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Por Publicado el: 14/10/2019Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Los alcaldes italianos, deslumbrados por extranjeros para dirigir sus teatros

Los alcaldes italianos, deslumbrados por extranjeros para dirigir sus teatros

¡Oh mi patria, tan bella y perdida! La ópera en Italia Estas palabras son parte del texto que empleó Verdi en su coro de hebreos para la ópera “Nabucco”. Si yo fuese italiano me las estaría repitiendo ante la situación de mis teatros líricos. Resulta cuanto menos chocante que, al menos cuatro de las grandes instituciones del país, estén en manos de extranjeros recientemente nombrados.

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Davide Livermore declaró hace poco: “Hoy en día en los teatros italianos hay dos problemas. El primero es que están dirigidos por burócratas designados políticamente, mal tolerados por los profesionales del entretenimiento. El segundo es que la política debe decir qué tipo de teatro quiere. Para mí, el teatro no puede ser más que una puerta al mundo, y a la vez, un lugar de participación ciudadana”.

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Sebastian Schwarz

En Turín comenzó el lío a primeros de año. La situación era insostenible para el director artístico y el director general, con protestas en prensa y del público. Iba a ser nombrado Giancarlo del Monaco como jefe supremo. Así se pactó en una cena en casa de la alcaldesa de la ciudad. Siempre son poderes políticos quienes determinan. Más tarde se torcieron las cosas por motivos largos de explicar en estas breves líneas. “¡Vergüenza!” exclamaron los abonados y trabajadores en la presentación de temporada del Teatro Regio. Chiara Appendino, alcaldesa de la ciudad, y William Graziosi, director del teatro, fueron recibidos con silbidos y abucheos por los asistentes y se negaron a contestar públicamente a las preguntas de los periodistas en la rueda de prensa. Al final fue nombrado el alemán Sebastian Schwarz tras un concurso en el que fue el único extranjero y el más joven entre los que se presentaron. Tiene méritos indudables: estudió Musicología en Berlín y Venecia y habla fluidamente 7 idiomas, entre ellos el italiano. Además de haber impartido clases de Historia de la Música y haber sido instructor en varias producciones líricas, Schwarz ha trabajado en el Festival de Wexford, la Staatsoper de Hamburgo y como director artístico en el Theater an der Wien desde 2008 a 2016, teatro en el que destacó por una programación animada, moderna y brillante. Hasta 2017 fue director del Festival de Glyndebourne. Habrá de hacer frente a una muy complicada situación económica, pero ha manifestado: “Tengo una buena experiencia en la búsqueda de recursos y eso es lo que haré también en Turín”.

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Alexander Pereira

Otro alcalde, Dario Nardella de Florencia, confirmó que Alexander Pereira había aceptado la propuesta de dirigir el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino durante los próximos 5 años. Pereira declaró: “Este nuevo desafío será una oportunidad para mí de ofrecer una visión y un proyecto para los próximos 5 años a un teatro y un festival que juegan un papel central en la vida cultural italiana, pero también un nuevo comienzo en una maravillosa ciudad y región a la que estoy obligado por fuertes afectos familiares más allá de la admiración por su patrimonio histórico, artístico y natural. De hecho, mi hermana ha vivido en Florencia durante más de treinta años, donde se mudó con su esposo diplomático y donde, después de la desaparición de ella, su hija y su sobrino permanecen, por lo que regresar a esta ciudad también significa encontrar un parte de mi familia”. Pereira sucede, después de un breve período, a Cristiano Chiarot, quien dejó Florencia con controversias. Poco después también dimitió el director de orquesta Fabio Luisi, pero todo empezó con la salida de Zubin Mehta, ya hace un tiempo. Pereira tendrá que también superar los serios problemas económicos del Maggio.

La Scala, el teatro que representa lo más sagrado de la lírica italiana en el mundo, parece no levantar cabeza. Desde 2005, tras la caída de Carlo Fontana, ha tenido al frente de su gestión a Stèphane Lissner, que permaneció hasta 2012, y Alexander Pereira. Sorprendentemente un francés y un austriaco. Lissner fue el primer extranjero en ser nombrado intendente. Las cosas andaban entonces muy revueltas en el teatro a causa de las perennes luchas internas entre los seguidores de Claudio Abbado, alejado de la Scala, y Riccardo Muti. Ese enfrentamiento afectó enormemente a su gestión empresarial. El alejamiento de Muti supuso la caída de Fontana y la llegada de Lissner. El francés se mantuvo a trancas y barrancas, con una gestión crecientemente criticada. Incorporó como director musical a Daniel Barenboim y a los entonces jóvenes Daniel Harding y Gustavo Dudamel. El repertorio alemán fue adquiriendo mayor presencia, llegando a inaugurar temporada “Tristan e Isolda” y “Lohengrin”. El regreso de Claudio Abbado, tras veintiséis años de ausencia, fue su último cartucho y, en 2012, su contrato no fue renovado. Le sucedió entonces Alexander Pereira, que traía consigo una brillante gestión en la Ópera de Zurich y una muy breve y bastante menos brillante en el Festival de Salzburgo. Su periodo scaliero no estuvo ausente de críticas. Entre ellas la de abusar de las producciones de Salzburgo para la contratación y, ya últimamente, promovió un acuerdo financiero con Arabia Saudí, que suponía incluir al ministro de cultura de ese país en la junta de la Scala. Attilio Fontana, al frente de la junta scaliera, declaró: “El Sr. Alexander Pereira no me dio ninguna documentación que se refiriera al pago de los tres millones que recibió de los saudíes. Lo mencionó por primera y única vez, y casi involuntariamente -(“… ¡tal vez ahora tendré que devolver el dinero!”) – durante la conversación que tuvo lugar en mi oficina la tarde del 8 de marzo A pesar de la sorpresa e irritación, decidí no hacer pública esta información en ese momento, “Aún más serio”, concluyó el presidente, “es el hecho de que aceptó fondos independientemente de las decisiones de la junta e incluso antes de que se reuniera. En cualquier junta, en cualquier latitud, este comportamiento causaría su despido”. El escándalo fue tal que se canceló el acuerdo y la Scala hubo de reembolsar al país árabe. Se decidió no renovar su contrato, que expiraba en 2020. Se barajaron los

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Dominique Meyer

nombres de Dominique Meyer, Cristiano Chiarot y Carlo Fuortes. A favor de segundo o tercero estaba el citado Attilio Fontana, presidente de la Lombardía, deseoso de que un italiano volviera a dirigir la Scala. Chiarot, actualmente en el Maggio Musicale Fiorentino, se creyó Siciliani y empezó a querer enseñar a los directores de orquesta cómo coger la batuta o qué tempos hay que llevar en las óperas. Fuortes habría estabilizado las cuentas de la Ópera de Roma, muy endeudada. Sin embargo, era claro que su curriculum no podía equipararse al de Meyer y, sorprendentemente, los sindicatos habrían apostado por el francés, quien al final fue elegido, aunque la decisión no debe haber resultado fácil a tenor del retraso de quince días en su comunicación respecto a la fecha anunciada inicialmente. Fuortes se habría retirado en el último momento, supuestamente al descubrirse que estaba relacionado con la empresa de “headhunters” que recomendaba un candidato y el tercer nombre en disputa, Fortunato Ortombina, director del Teatro de la Fenice de Venecia, quien ya estaba a cargo de coordinar la dirección artística de La Scala, no habría contado con suficientes apoyos. Y, así, el ganador llegó por descarte y errores de los demás.

Una gran baza de Meyer era la de ser el único gestor de un gran teatro en estar disponible para 2020. Sus preferencias iban por la renovación en Viena, la que le fue denegada, y por París, la que no era posible ya que a la salida de Lissner contaría con 63 años y a los 65 la ley francesa no permite seguir en tal puesto. Por otro lado, parece que allí prefierían a Alexander Neef, actualmente en Toronto.

Dominique Meyer estudió historia de la economía en la Sorbona y, en la década de 1980, fue asesor del Ministro de Economía Jacques Delors y luego del Ministro de Cultura Jack Lang, ambos del Partido Socialista. En la década de 1990, continuando su colaboración con varios ministros, comenzó su carrera en el sector operístico como director general de la Ópera de París (1989). En 1992, el Primer Ministro Pierre Bérégovoy lo llevó nuevamente a la política como asesor cultural. Dirigió la Ópera de Lausana de 1994 a 1999 y de 1999 a 2010 fue director general y artístico de Théatre des Champs-Elysées. Allí convirtió en residente a la Filarmónica de Viena. Justa recompensa fue la Ópera de Viena, donde la Filarmónica es dueña del foso. Supuestamente, también habría habido un “toma y daca” con la Scala, recibiendo el apoyo de Alberto Veronesi, entonces director artístico de Torre del Lago y que hace poco dirigió “Trovatore” en la Ópera de Viena, y director de orquesta hijo de un exministro de sanidad y gran empresario muy relacionado con las administraciones públicas. Pero quedaba en el aire una cuestión legal por resolver: si le podría afectar la ley Madia italiana. Meyer es el nuevo intendente a pesar de las protestas de una Cecilia Bartoli que prometió no volver a cantar en la Scala porque no habían renovado a su querido Pereira. ¡Como si fuese Callas! ¡qué tiempos más lights!

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Stpéphane Lissner

Pero ahora llega la comedia al San Carlo de Nápoles. Stéphane Lissner será el sucesor de Rosanna Purchia como Sovrintendente. Días atrás, el Consejo de dirección barajaba 22 nombres, siendo la principal competencia de Lissner el actual director artístico del San Carlo, Paolo Pinamonti, sobradamente conocido en España tras su acertado paso por el Festival Mozart y la Zarzuela. El día 2 de octubre, el Consejo de Dirección anunciaba que se tomaría diez días de margen para sopesar la elección, poder valorar los detalles de cada candidatura y “tener en consideración otras opciones posibles”. Como avanzó el diario La Repubblica, los directores extranjeros fueron el caballo de batalla de Dario Franceschini, ministro de Cultura, quien defendía la presencia de italianos en puestos de responsabilidad. Pero Lissner pidió una entrevista personal con el alcalde de Nápoles y éste le dio su bendición. Ahora Lissner se suma a la lista de extranjeros que dominan los principales teatro de ópera de Italia: Dominique Meyer en La Scala, Alexander Pereira en el Maggio Musicale de Florencia y Sebastian Schwarz en Turín.

Sin embargo, designado por unanimidad entre el Consejo de Dirección, Lissner no cuenta con la aprobación de todo el equipo. Ante este cambio, el director musical del teatro, Juraj Valcuha, ha declarado que no renovará su contrato: “Sé que se avecina un cambio en la gestión artística del teatro. Gracias al compromiso de la dirección actual y al apoyo de la directora, en los últimos años se ha trabajado para hacer crecer a la orquesta y contribuir a su consolidación internacional. Continuaré con los compromisos ya cerrados con el Teatro, pero no estoy dispuesto a continuar la colaboración más allá del plazo establecido por el contrato, donde el liderazgo artístico ya no es el mismo”. Por su parte, Lissner siente que su nueva etapa en el San Carlo es un sueño cumplido: “Adoro Nápoles, no solo por lo artístico, sus monumentos o sus costumbres. La cultura está presente en cada rincón. Soy feliz, no veo la hora de comenzar. Vuelvo a un teatro donde prima la dimensión humana”. ¿Resolverá Lissner los problemas económicos del San Carlo? ¿Encajará su despótico talante con los napolitanos? ¿Qué pensarán estos de su incultura lírica exhibida en Youtube?

Curioso que en Italia no encuentres figuras relevantes para comandar su gran tesoro cultural, la ópera, y haya que recurrir a extranjeros. Y todos estos nombramientos a golpe de talonario y con contratos llenos de salvaguardias para los nombrados a pesar de la gran crisis que atraviesan los teatros. Lejos, muy lejos, quedan los tiempos de Ghiringhelli o Siciliani, intendentes que dominaban la economía tanto como lo artístico. Gonzalo Alonso

Artículo publicado en La Razón el 13 de octubre de 2019

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El Artículo en La Razón

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