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El Real y el Liceo ante su futuro
Apostar por los jóvenes
Por Publicado el: 19/03/2017Categorías: Artículos de Gonzalo Alonso

Real y Liceo I, juntos que no revueltos

Real y Liceo I, juntos que no revueltos

Los dos teatros punteros de nuestro país reunirán sus respectivos patronatos en sesión conjunta en el primero de ellos el próximo viernes 24. El 10 de diciembre de 2008 ambos se reunieron en Barcelona. Tuve ocasión, como entonces miembro del patronato del Real, de dirigir unas palabras con mi especial agradecimiento a personas como Josép Vilarasau y Alfredo Sainz, dos personas de la Caixa y el Santander, a las que sus teatros deben mucho por cuanto ellos iniciaron con gran éxito el camino a la fundamental incorporación de la sociedad civil a la financiación de esas instituciones. Hasta entonces habían pasado muchas cosas y aún más habrían de pasar –algunas inimaginables- en años venideros. Valga como ejemplo la larga lista de ministros de cultura que hasta entonces habían encabezado el patronato del Real o su constitución desde 1986, nada menos que nueve: Solana, Semprun, Sole Tura, Alborch, Aguirre, Rajoy, Pilar del Castillo, Carmen Calvo, Cesar Antonio Molina. Todavía habían de llegar González-Sinde, Wert y Méndez Vigo. Doce en treinta y un años, decidiendo qué hacer con el Real. El Liceo lo tuvo más fácil durante aquellos años, puesto que hubo una mayor unanimidad en el apoyo institucional al teatro y el incendio de 2014 creó un gran movimiento civil de solidaridad. Como no hay mal que por bien no venga, gracias a él fue posible la ampliación de sus instalaciones y la renovación de sus obsoletas estructuras.

Es a partir de 2007 cuando ambas instituciones emprenden caminos diferentes. Gregorio Marañón fue nombrado presidente del Real, tras rechazar la Real Fábrica de Tapices y el Ministerio de Cultura le cedió el protagonismo y la gestión. Se acabaron las interferencias políticas. Como en toda gestión hubo luces y sombras. El nombramiento de Mortier por carambola aumentó internacionalmente el nombre del teatro al tiempo que se vaciaban sus bien provistas arcas con los ahorros de los años previos. Marañón supo después enmendar la situación con un muy acertado programa de patrocinios, gracias al cual pudieron superarse los años de crisis y lograr que las instituciones públicas redujeran su aportación a un 27%. El Real tiene un peso internacional en el que a veces se olvida reconocer la parte correspondiente a Cambreleg, García Navarro, Emilio Sagi y Antonio Moral, porque todo no se debe a Mortier y Matabosch.

Lamentablemente el Real tiene un problema prácticamente insoluble, como es su reducido aforo, lo que se traduce en precios más elevados de lo que corresponde a su actual programación en comparación con otros teatros europeos y, por tanto, a un tipo de segmentación social en su público. Es difícil saber cuanto tiempo resistirá el modelo, pero existe alguna solución para cuando haya de cambiarse.

Mientras el Real ha ido retomando público, el Liceo lo ha ido perdiendo. Que el público se aleje de un teatro obedece a diferentes causas: una menor renta disponible para costear sus entradas, una programación discutible en títulos, puestas en escena y artistas, una menor promoción en los medios y, también, la existencia de otras alternativas. Algo de todo ello sucedió en el Liceo en los últimos años. El Liceo sufrió la crisis y hubo que realizar aportaciones económicas adicionales tras un ERE y un cierre temporal. A Juan Francisco Marco le sucedió Roger Guasch y a Joaquín Molins Salvador Alemany en un claro intento de copiar la fórmula Marañón madrileña.

El modelo madrileño se ha dejado sentir en Barcelona hasta en el “invento” de los aniversarios. Lo entrecomillo porque realmente no existen aniversarios que celebrar, aunque Marañón y ahora Alemany hayan recurrido a ellos para conseguir desgravaciones fiscales en los patrocinios gracias a su incorporación en los Presupuestos Generales del Estado como “acontecimiento de excepcional interés público”. Los 20 años de la reapertura del Liceo –07/10/1999- y el bicentenario de la creación de la Sociedad de Accionistas -1837- son aún una mayor fábula que los 20 de la reapertura del Real -11/10/1997- o su cacareado bicentenario –primera piedra el 23/04/1818, pero inicio de obras en 1830- pero a teatros y gobiernos les ha venido bien este invento. Todo por la ópera. Gonzalo Alonso

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