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Por Publicado el: 08/02/2019Categorías: Recomendación

Recomendación: Dos colosos del piano

Maurizio Pollini y Evgeny Kissin

Pollini y Kissin

Dos colosos del piano: Maurizio Pollini y Evgeny Kissin

Uno no sabe bien cómo enfocar el asunto. Pollini y Kissin tal que un lunes y un martes de una misma semana. Pollini y Kissin tocando Chopin y Debussy, y casi lo mismo. Pollini y Kissin, dos leyendas vivientes del teclado, aquí en Madrid, en la misma sala, a horas similares, en ciclos de conciertos tan diferentes como el de Grandes Intérpretes y el de Orquestas y Solistas del Mundo. Es para no creerlo, pero es lo que tiene este lugar nuestro llamado Madrid: aquí puede pasar cualquier cosa, aunque algunas veces no queramos quitarnos la venda de los ojos. Esto, a trancas y barrancas, y gracias a un  trabajo que solo conocen de verdad aquellos que lo sufren en sus cuerpos, funciona. Enhorabuena por adelantado. La ola de luz y talento que estos dos días va a invadir la Sala sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid (en esto parece que el adjetivo ´nacional´ se lo ganó ya hace décadas esta maravillosa ciudad) va a ser de tal magnitud, que hasta en el caso de catástrofe manifiesta (qué se yo, que a Pollini se le caiga un dedo o que se le hayan ya oxidado los otros, o que Kissin entre al escenario con el pie cambiado), podremos considerarnos como unos auténticos privilegiados, o, si se prefiere, una legión de pequeñitos seres escuchantes en un acto de disfrute colectivo.

¿Es para tanto, se preguntarán algunos? Lo es; sin ninguna duda. Lo es para cualquier aficionado que lleve años en esto o que se haya apuntado anteayer. Pollini  acaba de cumplir 77 años, lleva unos cuantos explicando lo que hay que hacer y lo que es conveniente no querer hacer con el piano de unos cuantos señores. Señores como Mozart, Beethoven, Schubert, Chopin, Schumann, etc. Pero también Schoenberg o Webern. O Stockhausen, Nono o Boulez. Se ha paseado como un rey por los repertorios más celebrados desde Bach a Debussy, pasando por los clásicos, por Brahms… Y siempre con una coherencia tan de granito y cristal a la par que ha vuelto locos a muchos y decepcionado a otros. Por su finura intelectual, serenidad objetiva, capacidad expositiva y eso que muchos llaman objetividad y que a mí me parece una entelequia, a los más acalorados emocionalmente suele resultarles frío, y para los más fríos, la perfección del pensamiento musical. Da igual donde estar, si entre los más mediterráneos o los de más arriba; lo importante es que los mensajes sean coherentes. Y los que durante toda  su vida ha lanzado Pollini no lo han podido ser más. Ha querido un Beethoven cerebral, perfecto, casi recitado, y eso es lo que ha entregado. Ha querido un Schubert aristoso y antipático, y ahí están sus grabaciones para que lo estudiemos; o un Chopin volcánico, y nos ha regalado las Polonesas más salvajes de la historia del disco. Maurizio Pollini ha sido (y mis mejores deseos de que le queden fuerzas para seguir en ello) todo fundamento, un adalid del pensamiento musical. Un digno alumno de su profesor, el irrepetible Arturo Benedetti-Michelangeli.

Ya se estarán imaginando lo que les voy a decir; que Kissin es todo lo contrario. Pues no estoy muy seguro. Desde luego el temperamento es otro, porque la manera de afrontar el piano en el inicio fue radicalmente distinto. Si Pollini fue el método, el estudio, el caso de Kissin es el de un señor que a los dos años se sienta delante de un piano y se pone a tocar sin saber bien qué está pasando. Y sí, mucho trabajo, etc., pero lo cierto es que en Kissin hay menos aprendizaje, más intuición y, seguramente, eso que muy ambiguamente suele llamarse genialidad, para tocar el piano y para entender las músicas. O por lo menos es lo que pude percibir la primera vez que le escuché en disco, y, después, en casi todos los conciertos en vivo. Kissin es, para mí, una de las máquinas musicales mejor engrasadas que he conocido, incluso en interpretaciones que me hayan convencido menos. No es un pianista que se regodee en los aspectos técnicos, aunque pueda parecerlo. Es sobre todo, siempre, muy musical, que no quiere decir especialmente cantador; es radical en la elección de dinámicas y desarrollos, pero no da mucha importancia a los efectos plásticos. Explota las indicaciones hasta el límite, pero no le gustan mucho los adornos o los efectos agógicos. En eso es poco clásico, y, salvando la distancia en los volúmenes y el músculo sonoro, resulta objetivo, dentro del estruendo. O sea, un pianista muy infrecuente, porque es moderno y un punto seco, pero arrebatador. Tiene 47 años. Es decir, ya hace bastante tiempo que dejó de ser un genial niño rarito.

El programa de Kissin es, quizá, algo más interesante que el de Pollini. Toca Debussy,  seis de los doce preludios del primer libro y dos del segundo, frente al primer libro completo que hace Pollini. Este completa programa con cinco pesos-pesados de Chopìn: los dos Nocturnos de la Op.62 (¡!), la Polonesa op. 44, la Berceuse, y el Scherzo op.39. Mientras que Kissin, a los antedichos preludios de Debussy también añade Chopin (tres Nocturnos opp.55/1,37/2 y 62/2, este último repetido con Pollini), pero dos obras más de envergadura, la Sonata núm.3 de Schumann y la Núm.4, de Scriabin. Sea como fuere, dos inmensos programas con el morbo de la comparación, un deporte muy querido por el público aficionado pero que seguramente sirve de poco cuando al piano se van a sentar dos colosos de esta magnitud. Quedan pocas entradas para Pollini, y poquísimas para Kissin. Vayan corriendo a comprarlas, y si no preséntense el día del concierto a pescar reventa. Quedan advertidos. Pedro González Mira

Maurizio Pollini, piano. Obras de Chopin y Debusy. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica. Lunes 11, 19.30. Entre 32 y 65 €.

Evgeny Kissin, piano. Obras de Chopin,Schumann, Debussy y Scriabin. Auditorio Nacional de Música, Sala sinfónica. Martes 12, 19.30. Entre 20 y 88 €.

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