José de Nebra conquista a los polacos con un triunfo de Alberto Miguélez
José de Nebra conquista a los polacos con un triunfo de Alberto Miguélez
La clausura del reciente Festival Barroco de Wroclaw, con la zarzuela Vendado es amor a cargo del joven director español Alberto Miguélez Rouco, puso al público en pie para constatar la vigencia y grandeza de José de Nebra más allá de su país. Miguélez, que este mes volverá al CDNM con un oratorio de Scarlatti, ofreció una extraordinaria lectura al frente de un reparto con cantantes como Leonor Bonilla y Alicia Amo.

Alberto Miguélez Rouco
En Nueva York le han propuesto a Elon Musk llevar una de las producciones de las óperas que suele ofrecer el Metropolitan a Marte. Cualquier cosa, por disparatada que parezca, sirve estos días para paliar la falta de público de las grandes casas de ópera, como seguramente piense Timothée Chalamet. Incluso hasta Polonia acaba de llegar estos días la zarzuela, asunto no menos marciano en apariencia, pero que tiene su lógica explicación.
De vacaciones por estos predios ibéricos, al director artístico de la Orquesta Barroca de Wroclaw, entre gamba y tinto de verano, se le ocurrió ponerse a pensar sobre qué música escucharían los españoles en el siglo XVIII. Y navegando por las redes, que pueden resultar tan útiles en ocasiones como los más nobles propósitos de la tripulación, Jaroslaw Thiel fue a dar con José de Nebra, equivalente musical de Lope de Vega.
En Youtube la salió al paso la grabación del concierto de Vendado es amor, una de las obras maestras del compositor bilbilitano, que recientemente ha rescatado el director Alberto Miguélez Rouco. Concretamente se fijó en la aclamada versión que Los Elementos, el conjunto que este joven músico gallego creó cuando aún estudiaba en Basilea, interpretó durante la inauguración del “Universo barroco”, el ciclo estrella del CNDM, en el Auditorio Nacional, no hace tanto.
Thiel tiró de ese hilo entre enigmático y prodigioso, habló con Miguélez y de ahí surgiría la invitación para acudir al festival barroco que Wroclaw, la llamada Venecia de Polonia por sus doce islas, suele acoger durante el mes de marzo, cada año. Esta vez no pudo asistir con Los Elementos: se tuvo que poner al frente, como director, de la propia Orquesta Barroca de esta ciudad polaca, la tercera más grande del país.
“Una experiencia fantástica, porque además me permitió trabajar con más músicos, hasta treinta, todos ellos implicadísimos y muy sorprendidos de descubrir a Nebra, lo que me permitió ofrecer un sonido más ampuloso”, comenta. El tipo de condiciones ideales que no siempre se logran en España. “Aquí, cuando te piden que hagas algo de música española histórica te ofrecen unos presupuestos inaceptables, que te arregles con un par de violines y un violonchelo, y así es muy complicado, por no decir imposible, que estas obras florezcan como es debido”.
A cambio de dirigirlos, le dejaron que escogiera a los cantantes, y así Miguélez pudo darse el lujo de contar con los más idóneos, según su personal criterio, de quienes ya habían interpretado Vendado es amor las seis veces que, anteriormente, ya se había ofrecido bajo su dirección, de Basilea a La Coruña. Entre estos, ahora pudo darse el capricho de juntar a algunas de sus voces favoritas, como las de las estupendas Leonor Bonilla, Alicia Amo, Judith Subirana y Natalia Pérez.
El director, que también ha rescatado en tiempos recientes Donde hay violencia no hay culpa y Venus y Adonis, del mismo autor, comprende la sorpresa de su colega, Thiel, al encontrarse con este compositor, “porque en España prácticamente tenemos un agujero en el repertorio que va desde Guerrero o Victoria hasta Falla”. Y apostilla: “Seguimos sin darnos cuenta de la riqueza durmiente que reposa en las partituras de autores como José de Nebra, casi olvidados, pese a su modernidad”.

Alberto Miguélez, en el medio, con parte del equipo artístico, en Wroclaw
“Cuando aquí se seguía acudiendo a las obras líricas de compositores italianos, con su esquema rígido de recitativos y arias, teníamos a un Nebra que, como en esta obra, a mediados del XVIII, proponía ya variadas escenas de conjunto: dúos, tríos y hasta un cuarteto, antes de que lo hiciera el propio Mozart”, sostiene Miguélez, que este verano será el encargado de dirigir la final del concurso de canto del prestigioso Festival de Innsbruck. Hasta allí regresará con Los Elementos, en 2027, para ofrecer Adriano en Siria de Pergolesi.
La capital de la Baja Silesia reservó Vendado es amor, con libreto de José de Cañizares, estrenada en el madrileño Teatro De la Cruz, el 2 de agosto de 1744, para la clausura de su festival. La función del dos de marzo constituyó un éxito apoteósico.
El público, que siguió con particular alborozo las divertidas escenas entre los personajes cómicos, acabó de pie, rendido a las probadas excelencias de una partitura seductora, pródiga en números atractivos, de muy logrados contrastes, que entremezcla perfectamente las formas y el sentido de la ópera italiana con hallazgos plenamente españoles, como la tonadilla.
Algunos de estos nunca fallan con su impulso arrollador, como su conocido Fandango, que los músicos polacos, bajo el impulso contagioso de Miguélez, un “hooligan” desencadenado cuando se trata de servirlos, interpretaron de la misma manera que si sintieran en sus carnes las sensuales polonesas contenidas en Halka, la gran ópera nacional de Stanislaw Moniuszko.
El año próximo Miguélez quiere grabar un nuevo disco de Nebra, después de los éxitos que ha obtenido con los anteriores, como Venus y Adonis, que incluso le valieron los elogios unánimes de la más exigente crítica alemana reunida en la Deustchen Schallplatten Kritik. Pero mientras, el 29 de este mismo mes, regresará al Auditorio Nacional de la mano del CNDM, con una inmediata siguiente parada en el sevillano Espacio Turina.
En ambos lugares lo hará, esta vez, con La Colpa, Il Pentimento, la Grazia, de Alessandro Scarlatti, también conocido como el Oratorio per la Passione (1708), vinculado a la Semana Santa. Su libreto se debe al cardenal Pietro Ottoboni, aquel que con su pasión musical mandó a construir un teatro dentro de la Cancillería de Roma que se convertiría en uno de los principales centros musicales de esa ciudad.
Ahora Alberto Miguélez, que también posee una bien educada voz de contratenor (en unas semanas participará en una producción de esa joya monteverdiana que es El regreso de Ulises a la patria), no cantará a las órdenes de algunos de sus reconocidos maestros, como Renè Jacobs o William Christie. Será una antigua profesora suya, la gran dama del canto Sara Mingardo, quien se pliegue a su gesto de director. Desde luego, no conviene perdérselo.





















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