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Por Publicado el: 06/05/2018Categorías: Sin categoría

Ópera, ¿en vivo o en cine?

Ópera, ¿en vivo o en cine?

La pregunta tiene más miga de lo que parece. En menos de un mes se ha podido disfrutar en las pantallas de todo el mundo del “Macbeth” verdiano desde el Covent Garden con Anna Netrebko y Pappano, de la “Luisa Miller” del mismo autor con Sonya Yoncheva, Piotr Beczala y Plácido Domingo desde el Met, de un documental sobre el traslado de ese teatro desde la calle 39 al Lincoln Center, de “Cendrillon” de Massenet en ese mismo lugar y, el próximo viernes, se proyectará el documental “Callas by Callas”… Cinco espectáculos a precios bien diferentes de los vigentes en nuestros principales teatros. Una anécdota alumbrará la miga a la que hacía referencia al inicio.

Un familiar quiso viajar a Nueva York para ver la citada “Luisa Miller” y algún otro espectáculo en la ciudad de los rascacielos, pasearse por la Trump Tower, Tiffany’s y la tienda de Apple y tomarse un té en el vecino Plaza. Pues bien, el avión de Air France salió con dos horas de retraso y, como este familiar es muy legal, se presentó en la T2 tres horas antes, por lo que tuvo que pasearse por la terminal durante cinco horas. Luego el vuelo de ocho horas y media en turista, aunque con la suerte de salida de emergencia, por unos 500€. A la llegada, nada más y nada menos, dos horas y media en cola para pasar inmigración debido a un atasco monumental. Luego otra hora y media en taxi hasta su hotel, cerca de Times Square. Resumen: 600€ de transporte –hotel al margen- y diecisiete horas y media de viaje para llegar agotado y maldiciendo.

Yo, al inicio de la representación verdiana desde una sala de Plenilunio, muy cerca de aquella T2, saqué una foto a la pantalla -la misma que ven arriba- y, en un whatsapp, le escribí: “Viendo lo mismo, pero mejor, tras veinte minutos de viaje y 20€”. ¿Por qué mejor? Porque el asiento era mucho más cómodo que el del Met; porque veía también primeros planos y cómo se cambiaban las escenas, lo que es imposible de ver en el teatro y porque amenizaban el descanso con entrevistas a los protagonistas. Habrá a quien todo esto no le compense el sonido real, pero a algunos ya no nos compensa desplazarnos a muchos espectáculos in situ. El abono a las transmisiones de las cadenas Yelmo y Cinesa se ha convertido en una clara alternativa al del Real, el Liceo o ABAO, con precios casi prohibitivos. Ello le está pasando factura al Met, con su sala mucho menos nutrida que antaño. Estamos ante un caso parecido al de la prensa en papel e internet. Ésta ha destrozado los ingresos, pero no se puede vivir sin ella.

Para colmo, un amigo me decía: “Iré al Parsifal de Munich porque el reparto, con Kaufmann, Stemme, Gerhager, Pape y Petrenko, es único y entrada, hotel y vuelo me sale por lo que una butaca de estreno del Real sin haber color”. La verdad es que deberíamos replantearnos muchas cosas. Gonzalo Alonso

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