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Por Publicado el: 29/11/2019Categorías: Recomendación

Recomendación: ‘Il Pirata’ en el Real

Un tenor y una soprano. ¿Les parece poco? 

El mejor y más reconfortante caldo en doble taza: tras L´elisir d´amore, cuando todavía no nos hemos repuesto de las delicias playeras del montaje que el Real nos regaló hace nada, caemos de bruces sobre otra ópera que incide todavía con más fuerza y fundamento sobre ese asunto llamado bel canto, y que tanto embelesa a unos y marea a otros. Porque Il pirata, de Bellini, es, en ese sentido, más papista que el propio papa, y por eso quizá no haya sido la pieza más representada de su autor a lo largo de su historia. Está muy bien que se ofrezca ahora, y en buen envoltorio, pues no solo hay que vivir de Mozart, Verdi o Wagner.

Como es de rigor en este género, lo que se nos cuenta, a veces increíble porque no hay por donde explicarlo, a veces increíble porque no se puede  creer que asuntos tan absolutamente nimios generen tanta belleza vocal, es lo de menos. Es muy tremendo que una cosa así pueda suceder en la exposición estética de un arte que se basa en el desarrollo de una idea dramática, pero así fue durante una buena parte de la historia del género, y así sigue siendo para quienes al cabo mandan: unos públicos que continúan volviéndose locos ante los fuegos de artificio de las vocalidades desatadas. Fuegos artificiales admirables, enormemente meritorios, sin la menor duda, pero al cabo fuegos de artificio.  En Il pirata los hay, y de qué manera, y por eso desde el principio hay que alertar sobre ello. Se ha hecho ya desde estas páginas, en una descripción con todo lujo de detalles de cada una de las glorias  vocales concretas de la versión que se estrenará este sábado en el Teatro Real, al frente de las cuales se van a situar dos fenómenos de la Naturaleza: Javier Camarena y Sonya Yoncheva.

Il pirata, pieza primeriza en la corta carrera de su autor (es su tercera ópera), fue estrenada en La Scala milanesa el mismo año que falleció Beethoven. Bellini triunfó, y a partir de ahí decidió cotizarse como compositor de óperas; una al año estaría bien, aunque no cumplió con su objetivo, pues uno más tarde vieron la luz dos y no una: La straniera y Zaira;  la primera tuvo un cierto éxito, la segunda fue un fiasco. En fin, luego, ya en 1931, y también con el circunspecto Felice Romani como libretista, llegarían Norma, su obra maestra, y La sonnambula. Beatrice di Tenda fue la última colaboración de Bellini con Romani, y ya en 1935 estrenó en París I puritani, o lo que es lo mismo, el mayor éxito alcanzado por Bellini en su exigua existencia.

Il pirata es una ópera de corte histórico, que como casi todas las de ese género habla de otras cosas más simples. El romántico Romani recaló en la literatura francesa para buscar un texto sobre el que pudiera escribir algo relacionado con la piratería. Pero desde un punto de vista noble y empático. La elegida fue una adaptación al francés de una obra de éxito de un inglés (los ingleses saben de estas cosas mucho), Charles Robert Maturin. Para su libreto Romani transformó el tema original suavizándolo hasta convertirlo en una historia de amor, evitando cadáveres escabrosos  sobre la escena y añadiendo a la soprano la correspondiente  ‘escena de la locura’. Bellini, así,  se encontró con dos personajes centrales casi únicos (hay también un barítono que pasaba por allí; Bellini no es Verdi, que nunca hizo nada parecido con sus barítonos), a los que no le costaría dar vida melódica marca de la casa, y ‘caña’ canora no menos típica en su manera de ver la ópera. Il pirata será una mejor o peor ópera, pero resultó ser una ópera genuinamente belliniana; tiene todos los defectos que Bellini desplegó a lo largo de su carrera (entre los que el menos desdeñable es su pobreza musical), pero es al mismo tiempo un paradigma, un inicio, una declaración de principios sobre un modelo que podrá ser todo lo discutible que se quiera desde el punto de vista dramático, pero que goza de una personalidad que el gran público ha acabado aceptando como virtuosa. La pieza estuvo mucho tiempo olvidada, pues nadie en mucho tiempo fue capaz de sacar a la luz sus virtudes. Pasó de gran éxito al principio a ser enterrada después, redescubierta luego, otra vez extraviada para los teatros, hasta que ya hoy de nuevo parece que el mundo de la ópera está dispuesto a darle más oportunidades. Estos vaivenes son producto, seguramente, de la falta de aceptación de lo que realmente es: una pieza de museo escrita para un tenor lírico-ligero de cósmicos vuelos y una soprano dramática de coloratura de ensueño, que se tienen que ocupar de partes con inhumanos ornamentos y notas agudas imposibles. Il pirata viene a ser solo eso. Pero la pregunta siguiente sería: ¿es que eso no es muchísimo para una gran parte de los aficionados al género? ¿Incluso para el propio género?  Que cada uno conteste como sepa, pueda o quiera.  Pedro González Mira

BELLINI: Il pirata. George Petean/Simone Pioazzola/Vladimir Stoyanov, Sonya Yoncheva/Yolanda Aunet/Davinia Rodríguez, Javier Camarena/Celso Albelo, Dmitry Korchak. Coro y Orquesta del Teatro Real. Director musical: Maurizio Benini. Dirección de escena: Emilio Sagi. Teatro Real. 30 de noviembre.  1, 3 y 4 de diciembre. 20.00 (excepto domingo: 18.00). Resto de funciones: 6, 7, 9, 12, 14, 15, 16, 17, 18 y 20 de diciembre. Entre 99 y 389 €. (día 30); entre 71 y 229 (resto)  

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