquirir valor de motivo conductor. En Butterfly hallamos un espectro armónico variadísimo que muestra los pasos dados por la acción y sus constantes altibajos.

La batuta de Luisotti, siempre generosa y expresiva, dúctil y flexible, hábilmente pegada a las voces, que se enfrascan en singulares lirismos, supo en todo instante establecer la atmósfera, marcar los contrastes, subrayar los clímax y sostener sin fisuras el edificio musical sin tapar las líneas vocales.

La de la geisha protagonista estuvo en la garganta de Saioa Hernández, cada vez más dueña de sus medios de soprano lírico-spinto cuando no abiertamente spinto. La idónea para servir un papel tan caudaloso y de tintes al final abiertamente dramaticos. El timbre áureo, la homogeneidad, la emisión canónica, el fraseo claro y bien cincelado, el comportamiento escénico colocaron en un escalón bien alto su interpretación, que en los primeros actos hubiera sido completa con la aplicación de matices más delicados y un juego regulador más acabado. Lo que no hace perder valor a su actuación inaugurada en su número de salida con un magnífico Re bemol sobreagudo (que es optativo) en pianísimo.

Polenzani, a quien se le ha ensanchado la voz, que es ahora la de un lírico, se ha mostrado valiente y decidido, con frases amplias y agudos bien colocados y restallantes. El timbre no es hermoso y la emisión cabrillea más de la cuenta y matiza regular. Fue corteajado por el seguro, ya que no exquisito, Sharpless de Meachem, de italiano mejorable. Suzuki tuvo una interpretación apasionada por parte de Beltrami, de vibrato excesivo.

Destacamos el buen hacer de Atxalandabaso, tenor ligero habilísimo, excelente caricato, en un Goro definido aquí como un auténtico delincuente. A buen nivel el resto del reparto; como el del Coro (estupendo en el número a “bocca chiusa”) y el de la flexible y atenta Orquesta.

La puesta en escena de Michieletto quiere convertir a toda costa la ópera en lo que el denomina “una tragedia contemporánea”, para lo que descoyunta no poco las bases líricas sobre las que discurre la ópera. Traslada la acción a nuestros días (¡cómo no!) y nos ofrece una acción que discurre toda ella en una galería comercial de una ciudad oriental en donde resplandecen enormes anuncios luminosos. En el centro hay una construcción paralelepipédica transparente en la que se exhiben las prostitutas y que termina por ser la vivienda de Cio-Cio-San donde se desarrollan los acontecimientos y que recupera al final su primitiva naturaleza.

El lirismo pucciniano es eliminado en favor de un acercamiento en el que todo está exacerbado en aras de una violencia infinita tratando de quitar acarelamiento a una acción que no tiene que ser cursi y que alberga valores humanos. Pinkerton es un malvado depredador, un borracho.

Una secuencia de lirismo tan maravilloso como el dúo de amor del primer acto (y ya sabemos que el oficial de marina -que aquí no lo parece dado su atavío, lo único que quiere es pasar una buena noche) es materialmente destrozada: las palabras amorosas resultan ridículas cuando el marino se agarra a la botella de whisky y la geisha canta su parte subida al tejadillo de la vivienda. A varios metros de distancia.

El hijo de Butterfly -que tiene seis o siete años y no tres- está muy presente en toda la parte final, menos cuando se va a la escuela (¡), y el Intermedio orquestal del último acto es ocupado por sus amiguitos que lo zarandean y destruyen unos barquitos de papel. La ópera se cierra en esta versión con el esperado suicidio de Butterfly, que no se hace el hara-kiri sino que se pega un tiro. Hay otras singulares ideas, pero no más espacio. Parte del público abucheó a Michieletto.

Arturo Reverter

5 Comments

  1. Carmen Castilla sierra 10/07/2024 a las 14:24 - Responder

    En cuanto a la orquesta y cantantes intervinientes no tengo ninguna pega pero la escenografía y vestuario es un desastre. Todo lo que aparecía en el escenario y la vestimenta especialmente de Butterfly vergonzoso. Eso es destrozar una ópera.

    • Alicia 12/07/2024 a las 01:46 - Responder

      Totalmente de acuerdo, me parece hasta humillante el atuendo de Butterfly. Todo es un sin sentido. Una mujer hoy en día sin saber nada de otra persona cuando en el escenario aparece gente con un móvil!!. La nueva mujer con ropa de puta reformada pero con moño años 60. La escenografía está plagada de incongruencias. Un destrozo

  2. Alberto 13/07/2024 a las 16:57 - Responder

    Yo estuve en la función del 12 de julio y tengo que decir que me gustó mucho. No soy muy amigo de puestas en escena contemporáneas sobretodo si no tienen sentido, pero en la de aquí sí lo tiene: el texto de la obra leído en los sobretitulos ya te está diciendo que el oficial de la Marina se está tomando esta boda como una burla, que la familia de la gheisa la ha vendido porque son pobres, que el casamentero dispone de más mujeres si él o el cónsul necesita de sus servicios, que Cio-Cio-San tiene 15 años y que Goro ya había ofrecido al americano a las primas/amigas de Cio. Esto no nos lo estamos inventando ahora, lo dice el libreto. La única que se toma en serio lo que está ocurriendo con su boda es Butterfly. Partiendo de esta sordidez, que Pinkerton compra a la chica para su uso y disfrute…..a día de hoy no tendrían sentido sombrillas de colores, kimonos y otros acaramelamientos que podrían edulcorar una historia que de inocente no tiene nada. El problema es que cuando no se sigue el texto de las obras las puestas en escena clásicas son vistosas pero hoy en día (hace ya muchos años) que se sigue el texto a la par que se canta pues…. No caben inocencias. ¿Que el montaje podría ser menos estático? Si. ¿Que podría ser todavía más crudo? También

  3. Leticia Ruano Bedate 14/07/2024 a las 13:20 - Responder

    Una opera destruida, la vestimenta y los decorados nefastos y nada que ver con la idea original del autor. Me ha defraudado, el resultado de querer actualizarla ha sido un auténtico desastre. Por vador esto nunca más es un insulto al autor y a los espectadores. Saludos

  4. Maria del Carmen 14/07/2024 a las 13:29 - Responder

    Vestuario nefasto y ni un cambio de decoración en una opera en el Teatro Real. Cero creatividad y puesta en escena hasta desagradable de ver. El espectador no se encontraba en el lugar que describe el autor. La historia de amor cada uno por su lado. No se entendía nada. La soprano Butterfly con vaqueros y camiseta era patético. Y el resto de vestuario horrible y sin gusto ninguno. Decepcionante.

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